martes, 17 de octubre de 2017

El bando de las banderas

Tenemos un alcalde por accidente. Los ciudadanos ni le votamos ni le elegimos. En eso se parece al Rey de España. En eso y en haber desperdiciado la oportunidad que les brindaba la actualidad para desempeñar el papel de garantes de la convivencia. El Rey, probablemente porque no pudo o no le dejaron; el alcalde, probablemente porque no ha querido. 
Márquez ha optado por echar gasolina al fuego y ha emitido un bando propio de aquella España rancia que hoy reviven con indisimulado fervor algunos, incluso otros que durante años han esgrimido condición de demócratas y ahora se despojan de la máscara. 
Anima el alcalde a los jiennenses “a que engalanen sus balcones y ventanas con la bandera de España, como símbolo de la unidad que a todos nos representa, y que señala como nación soberana, democrática, plural e indivisible” (leer entonando con el estilo del NO-DO); a sabiendas de que por desgracia hoy la bandera no es símbolo de unidad, más bien lo contrario, porque los radicales se apoderaron de ella renunciando a esa unidad y prostituyéndola para convertirla en seña de identidad de ese pasado de ‘una, grande y libre’. Los demócratas no hemos sido capaces de revertir ese uso y el huevo de la serpiente sigue anidando en lo más profundo de una parte de esta sociedad, como de sobra saben el alcalde y sus acólitos. 
Afirma el ubetense Antonio Muñoz Molina que hay que “defender la cordura” y eso no se logra “esgrimiendo banderas en apariencia hostiles entre sí pero idénticas en su utilidad como armas arrojadizas”. 
Eso debería ser evidente hasta para el alcalde. ¿Qué le gustan las banderas?, pues coja la de la esperanza, la de la convivencia, la de un proyecto de ciudad..., la del futuro. Pero no, elige otra y esa no es una elección casual ni inocente, opta por ella de manera intencionada para ponerla una vez más al servicio de unos intereses determinados, que curiosamente siempre se inclinan hacia el mismo lado. 
Añade Muñoz Molina que “estamos a merced de la estupidez, del fanatismo, de la ceguera, del desbordamiento del odio, de las consecuencias imprevisibles y casi siempre desastrosas de la frivolidad”. 
Quería banderas en las calles. Ahí las tiene, señor alcalde; vaya a la plaza de las Palmeras y las verá portadas por neonazis. Los animadores de la Fiesta Nacional. Profetas de la unidad y apóstoles de la paz.

Mi artículo para SER Jaén, "La Colmena", del 12 de octubre de 2017.

lunes, 16 de octubre de 2017

Aquel tiempo

Aún se oye la voz en la calle, alejándose para perderse al doblar la esquina y ofertando sonrisas de esas que alegran el día; de esas que llenan la cara y se brindan al paseante con el que se cruzan los pasos. 
También anuncia un resto de sueños que ni se rompen ni se cumplen, pero se sueñan; una mirada limpia, a medio camino entre el suelo y las estrellas, y una retahíla de palabras que necesitan ser pronunciadas y escuchadas para tener utilidad. 
Como un buhonero anda y desanda las calles pregonando su mercancía. Sin fe pero sin perder la esperanza. 
Mira con la curiosidad de un niño y el conocimiento que dan los años, también con el desencanto que le trajo ese mismo tiempo. Ya no le sorprenden ni le asustan las puertas al cerrarse, ni las cortinas ocultando las siluetas en las ventanas. 
Tampoco le intimidan los pasos acelerados a su espalda, ni los rostros hoscos que contempla al avanzar. 
De vez en cuando mete una mano en su bolsillo y acaricia las tapas gastadas de un libro que guarda una historia cuyo recuerdo se desliza entre sus dedos como la arena en un reloj. Es de aquel mismo tiempo que ya pasó. 
No tiene prisa y el rumbo de sus pasos carece de importancia porque ya nadie le espera. Sin embargo, siempre encuentra la ocasión para detenerse en ese lugar desde donde se escuchan las palabras musicalizadas de aquel poeta que tornó en cantante para volver a ser poeta. 
Quizás…, pero ya no importa. Suena tan lejano y tan vacío ahora un quizás. Como hilo extraviado imposible de recuperar y por tanto, incapaz de enhebrar la aguja; ni siquiera la de la memoria. Aquella a la que a pesar de todo nunca ha renunciado, por no habitar la tierra del olvido, por no admitir la derrota o simplemente porque era la única opción para sobrevivir. 
Los rostros, los nombres, las direcciones y las fechas están ahí. Al menos una gran parte de ellos, pero eso ya también carece de importancia. Pertenecen a aquel mismo tiempo. 
Sin apenas darse cuenta, gastando las suelas de los zapatos, desemboca en una de las calles principales. Al pasar junto a un establecimiento se ve reflejado en el escaparate. Y ahí no hay engaño posible, porque se reconoce en este tiempo. 
Lo que daría por poder adquirir su propia mercancía.

jueves, 12 de octubre de 2017

La independencia

Los catalanes no nos odian. Ni nosotros odiamos a los catalanes. Lo que ocurre es que entre medias están los gobernantes, los malos gobernantes, y los cafres, que son pocos en relación al resto pero hacen mucho ruido.
Y ahí siempre hay sitio para los oportunistas. Pero no se asusten, eso se cura leyendo, viajando y utilizando la cabeza para pensar en lugar de para embestir. Y por supuesto, anteponiendo lo que nos une a lo que nos separa. 
Decía el humorista Gila que “el patriotismo es un invento de las clases poderosas” (“para que las clases económicamente inferiores defiendan los intereses de los poderosos para mantener su riqueza y, al mismo tiempo, convencer a la gente normal para que defienda los privilegios de los poderosos”) y el cineasta Oliver Stone que "nacionalismo y patriotismo son dos de las fuerzas más maléficas que hemos conocido en este siglo" (“causando más muertes y guerras y destruyendo al espíritu y muchas vidas humanas de manera más masiva que cualquier otra cosa”). 
A nosotros se nos han juntado el hambre con las ganas de comer, el nacionalismo centrífugo y el centrípeto y los patriotas de boquilla y pecho lata. Y algunos asistimos perplejos a esta guerra de banderas y de falta de valores. El relato, simplificando, ya lo conocen, se incumple la ley para montar un referéndum y la respuesta es el envío innecesario de las fuerzas de seguridad del Estado para ponerlas a los pies de los caballos. Los golpes reales y metafóricos sustituyen a las palabras y el resultado es la fractura social y el resurgir de un fascismo larvado. 
No espero que Rajoy, Puigdemont y Junqueras viren el rumbo o dimitan. En realidad no les importan España ni Cataluña, la situación que han creado les viene bien para sus intereses electorales y que no se hable de su pésima gestión y de la corrupción en sus partidos. 
Lo que cuesta entender es la falta de reflejos de partidos como el PSOE y en particular, su comportamiento en el Parlamento andaluz, votando junto al PP y Ciudadanos una moción de respaldo a Rajoy que los socialistas habían rechazado en el Congreso de los Diputados. 
Desde que fracasó en las primarias de su partido, Susana Díaz es un cadáver político de Despeñaperros para arriba. Ni está, ni la esperan, ni ya se habla de ella. 
La independencia es algo absurdo cuando se apuesta por Europa y su reconstrucción tras la crisis provocada por el “brexit” y desde la convicción de que España y Cataluña tienen encaje en un Estado federal. 
Pero en otro ámbito y desde una perspectiva provincial es defendible; alguien debería plantearse en el PSOE de Jaén la vuelta a los orígenes frente a Díaz e independizarse para no ser arrastrado en la caída. 
Recuerdan aquello de Borrell de matar al padre…

Artículo emitido en SER Úbeda, el 11 de septiembre de 2017.

jueves, 5 de octubre de 2017

Casa Leto

Hay garitos que de una forma u otra haces tuyos. Simplemente porque estás a gusto en ellos. Porque son como un oasis en medio de la urbe. Lugares en los que nunca te sientes extraño, en los que te fundes con los parroquianos como uno más para formar parte de un paisaje cotidiano. Y a los que vuelves, porque actúan como un ancla que te fijan momentáneamente a ellos.
No recuerdo bien la primera vez que entré a Casa Leto, tampoco si era verano o invierno. No he olvidado que entré a tomar un vermut y que repetí; y desde aquel día se convirtió en uno de esos lugares. 
Y vuelvo. Siempre que voy a Barcelona, vuelvo. Y aunque hayan transcurrido meses desde mi última visita, experimento ese “decíamos ayer”, de Fray Luis León, la relatividad del tiempo, su vaguedad. 
Franqueo la puerta, busco con la mirada un barril libre y un taburete para encaramarme a él, dejo el periódico, los móviles y las gafas y me acerco a la barra a pedirle a David o a su chica un vermut. De hecho a ella no necesito ya pedírselo, nada más verme entrar ya me pregunta risueña, ¿un vermut? 
Y ahí, en Casa Leto, el vermut se convirtió este verano en mi particular océano, atrapado en los muros de cristal del vaso, con su iceberg y una aceituna demandando ser rescatada. Un divertimento que me tuvo entretenido un par de semanas a la par que bebía vermut y que sin saberlo también causaba diversión a un buen puñado de amigos que seguían el relato de mis expediciones de salvamento por Facebook. 
Es cierto que en Casa Leto suena más la rumba que el rock, pero ‘nadie es perfecto’, como le decía Osgood Fielding III (Joe E. Brown) a Jack Lemmon en “Con faldas y a lo loco”. Y tanto, el que se iba con Marilyn Monroe era Tony Curtis. Y además, si por ejemplo en Casa Leto sonaran los 091, tendría que quedarme allí y estaría salvando aceitunas del mar de vermut como si fuera un héroe; dipsómano, of course. 
Ignoro cuánto tiempo tardaré en volver, pero sé que eso no es importante. Porque al franquear la puerta sabré que me espera un vermut, caras conocidas, la rumba y uno de esos garitos que he hecho mío sin importarme en que ciudad se halle. Estaré de nuevo en Horta en Casa Leto, un imprescindible.

lunes, 2 de octubre de 2017

Bárbaros del Sur

Somos un pueblo sanguinario. Los bárbaros del Sur. Seguimos embistiendo, Don Antonio; no hemos aprendido nada. 
Queremos la sangre del otro. Disfrutamos con su apaleamiento. Y lo justificamos. La semilla del odio continúa germinando y no falta quien desde la consciencia o la inconsciencia la riegue. 
Incubamos aún el huevo de la serpiente, larvado en falsos demócratas que no pierden ocasión de mostrarnos aquello tan terrible que un día fuimos y por lo que sienten nostalgia. 
“...vieja y tahúr, zaragatera y triste; esa España inferior que ora y embiste”. 
El odio anida en los corazones no solo de aquellos que fueron, también de sus herederos. Los oligarcas se frotan las manos y mueven los hilos porque nunca faltarán voluntarios descerebrados para el papel de marionetas. 
No solo hemos fracasado en la extirpación de ese mal, además no hemos sido capaces de vacunar a las nuevas generaciones contra ese virus perverso. 
El nacionalismo centrífugo y centrípeto genera y aviva el odio entre los territorios y sus habitantes agitando banderas y reclamando fronteras en nombre de una entelequia denominada país. 
La sinrazón, Don Miguel. Siguen sin convencer y ya ni siquiera vencen. El acento se hurta a lo que une para acentuar la desunión. 
Siento tristeza y una profunda repugnancia. Y deseo que lo que pueda haber en mi interior de ese germen no aflore nunca, que haya sido expulsado o se haya disuelto sin salpicar a nadie. Espero que los libros y la vida me den la pausa, el conocimiento y la tolerancia que alimentan la reflexión. 
Es tarde. Aunque quiera pensar que no lo es. Se impone el debate hueco. Y entre la ley y el derecho se alzan los golpes frente a las palabras. 
Retrocedemos en el tiempo. De nuevo todo es gris. Las mentes se escarchan. 


Viñeta de El Roto, publicada en "El País, el lunes 2 de octubre de 2017.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Un deseo llamado tranvía

He procurado hablar y escribir poco, muy poco, del tranvía de Jaén. Entre otras cosas me pasa como ahora con el tema de Cataluña, observo que casi todo el mundo opina y la mayoría lo hace desde el desconocimiento y no sé muy bien con qué intención. 
Algunos añaden a ese desconocimiento su identificación con una determinada ideología o con el planteamiento sobre el tema de un partido político en concreto. El resultado es el mismo, restar en lugar de sumar. 
Ahora con la puesta en marcha del metro de Granada el tranvía de Jaén vuelve a ser un tema recurrente. No voy a contarles lo que se dice en la calle, porque supongo que para muchos de ustedes no es desconocido e incluso alguno de ustedes habrá protagonizado alguna conversación sobre el particular. 
Pero sí me ha llamado la atención algo y es la creencia por parte de algunos jiennenses, ignoro si muchos o pocos, de que tendremos el tranvía funcionando para 2018 y que va a ser utilizado (de nuevo, digo yo) como baza para obtener votos en las próximas elecciones municipales. 
¿Y por qué partido?, me pregunto. No me sorprende el descaro de nuestros gobernantes y su facilidad para colgarse medallas, en especial por logros en los que no han tenido nada que ver, o para responsabilizar a otros de lo no logrado, incluso de sus propios incumplimientos. 
¿Qué nos van a contar a estas alturas del tranvía? A mí salvo su puesta en marcha, poco o nada me interesa ya. No voy a volver sobre obviedades como lo deficitario del transporte público, ya sea autobús o tranvía; sobre el monto de la inversión; sobre la falta de consenso para tomar decisiones en la ciudad y la apuesta por la imposición frente al diálogo, ya sea en el propio grupo municipal de gobierno o con el resto de grupos de la oposición; tampoco voy a hablar de la empresa Castillo y ese trato “amigo” que le da el Ayuntamiento desde hace décadas. 
El pasado está ahí. Conviene no perderlo de vista, sobre todo para construir el relato de lo acontecido. Pero interesa más el presente y particularmente, mirar al futuro. No es que tenga yo en gran consideración a los políticos municipales de Granada o Sevilla frente a los de Jaén, pero es evidente que en esta ciudades durante los últimos años y con distintos partidos gobernando se presentan proyectos, se aprueban y se realizan. Probablemente porque tienen un modelo de ciudad, mientras que en Jaén la moneda de cambio es el bloqueo y el retraso de los proyectos. 
Muchos ciudadanos tienen un deseo llamado tranvía; un anhelo de mejores infraestructuras, de futuro. Y otros tienen un presente que siempre es letargo. 
La solución no es que el aeropuerto de Granada sea el de Jaén y que los jiennenses que quieran montar en tranvía lo hagan en el metro en superficie granadino. 
Aquí no ha descarrilado un tranvía, se han estrellado una forma de hacer política y unos políticos que con su irresponsabilidad y nuestro voto no solo arrebatan el presente a la ciudad, también hipotecan su futuro.

Artículo emitido en SER Jaén, "La Colmena", el 28 de septiembre de 2017.

martes, 26 de septiembre de 2017

Los días felices

Todavía sueña con los días felices. Recuerda la aguja recorriendo el vinilo y el sonido cercano de la voz del lejano Lou. Recuerda cuando al abrir la ventana los sueños volaban pero no llegaban a escapar. Y cuando no importaba el cuándo, el cómo o el porqué y el dónde era lo de menos. 
El sueño se tiñe de nostalgia. Y los recuerdos están tan manoseados y borrosos que no son más que la trampa en la que caer y volver a caer. 
Cree estar viendo aquel hilo de humo ascender acompañando la música de Bob, en aquella época que era Bob y no nos podía defraudar. Siente deslizarse en la garganta aquellos tragos largos como un preámbulo de los que vendrían después. Y contempla la habitación poblada con aquellos rostros que hoy no son más que vagos esbozos de quienes un día fueron y ahora no son. 
Suena la tercera de la cara B. Como le gustaba oír a Joe y su banda. Todavía los escucha, incluso ahora cuando Joe hace tiempo que se marchó. 
En su sueño hay chicas de porcelana y cintura de serpiente que ríen tras la última calada a un cigarro. Alguien abre el último número de Star. Las piernas dibujan un círculo en el suelo. Y fuera, en la terraza, se oyen las voces de la que será una última discusión que siempre acaba igual. 
De pronto suena el teléfono. Y es como si se parara el tiempo. Nunca podrá olvidar su cara. La música enmudece. Y ahora el único hilo que asciende en el aire es su voz. 
No podía ser, pero fue. El coche dio dos vueltas antes del impacto. No hubo supervivientes. 
Hoy solo quiere sentir uno de aquellos tragos deslizarse por la garganta, fumar un cigarro y volver a aquella habitación donde suena la música. 
Sueña con días felices. Con la convicción de que existieron alguna vez.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Las líneas de la mano

Dicen que al doblar la esquina hay una sonrisa perdida de esas que te rompen el corazón. Que hay quien cree todavía que el amor se regala y no es objeto de venta. Y quien afirma que para viajar al cielo no es necesario pagar billete. 
Cuentan que algunos pierden sus propios pasos en el laberinto, presos de la inconsciencia de no aceptar que ya andaban perdidos tiempo atrás. 
Dicen y cuentan tantas cosas que se tiende a no discernir lo real de lo ficticio o lo ficticio de lo real. Así se alimentan creencias y leyendas. Y se abona el engaño en una partida de naipes marcados en la que sin embargo el trío siempre será más que la pareja o la doble pareja. En la que las cartas marcadas, el gesto impasible y el control de las pulsaciones forman parte de un artificio que no garantiza el triunfo. 
La dama de corazones solo gana al rey en las páginas de Alicia en el País de las Maravillas. Una jota está condenada a valer menos que nada y ni siquiera el as de trébol puede voltear el azar. 
Eso no impide que el territorio del crédulo se extienda y que donde se pierde la vista vea el principio cuando probablemente no sea más que el fin. 
La línea del horizonte no puede confundirse con las de la mano. Una es presente y las otras nunca dibujarán el futuro. Aunque es cierto que para atraparlas basta con cerrar los ojos y apretar el puño, a sabiendas de que al abrirlo no puedes dejarlas escapar. Ningunas son un camino de huida, ni siquiera de esperanza. Pero hay quien es capaz de practicar el funambulismo sobre ellas y no solo para mantenerse erguido sino para avanzar, consciente de que al final de la línea puede esperar un abismo.
Y vuelta a empezar. El abismo tiene forma de puerta que al franquearse te conduce al laberinto. Aquel en el que perdiste los pasos propios. 
Levantas la vista para buscar la línea del horizonte y solo logras ver las líneas de la mano. Otro camino para perderse. Otra esquina a doblar. Lo ficticio o lo real. Un futuro incierto.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Entre el Déjà Vu y el espejismo

Cantaba Joaquín Sabina con Chavela Vargas que “el fin del mundo te pille bailando”. No es el fin del mundo, tan solo el fin del verano. Y no, ni uno ni otro nos pillan bailando en Jaén. Pasamos en unos días de ser una ciudad muerta a continuar siendo esa ciudad dormida, cómoda en su letargo. 
Pero ya saben, el verano es tiempo de descanso, incluso para algunos de reflexión, y hasta nuestros gobernantes vuelven con las pilas cargadas. Retornan como si hubieran encontrado una fórmula mágica capaz de sacar a la ciudad de su sempiterna modorra y como si hubieran bebido de la fuente que les dotara del conocimiento para gestionar. 
Es un espejismo. Se produce cada año en los primeros días de septiembre. Regresan como si quisieran solucionar los problemas de esta ciudad, hasta los creados por ellos; como si supieran solucionarlos. 
Anuncian a bombo y platillo el desbloqueo del Museo Íbero, el inicio de las obras en la calle Cataluña, los avances de uno de los futuribles centros comerciales y hasta que la Junta suavizará la norma para que la música vuelva a sonar en el interior de los garitos de Jaén. Vamos, que si se descuidan nos dan fecha para la puesta en marcha del tranvía y la apertura de la iglesia de Santo Domingo. ¿Por qué ahora sí, antes no y mañana puede? 
Ante tanto ruido y con tantos altavoces corremos el riesgo de dejarnos atrapar por el espejismo y abrazar la fe de los crédulos. Lo malo es que cuando se disipe el espejismo comprobaremos que seguimos en el mismo páramo. Nos golpearemos con la realidad, pero no se preocupen ni se hagan ilusiones; se les pasará pronto. A ellos y a nosotros. 
Y volveremos a la anormalidad, que es nuestra normalidad: los proyectos paralizados, las riñas de gatos, la ineficacia como testigo, la semilla de la desesperanza y la desafección, el desprecio a la cultura, el triunfo de la idiotez y el ascenso de los vivos. 
Entre lo merecido y lo desmerecido hay más de espejismos, cantos de sirena o cuentos chinos que de un futuro tangible para la ciudad. ¿Hasta cuándo podemos aguantar así? Lo ignoro, dicen que la capacidad de sufrimiento de algunas especies no es cuantificable. 
Pero alégrense, hoy comienza el Alligator Rockin' Festival. Cuatro días de rock en la ciudad del lagarto. Y aunque hay quien cree que esta música tiene algo de infernal y aunque admitamos que el diablo puede enredarse en las cuerdas de una guitarra, el rock es de lo poco en lo que todavía hoy se puede creer. 
Live rock.

Artículo emitido en SER Jaén, "La Colmena", el 14 de septiembre de 2017.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

El contralibro

Leo que una reconocible periodista ha publicado su quinta novela. Y me quedo un poco perplejo. Ignoraba que escribía y como es evidente no he leído una sola de sus criaturas. Ignoro cuál es el criterio para publicar a algunos autores en este país, pero imagino que el apellido ayuda; cuando además quien lo portaba primero es también reconocible y durante años ha escrito al servicio y supongo que en cierta medida al dictado de algunas empresas de este país, incluidos esos grandes almacenes de conocimiento general. 
No voy a retomar esa manoseada relación del periodismo y la literatura, más que nada para no ofender a tipos como Mark Twain o Ernest Hemingway o a algunos más cercanos como Manuel Vázquez Montalbán o Javier Valenzuela, pero es constatable el elevado número de periodistas que en los últimos tiempos publican, y de forma reincidente, con escaso, digamos, acierto. 
Al hilo de ello pensaba que igual lo lógico sería escribir el contralibro; habría que definirlo previamente, claro. Pero no, la clave sigue siendo la misma, una buena elección tanto del autor como de la obra. Da igual que se editen o reediten muchos o pocos libros, estos o aquellos autores, lo importante es saber lo que uno quiere leer y hasta donde está dispuesto a arriesgarse. 
Probablemente resulta poco creíble y algo presuntuoso que escriba esto alguien que se caracteriza por lo que podríamos denominar un “anarquismo lector”. Ese mismo que me lleva a entretenerme leyendo-jugando con los poemas de Eduardo Scala a la vez que leo, no sin alguna pesadumbre, la historia de la familia Oesterheld, tras haber devorado la “Colección particular”, de Juan Marsé, editada por Lumen. 
En cualquier caso, se puede discutir la credibilidad, pero no la falta de criterio, aunque éste sea cuestionable y no compartido. Y admitiendo que esa elección, errónea o certera, me priva de leer algunas obras que sin duda merecen la pena. 
Puestos a cavilar, pensaba también que cuesta más escribir sobre la derrota que sobra la victoria. Y recordaba aquello escuchado a muchos actores que es más difícil hacer reír que hacer llorar. Y entre la cavilación y el recuerdo llego a la conclusión de que la mayoría de los autores escriben mejor desde el dolor, sin entrar en consideraciones sobre la cuantificación del mismo y asumiendo que ello no implica como resultado una escritura trágica o un relato dramático. 
Puede que no sea más que un estereotipo, que me deje llevar por esas vidas truncadas demasiado pronto y llenas de excesos, como las del poeta Rimbaud, la del pintor Modigliani o la de alguna estrella del rock, género en el que la lista es extensa. Ya conocen aquella fórmula maldita de vivir rápido y morir prematuramente. 
En fin, que lean lo que quieran, pero por lo menos algo que alimente.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Caleidoscopio

Quizás no lo percibimos de forma consciente pero el hecho de deslizar los pasos por el suelo en ocasiones implica algo más que pisar, con paso decidido o no. Hay vestigios en el enlosado que pertenecen a tiempos pretéritos, tiempos de la infancia en los que el suelo era un tablero de juego de formas geométricas y ensoñaciones infinitas. 
Ese mismo suelo que ahora evoca a Escher. Ese mismo suelo que nos recuerda el caleidoscopio que nos fascinaba mientras engañaba a nuestros ojos. 
Aquel cilindro que agitábamos para destruir una imagen y construir otra geometría fascinante y hasta cierto punto incomprensible. Es posible que aquella fuera nuestra primera deconstrucción, gestada desde la ignorancia más absoluta en términos conceptuales y artísticos. Era pura fascinación, aquella que aletarga y estimula los sentidos primarios y escondidos de los infantes inquietos y expectantes.
Ahora querrán convencerme de que nada es fortuito. Me hablarán de tendencias, modas y estilos. De diseños concienzudos y característicos de una época perdida, prendida en el recuerdo de quienes apenas conservan ya recuerdos. Y algún osado respirará hondo y sentenciará que el pasado siempre vuelve porque nunca se acaba de marchar y exclamará con el suficiente volumen para ser escuchado que nos movemos entre lo clásico y lo vintage. 
Y yo vuelvo a mirar con aquella mirada que creía perdida, esa que ya daba por olvidada. Y trato de reconstruir lo que ese suelo esconde en algún rincón de la memoria, aquellas baldosas que dibujaban falsas alfombras en una época ya pretérita. Los suelos que entonces eran tan familiares. Las desaparecidas casas de mis abuelas. Mis desaparecidas abuelas. Mi infancia. 
Y todo cabe en una baldosa. Todo se encierra en ese cuadrado, que sin embargo era infinito en una mente juguetona. 
Quisiera no pisar ese suelo, flotar en él. Y evocar aquel tiempo perdido, tan lejano y sin embargo siempre de una manera u otra presente. 
Y ahora sueño en el aula del poeta, donde impartía su docto magisterio de esa lengua asentada más allá de los Pirineos; en esta Baeza de alguna manera inesperada e improbable en este mar de olivos, que esta alfombra enlosada está engarzada con versos ocultos en la cabeza de Don Antonio y que las palabras jugaban nerviosas dibujando arasbescos mudos.

sábado, 22 de julio de 2017

Para pensantes

Si alguien me preguntara para qué sirve un libro la primera respuesta sería que para leer. Una obviedad, dirán. Pero qué es leer en realidad; no lo duden, mucho más que reconocer las letras engarzadas en palabras, descifrar las palabras enhebradas en frases y comprender el significado de las frases sosteniendo versos o construyendo relatos. Leer es también compartir, soñar, viajar, disfrutar, vivir... 
Si alguien me preguntara qué es “Parapensares” le diría que es un libro para leer. Y también un libro para pensar y para reír. 
Es la última criatura de mi amigo Miguel Agudo. Poeta y ahora ‘parapensador’. La ha editado “La Isla de Siltolá” en su colección “Aforismos”. No tiene que ver con sus otras criaturas editadas por la misma editorial, “Amorexia” y “CUANDO HERODES LA TIERRA”, su ‘pequeño arlequín’ de portada inspirada en la primera edición de “Greguerías”, de Don Ramón Goméz de la Serna; aunque quizás existiera algo de premonición en esa inspiración ramoniana, porque el propio autor reconoce que sus ‘parapensares” son aforismos a modo de greguerías. 
Son puro entretenimiento, pero como ya he advertido no buscan solo la risa fácil, son además una invitación para despertar a la mente, una provocación para ver si duerme y es por tanto un caso perdido o por el contrario, comprobar que está viva y acepta el juego. 
Porque también se trata de eso, de enredarse en los pensamientos, en los guiños y en los giros de las palabras y recorrer el camino que propone su creador para llegar a un destino diferente al que señala el punto de partida. Esa senda que solo puede trazarse con talento y con un profundo sentido del humor. 
Para pensar, para reír y sobre todo, para leer.

viernes, 7 de julio de 2017

Viento de ayer

Siempre sopla ese viento en sentido contrario a las agujas del reloj. Se cuela entre los dedos, arrastra los pedazos de la tormenta y muestra los jirones que el tiempo deja en la piel. 
No se ve, es incluso difícil escuchar las notas de la canción que susurra en los oídos entreabiertos; un rock para olvidar o un tango para recordar que “ayer escribí en el viento las cosas que hemos perdido, cosas que nunca cuento, cosas que nunca olvido”. 
El ayer siempre es hoy. Y ese viento ruge en silencio, agita el líquido pardo del fondo de la botella para despertar una tempestad. 
Los ojos brillan como luceros de fuego. La sangre golpea una puerta inexistente. Y solo pervive el sueño de abrir una ventana para escapar o para que el viento entre o salga, borre los surcos de la memoria y el vacío cree ese mundo de ficción que es la calma. 
Pero no hay tregua. La amenaza de la zozobra aumenta con cada rugido. El mar se embravece y la cresta de las olas despierta a los demonios dormidos. El rumbo se torna incierto. El naufragio parece inminente. Solo las velas mantienen el pulso con el viento para alejar la nave de las rocas. Hasta las sirenas duermen. Y la luz parece enredada en el mismo fondo de la botella donde nace la tempestad.
Es cuestión de tiempo. Y el relojero asiente, intentando descifrar el mecanismo de la máquina que mide el tiempo.

lunes, 26 de junio de 2017

Jaén no cuenta

¿Qué hemos hecho para merecer esto? Si ahora en Jaén hasta protestamos en la calle como los de Granada. 
Bueno, igual no. Aquí empezamos la casa por el tejado y se crea una plataforma de churras y merinas en la que todos quieren parecer lo mismo, pero en la que a algunos les asoma la patita. ¡Qué cruz! 
Jaén no cuenta. La lista de despropósitos es interminable ¿Lo último? El Estado niega ahora la cesión a la Junta del suelo donde ya se ha construido el Museo Íbero y rechaza aprobar una partida para arreglar la techumbre de la Catedral de Jaén. 
No tenemos interlocutores ni en Madrid ni en Sevilla. No hay quien dé la cara por Jaén. En el PP, ni el ministro Montoro ni Fernández de Moya, siempre más dispuestos a restar que a sumar para esta provincia. 
¿Y el PSOE? Estaba entretenido con el cuento de la lechera. Debían ser los únicos que no sabían que al final se rompe el cántaro. Y además, nos hemos tenido que quedar con la lechera. 
Ya saben que desde Ferraz, Sánchez renuncia a dar la batalla en el congreso regional y opta por mover los sillones en las provincias. En esa ofensiva, Jaén está en la diana y el objetivo no es otro que sumar partidarios para evitar que Susana Díaz repita como candidata a la Presidencia de la Junta de Andalucía. 
Las primarias del PSOE han demostrado que de Despeñaperros para arriba la presidenta andaluza no les vale ni a los militantes socialistas y ahora se abre el tiempo de saber cuántos en Andalucía piensan lo mismo y están dispuestos a apostar por el fin de esta etapa clientelar, en la que un voto es un cargo público, orgánico o ambos. 
Haría bien Paco Reyes (secretario general del PSOE de Jaén) en volver a los inicios y rebelarse contra una dirección regional que de Jaén solo espera votos y con la que no existe reciprocidad en proyectos e inversiones. 
El seguidismo nunca es una buena elección. Y al PSOE de Jaén ya no le da ni réditos personales.

Artículo emitido en SER Úbeda, el 26 de junio de 2017.

sábado, 24 de junio de 2017

Escuela de calor

Dice mi hijo de 11 años que “seguro que la delegada de Educación tiene aire acondicionado en su despacho”.
Claro. Igual que lo tiene su homólogo en la comunidad de Madrid. Ese lumbreras que receta abanicos de papel de fabricación artesanal y mano de obra colegial para combatir temperaturas de 40 grados durante las horas lectivas. 
Ya, ya sé que climatizar los centros escolares cuesta un dineral. Pero algo habrá que hacer. Y sobre todo, algo se podía haber hecho al construir los centros, orientación, materiales… 
A mis peques les han informado, a tres días del final del curso, de que a partir de las doce, si tienen calor, pueden marcharse a casa. A grandes males, grandes remedios. Es una opción, pero no es la solución. 
A lo mejor hay que replantearse el calendario escolar y evitar clases y exámenes en estas fechas, cuando el sol, pese al dicho, se aleja de la justicia, salvo para convertirse en condena. 
Es fácil comprobar que en el último trimestre baja el rendimiento escolar y que los exámenes de fin de curso son menos brillantes que los de anteriores evaluaciones. ¿No todo es culpa del calor? Por supuesto. Pero 35 grados a la sombra tampoco ayudan. 
Ahora que en Jaén algunos han descubierto su vocación reivindicativa, igual es el momento de solicitar inversiones para los centros escolares de la capital; para que por ejemplo no se repita lo de este invierno con la calefacción del colegio de San Andrés o para que los centros no parezcan cocederos. 
Porque desde luego a quienes llevan peleándolo muchos años, incluso en los tiempos difíciles y sin buscar proyecciones personales o comerciales, no les han hecho demasiado caso. Será por aquello de que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar. 
Un político de esa misma vieja escuela de los tiempos difíciles me lo decía la otra tarde ¿y quién paga? La Junta no tiene dinero y el Ayuntamiento, menos. De competencias no hablamos. De voluntades, tampoco, para qué. 
Hay quien cree que Jaén merece una cruz. A fin de cuentas hay muchos dispuestos a cualquier cosa por alcanzar la cresta de la ola, aunque sea de calor. 
A mí me gustan más las olas del mar, con una rubia con espuma y los Beach Boys de fondo. Será porque entre los olivos no se puede surfear.

Artículo emitido en SER Jaén, "La Colmena", el 22 de junio de 2017.

domingo, 11 de junio de 2017

Relojes de quita y pon

Muchos de ustedes ya sabrán que en los últimos días se han retirado esos artefactos ubicados en algunas zonas de la ciudad que marcaban la hora y la temperatura. Creo que los llaman relojes-termómetro, ¡que hasta el nombre es feo!. Descriptivo, pero feo. 
Si, esos mismos que cumplían cada año con el rito de acongojarnos en las noches de verano cuando se obstinaban en avanzar hacia los 40 y no precisamente para cantar en un juego de naipes. 
Hasta 12 de esos mamotretos teníamos en Jaén. Cuya retirada a lo que se ve causa cierto desconsuelo en algunos ciudadanos. Siempre protestando por lo importante. 
Si dijera que me asombra, mentiría. Aunque a mí lo que me desconsuela, entre otras muchas cosas, sea ese “artericidio”, practicado incluso por el propio ayuntamiento, contra obras de arte urbano, patrimonio de la ciudad y de sus habitantes. 
Les diré que no voy a echar de menos a esos armatostes; que para relojes, los de muñeca o bolsillo o los de las torres de las iglesias. Y que espero, que si el ayuntamiento vuelve a sacar a concurso su explotación, tenga en cuenta la estética y nos libere en el futuro de tamaños artilugios. 
No voy a hablar de los relojes de los políticos, a algunos les van los regalados por los servicios prestados y otros intuyo que son más de reloj de cuco. 
Lo curioso es que estos aparatos no solo marcaban la temperatura ambiente o la hora, han resultado ser unos inesperados medidores de la situación de las arcas públicas y de la gestión municipal. 
La Alcaldía, por decreto fechado el 17 de abril, ordenaba la retirada de estos relojes-termómetro como paso previo para poder liquidar la dolorosa a la empresa concesionaria. 
Una cuenta que llevaba varios años sin abonarse. De modo que el ayuntamiento no recibía el canon estipulado por reloj, ni ingresaba por publicidad. 
El equipo de gobierno y la oposición no se ponen de acuerdo sobre si el impago es desde 2011 o desde 2014, como si tres años más o menos fueran un atenuante de la mala gestión. 
El concejal de Hacienda anuncia que para finales de 2017, “todas las concesiones administrativas estarán regularizadas en cuanto a su cobro”. 
Y los ciudadanos, como narraba el trovador, “unidos en el desconcierto, prisioneros de la realidad”.

Artículo emitido en SER Jaén, "La Colmena", el 8 de junio de 2017.


domingo, 28 de mayo de 2017

Sin fondos

Habrá quienes crean que nos ha mirado un tuerto y que por eso Jaén acaba de perder 15 millones de euros para proyectos en la ciudad. 
Esa es la cantidad que se van a llevar las otras 7 capitales andaluzas de los fondos FEDER al Desarrollo Urbano Sostenible e Integrado (DUSI), el antiguo Plan Urban. ¿Quién podrá estos nombrecitos y la correspondiente abreviatura? 
15 millones de euros para todas menos para Jaén. Salta a los ojos que no es una cuestión de vista, es pura incompetencia, incapacidad y el mínimo esfuerzo. Como los malos estudiantes renunciamos a la primera convocatoria y lo fiamos todo a la segunda. Y hemos suspendido. 
Según palabras del alcalde Javier Márquez cuando se solicitaron los fondos jugábamos “al todo o nada”. Ahora hemos pasado al “no es imprescindible, cualquier equipo de gobierno que se precie tiene dos planes”. 
La realidad es que no tenemos un equipo de gobierno que se precie y ha salido nada. El ayuntamiento es una ruina y además pinchamos en hueso con el gobierno de Madrid y con el ministerio de Cristóbal Montoro, ese jiennense que nos cambió por Sevilla. 
De una de sus secretarías de Estado no has venido la mala nueva. Y de nada le ha servido a Jaén que otra de ellas la ocupe el anterior alcalde de la ciudad, que a lo que se ve ni siquiera le ha explicado a sus ex concejales cómo rellenar los papeles. No hay peor cuña que la de la misma madera. 
Es cierto que Fernández de Moya ha sido un pésimo alcalde para Jaén, entre otras cosas porque nunca quiso ser alcalde y le quemaba el asiento. Pero al menos podía utilizar la Secretaría de Estado para algo más que venir de visita los fines de semana para hacer declaraciones inocuas y salir en la foto.
Quedan en el aire, entre otros, el proyecto de semipeatonalización del centro, la construcción de 800 plazas de aparcamiento, la puesta en servicio del tranvía, las inversiones en los barrios más vulnerables socialmente y la apuesta por energías limpias en los edificios municipales. 
Algún visionario bautizó al proyecto como “Jaén hábitat 2023”. Sería por aquello de la política ficción. Ahora con el anuncio del BOE la ciudad del futuro parece una precuela de la apocalíptica Mad Max. 
¡Al suelo, que vienen los nuestros!

Artículo emitido en SER Jaén, "La Colmena", el 25 de mayo de 2017.

sábado, 20 de mayo de 2017

Miguel Hernández, una oportunidad para Jaén

La declaración de 2017 como Año Miguel Hernández, coincidiendo con el 75 aniversario de su muerte en la cárcel de Alicante, puede ser un punto de partida para impulsar la cultura en Jaén o puede ser otra oportunidad desaprovechada.
La presencia de Miguel Hernández en Jaén se reduce a su estancia de tres meses, de febrero a mayo de 1937, como comisario cultural para dirigir la revista de carácter bisemanal y adscripción comunista “Frente Sur”, editada por Altavoz del Frente y con domicilio en la calle Llana n.º 9 de la capital jiennense. 
Pero sus vínculos con esta tierra van más allá; su matrimonio con la quesadeña Josefina Manresa; su obra, por supuesto con el poema “Aceituneros” (publicado en el n.º 1 de “Frente Sur”), que ha terminado convirtiéndose con acierto en himno provincial, y con poemas como “Jornaleros” o “El incendio” (publicados en otros números de la misma revista) o por sus crónicas de guerra, entre las que destacan la del bombardeo de la capital jiennense por aviones alemanes e italianos, cumpliendo órdenes directas de Queipo de Llano y previo al universalmente conocido bombardeo de Guernica/Gernika (Jaén no tuvo la fortuna de que esta barbarie fuera inmortalizada por Picasso), y la del asalto al Santuario de la Cabeza¹.

Legado de Miguel Hernández 

Y como no, por su legado, unos 5.800 registros bibliográficos (primeras ediciones, manuscritos, folletos, partituras, prensa histórica o grabaciones, entre otros objetos) y 26.600 imágenes depositados en el Instituto de Estudios Giennenses (IEG) y que se han constituido en el embrión del Museo Miguel Hernández y Josefina Manresa, ubicado junto a la pinacoteca del pintor Rafael Zabaleta, en Quesada. 
Hay que reconocer y aplaudir el trabajo y los reflejos de la Diputación provincial de Jaén en 2012 y la implicación de su presidente, así como la del alcalde de Quesada, para negociar primero la cesión en forma de alquiler del legado de Miguel Hernández y después lograr su adquisición con el beneplácito de los herederos del poeta y ante el injustificable abandono y desidia por parte del Ayuntamiento y la Diputación provincial de Elche, gobernadas por el Partido Popular. 
Es una pena que hoy todavía siga vigente el sectarismo y haya políticos y formaciones políticas que antepongan la ideología de muertos y vivos a su contribución a la cultura, a la ciencia o a cualquier otra disciplina. Por cierto, el mismo sectarismo que en 2009 impidió en Sevilla impartir una conferencia sobre el escritor falangista Agustín de Foxá. 
También está en el haber de la Diputación Provincial, a través del IEG y con la editorial Espasa, la publicación de la obra “DE NOBEL A NOVEL. Epistolario inédito de Vicente Aleixandre a Miguel Hernández y Josefina Manresa”². Y la organización de jornadas, seminarios, exposiciones y otras actividades culturales relacionadas con el poeta y su legado.

Difusión y pedagogía 

Es una tarea fundamental y en este caso, bien hecha; pero es insuficiente. Hay que difundir el legado de Miguel Hernández, por supuesto, y también el de aquellos otros que nacieron en esta tierra o que como el de Orihuela pasaron por ella y dejaron huella, como Antonio Machado o San Juan de la Cruz, por poner dos relevantes ejemplos. Y esa difusión hay que hacerla para que nos conozcan en otros territorios y nos visiten y puedan acceder a esa riqueza cultural que alberga la provincia de Jaén, pero es imprescindible una labor pedagógica con los de aquí, especialmente con los más pequeños y más allá del proyecto ‘Semana Escolar con Miguel Hernández’ desarrollado desde 2014. 
En esa empresa es necesaria la implicación de la Administración, central y autonómica. Es cierto que tanto el presidente del gobierno de España como la presidenta de la Junta de Andalucía no se caracterizan precisamente por su inquietud cultural y desde luego se les recuerdan pocas intervenciones o actos con la cultura como prioridad; sirva como muestra el finalizado Año Cervantes en 2016. De hecho la cultura sufre el mismo maltrato gubernamental que la educación y la sanidad, pero al menos nuestros gobernantes no debieran ignorar su influencia en el ámbito económico, en aspectos como la dinamización turística y la generación de empleo. 
La Diputación provincial de Jaén carece de competencias en el ámbito educativo, pero sería deseable que de alguna forma influyera en las Consejerías de Educación y Cultura para que los centros educativos de la provincia cuenten con un itinerario cultural que les lleve a conocer ese legado, mayor y más variado de lo que muchos imaginan. 
Me parece fantástico que los escolares jiennenses visiten el Parque de las Ciencias de Granada, ¡faltaría más!, pero no es de recibo que se repita visita en detrimento de otros posibles destinos como los mencionados museos de Zabaleta y Miguel Hernández y Josefina Manresa en Quesada (incluida esa maravilla natural que es la Cueva del Agua); las ciudades patrimoniales de Úbeda y Baeza (con visitas al aula donde impartía clase Antonio Machado o a los talleres de los maestros ceramistas de la familia Tito); el propio Museo Provincial de Jaén o el de Francisco Cerezo en Villargordo; la muralla ciclópea de Ibros; el yacimiento de Cástulo o la casa-museo de Andrés Segovia en Linares; la Cámara de Toya en Peal de Becerro o las pinturas rupestres de Aldeaquemada o de la Sierra de Segura. ¿Cuántos de esos escolares sabrán quién es San Juan de la Cruz y que un manuscrito de “Cántico espiritual”, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), se encuentra en el Convento de las Carmelitas Descalzas de Jaén?, ¿cuántos de esos escolares sabrán que la reina Isabel la Católica descansó varias jornadas en el convento de San Antonio de Baeza tras las Capitulaciones de Granada?, ¿cuántos de esos escolares sabrán…? 
La cultura es presente y futuro sin renunciar al pasado. Y Jaén no puede seguir perdiendo oportunidades. El Año y el legado del poeta son inmejorables cimientos para generar un proyecto y una oferta cultural que contribuyan a despertar a esta provincia. 
Como escribiera Pablo Neruda³ “recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra”. 
La estatua del poeta se levantará entre azahares. Y su legado ha de florecer entre olivos.



¹. Hernández, Miguel. “Crónicas de la Guerra Civil. Un poeta en el frente”. Editorial Sol 90 para Diario Público. 2009. 
². “DE NOBEL A NOVEL. Epistolario inédito de Vicente Aleixandre a Miguel Hernández y Josefina Manresa”. Edición de Jesucristo Riquelme. Espasa Libros, Instituto de Estudios Giennenses/Diputación Provincial de Jaén. 2015. 
³. Neruda, Pablo. “Mensaje para Miguel Hernández”. París, 1960. Reproducido en el n.º 575 de la revista “Triunfo”. Octubre de 1973. 

 
Artículo publicado en el blog "En Jaén donde resisto", el 17 de mayo de 2017.

lunes, 15 de mayo de 2017

La embriaguez de los datos

Ha terminado Expoliva. Y antes de la última jornada ya teníamos una catarata de datos de esta edición. Ha sido un éxito. Algo de lo que no teníamos duda. 
Jaén es el principal productor de aceite de oliva del mundo y Expoliva se ha convertido en cita obligada del sector y referente mundial. 
Pero los datos por sí solos no significan mucho, son meros indicadores. Se calcula que han pasado por la feria unas 54.000 personas, un 11 por ciento más que en la anterior edición. 
Han participado 37 empresas internacionales, 6 más que hace dos años. 62 países, incluidos los 57 países productores de aceite de oliva del mundo. Y el simposium científico-técnico ha contado con más de 1.700 inscritos y 224 ponencias, mejorando también las cifras anteriores. 
Estaremos de acuerdo en que eso no es más que la envoltura, los objetivos de Expoliva son el negocio y la difusión del sector oleícola; contribuir a consolidar la cultura del olivar y el aceite de oliva. 
En la feria se han registrado 703 encuentros comerciales, con la participación de 60 empresas de Jaén, cuyos resultados se sitúan en el ámbito de las expectativas. 
Y ha habido 115 medios de comunicación y 385 periodistas acreditados. Pero más allá de la prensa local y especializada, ¿puede decirme alguien cuántos informativos nacionales de televisión y radio ha abierto Expoliva? ¿cuántas informaciones sobre Expoliva han ofrecido esos noticiarios? ¿cuántas portadas de periódicos nacionales recogían la celebración de la feria o cuánto espacio han dedicado en sus páginas interiores a la misma? 
¿Y qué imagen de Jaén se llevan los participantes en Expoliva? Seguimos teniendo una oferta insuficiente de plazas hoteleras, déficit en comunicaciones, no hay conexión desde la autovía y solo un acceso de entrada y salida al recinto ferial, pocos aparcamientos, autobuses que incumplen el horario, ausencia de carril específico para el transporte público…, y eso si, en algunos momentos, más políticos que olivareros. 
No basta con el futuro pabellón y sus aparcamientos. Es urgente replantearse estas cuestiones y otras, como por ejemplo celebrar el simposium científico en otra fecha para que no se diluya o minusvalore.
Cuidado, frenemos la euforia y la embriaguez de los datos. No vayamos a morir de éxito.

Artículo emitido en SER Úbeda, el 15 de mayo de 2017.

viernes, 12 de mayo de 2017

De ferias

Son tiempos de ferias. Y no me refiero a esa feria de vanidades Guadalquivir abajo, a esa feria permanente en que se ha convertido el PSOE o a esa otra feria del PP provincial en su elección de presidente. 
Me refiero a la gran Feria del Aceite de oliva e industrias afines, Expoliva, y a la Feria del Libro que se están celebrando en Jaén. 
Expoliva no necesita presentación ¿quién iba a decir hace 18 ediciones que esta muestra se iba a convertir en una cita mundial y en un referente para el sector? 
Si ese sector tuviera el empuje y la convicción de quienes apostaron por esta feria y la han convertido en lo que es, esta provincia no sería la gran olvidada de Andalucía y tierra de paso para el resto de España. 
Jaén no puede vivir solo del olivar, pero al menos debía vivir de él. Quizás estemos a tiempo todavía. Aunque me temo que los años perdidos entre las piedras lunares son irrecuperables. Producción de calidad, comercialización, turismo…, hemos tardado tanto. 
Y la Feria de Libro, en el año de Miguel Hernández, ha vuelto a la calle. Que es donde debe estar. Los libros, el arte, la cultura al alcance de todos. El conocimiento frente a la ignorancia, el clientelismo y los prejuicios. Y para acabar con ese Jaén estancado; ese Jaén ensimismado que no ve más allá del cerro de Santa Catalina, porque tampoco quiere ver. 
Ambas ferias son ya una tradición. Pero que bueno sería también convertir en tradición la lectura y a Jaén en un referente cultural. Por sus poetas, sus pintores, sus artistas, por tanto creador, por el talento tantas veces menospreciado, ignorado y obligado a migrar. 
Que bueno sería, como escribe el jiennense Antonio Muñoz Molina, “adherirnos a la gran tradición ilustrada de la libertad de expresión, el pensamiento crítico, el debate abierto y libre, el gobierno de las mayorías, el imperio de la ley, el respeto y la protección a las minorías y a los derechos individuales”. 
Que bueno sería no solo reivindicar “los ideales ilustrados y laicos” sino alcanzarlos. 
Y sí, para los perseguidores de cualquier nacimiento, he visitado la feria en la lonja de Diputación y he comprado un libro, un poemario del también jiennense Manuel Lombardo, “Noemas y nademas”, que no es nadería. Como no debiera serlo Jaén.
 
Artículo emitido en SER Jaén, "La Colmena", el 27 de abril de 2017.

viernes, 5 de mayo de 2017

Reminiscencias del adiós del artista

Estos primeros días de mayo traen un negro aniversario y un soplo de hondo pesar. Cuesta creer que ya ha pasado un año. Pero no hay duda, fue un 4 de mayo de hace un año cuando la noticia recorrió Facebook y convirtió el muro en heraldo de muerte. David Padilla había muerto.
Recuerdo el mensaje de Miguel Dávila, el escalofrío, la incredulidad y la necesidad, esperanza o clavo ardiendo al que asirse para que aquella mala nueva fuera un bulo más en las redes sociales. No fue así. Y en pocos minutos la noticia de la pérdida se confirmó. El pintor jiennense David Padilla nos había dejado. 
La muerte no entiende de vueltas atrás, así que cuando saluda siempre es la antesala de un adiós. Podemos mitigar el dolor de la despedida con la convicción de que un artista no se va definitivamente, de que le sobrevive su obra porque de una forma u otra habita en ella, pervive en ella. Y también, en el recuerdo de los que le conocieron.
Así que David o algo de él permanece en el lienzo, en la tabla o en el papel; en la pincelada, en el trazo, en las formas y en los colores. Sus manos, su mirada, sus gestos perduran en un todo o en una parte de cada una de sus obras. 
David, maestro de artistas y maestro de vida, pintaba la ciudad, pintaba a sus gentes y eso es también una garantía de que su presencia no se ha borrado, de que sigue habitando en muchos rincones de este Jaén tan aletargado y tan ingrato con aquellos que le han querido bien. No basta con pervivir en el recuerdo de los suyos y de los que le conocieron, es necesario preservar al artista y a su legado públicamente para que no caiga en el olvido.
Hay personas a las que no se les puede devolver en la cuantía que ellas han dado y David era una de esas personas. No tengo dudas de que sin él y de los que son como él todos perdemos y esa orfandad hace que la vida sea más inhóspita y esta ciudad, si cabe, un poco más gris. 
La tristeza, las lágrimas y las palabras van de la mano de la reminiscencia de aquel 4 de mayo. Para mi David siempre estará en la mirada del poeta, en su cuadro de Antonio Machado. Y ahora lo sigo imaginando en esa alameda con aquellos a los que amábamos y le precedieron en la partida. Con aquellos que siempre tienen lugar en la memoria y en el corazón.

jueves, 27 de abril de 2017

Los dueños de la calle

No es la primera vez que voy a hablar de este asunto y temo que mirando el futuro con cierta perspectiva no será la última.
Lo cierto es que en Jaén por unas causas o por otras asistimos permanentemente a la invasión de la vía pública. Los invasores varían, pero el hecho no. Ese espacio de la ciudad que nos pertenece a todos nos es arrebatado ante la complicidad o la inacción de quienes deben contribuir a preservarlo.
Ya sean las terrazas de los bares, las tribunas de la carrera oficial de la Semana Santa o el botellón el resultado es el mismo: la ocupación de lo público en beneficio de unos pocos y en detrimento de la mayoría. Recordaba a Manuel Fraga, del que decían que tenía en su cabeza el Estado, y su “la calle es mía”.
Se critica o se respalda en función de convicciones, ideologías o intereses. Es decir, que me parece bien si se invade el espacio público por algo en lo que yo creo o estoy de acuerdo y me parece mal cuando la invasión es por algo contrario a mi forma de ver las cosas.
Poco importan el despropósito y el resultado final, que en todos los casos repito es el mismo. Eso sí, el día que ocurra algo grave nos echaremos las manos a la cabeza y clamaremos contra diestros y siniestros. 
La invasión de la carrera por las tribunas de la Semana Santa es una cuestión de mercaderes, no de creyentes. Las procesiones son como los desfiles militares, una demostración anacrónica. Y la religión ha de estar en los templos. 
Recuerdo a aquel cura que colgó en su parroquia un cartel pidiendo que los feligreses apagaran los móviles, “para hablar con Dios no se necesita”. 
Lo suscribo, con Dios se habla a solas. Y a poder ser en voz baja, incluso en silencio. A fin de cuentas, como dijera Machado, “quien habla solo espera hablar a Dios un día”. Y para eso no se necesita invadir la vía pública. Ni comer pipas. 
Ya sé que con más de 55.000 parados, en Jaén toda ayuda es poca. Hay quien pone velas a Dios y al diablo. Hay quien espera turno para el besapié de “El Abuelo” y hay quien pide número en el paro.
De una forma u otra todos guardamos la vez en la cola de los milagros. 
Pero la libertad de credo debe ser real. Incluso para no creer. Y la vía pública un espacio de convivencia, marcado por la tolerancia y el respeto.

Artículo emitido en SER Jaén, "La Colmena", el 27 de abril de 2017.


martes, 25 de abril de 2017

El brillo de abril

En el mes de abril siempre brillan los recuerdos. Aunque ese brillo sea desigual, y en lo personal siempre sea un mes de sombra alargada, lo cierto es que prefiero quedarme con ese brillo, con esos colores que pintan aún hoy la esperanza y con aquella hermosa canción convertida en símbolo. 
Abril florece siempre en algunos corazones y en la memoria de estos dos territorios unidos por agua y tierra, por ríos y caminos, por la Historia y por historias de desconocidos protagonistas que tendieron y tienden hilos entre ambos países. 
En España y Portugal siempre sale el sol en abril. Y una melodía invade el aire para teñirlo de nostalgia, pero también para no dar tregua al olvido. 
A años vista y por aquello del poso del tiempo se contempla el relato con ese trazo de melancolía que desdibuja las percepciones y siembra la duda sobre si lo acontecido es pérdida o ganancia, victoria o derrota. 
Ahora que se acuñan nuevos términos como posverdad, una forma de reescribir el relato de los hechos desde la tergiversación, sería fácil tratar de borrar lo acontecido, de negar la realidad y emborronar la belleza que pervive en ese brillo anual del mes de abril. 
La historia la escriben los vencedores. Eso dicen. ¿Pero quiénes? ¿Los que vencieron antes o los que vencieron después? ¿Los que creyeron vencer y el tiempo los tornó en vencidos? 
Ni los años ni las lenguas de serpiente podrán marchitar la belleza de aquel mes de abril del 74; trocar el clavel por el cardo. Seguirá siendo la revolución más hermosa. 
Y entre lo bello y las oportunidades perdidas se forja ese otro relato de no darse por vencido, ese boceto de futuro que en cualquier instante puede convertirse en presente, ese islote donde la derrota no enarbola bandera, el territorio donde siempre es abril, aquel en el que brillan los recuerdos frente al olvido, donde se siembra la memoria, donde el viento porta melodía y letras, donde florecen los claveles para silenciar los fusiles. 


jueves, 13 de abril de 2017

Génesis

Hay compromisos que uno adquiere consigo mismo. Es una cuestión de voluntad, de buena disposición, que ni tan siquiera es explícita y mucho menos ha de refrendarse. Pero queda ahí, en alguna parte de nuestra cabeza, a sabiendas de que tarde o temprano, generalmente tarde, la voluntad se hará real. 
Ya se ha convertido en un hábito para mí escribir sobre algo en lo que ha participado algún amigo y a lo que he tenido el privilegio de asistir. De modo que consciente o inconscientemente me digo que eso merece revolver en el baúl y buscar las palabras adecuadas para hilar una pieza. 
Con esta exposición de fotografía me pasó incluso antes de verla. Desde el principio me gustó el nombre, “Génesis”. 
Pero dejé pasar el tiempo. Meses. De hecho me senté un par de veces a escribir sobre ella, pero o no era capaz de enhebrar la aguja o era torpe en coser el hilo al lienzo. El caso es que abandoné, aunque su nombre y la idea sobre la que habían de agruparse las palabras seguían flotando en algún rincón de mi cabeza. 
Era el mes de septiembre de 2016 y apenas faltaban unos días para que “Génesis” (Tierra y piel), de Charo Guijarro y Jorge Pastor, dijera adiós al muelle de carga del edificio del antiguo Banco de España, nada más y nada menos que diseñado por Moneo, y hoy convertido en no se sabe muy bien qué, pero que acoge exposiciones y pervive por el tesón de Tomás Fernández. 
La tenía en agenda, pero si no llega a ser por el mensaje que me envió Jorge anunciando la última visita guiada dos días más tarde, el jueves, me la hubiera perdido. De hecho ese mismo jueves estaba invitado a otro acto cultural por otro amigo, pero le dije a Jorge que iría y le agradecí que se acordara de uno para ese último pase. 
Créanme no es lo mismo ver una exposición a solas que disfrutar del privilegio de que el autor o uno de sus autores te vaya contando la historia de lo expuesto, la que se esconde tras cada fotografía, más allá de lo que muestra la misma. Con Jorge ya había tenido esta experiencia con la exposición “Art mariage”, fotos y poesía, hacía algunos años en el marco de Etnosur, en el Palacio Abacial de Alcalá la Real. Así que ambos podemos confirmar que somos reincidentes. 
Desde entonces “Génesis” ya ha visitado Madrid y va camino de Barcelona y Málaga e incluso tiene previsto en su itinerario cruzar el charco para llegar a Nueva York. 
Sus autores afirman que la exposición “descansa sobre tres conceptos: el origen, la fuerza telúrica y los elementos”. Yo me quedo con el primero, fue lo que me sugirió el nombre de “Génesis” cuando supe de la existencia de la exposición. El origen como principio, como punto de partida. Luego la exposición me llevó a la unión de la naturaleza y del ser humano como elementos de ese principio y en cierta medida, como metáfora de un final. Ahí es donde me llevaron los cuerpos desprovistos de ropaje, la dimensión real del ser humano frente a la naturaleza y la erosión en el paisaje de la propia naturaleza y de la mano, en algunos casos manaza o pezuña, de la humanidad. 
En la exposición se recoge eso y lo que cada uno quiera percibir, la vida, la supervivencia, la soledad, la desolación, la fugacidad… Yo además me quedé con una imagen, la fotografía tomada por Jorge en el edificio de la antigua azucarera de Guadix y la historia que conservan sus muros. Una historia no muy lejana en el tiempo, de aquella guerra incivil que todavía hoy muchos aplauden, y que convirtió aquel edificio en un lugar de muerte y represión. Una historia que nos contó Jorge y que de alguna manera se recoge en esa fotografía titulada “Idhún”, de “claros y oscuros. Aurora y crepúsculo. Principio y fin”. Un historia y una fotografía de luz y oscuridad, de gritos y silencios, de derrota y esperanza. 
Y también conservo en el recuerdo una fotografía de Charo Guijarro, “Contradicciones”, la germinación de la vida “hasta en los lugares más inhóspitos”, “la delgada línea que muchas veces separa el bien y el mal”. Una imagen de la insignificancia del ser humano ante la naturaleza, de los surcos de la tierra como líneas del destino y de la ignorancia sobre la fertilidad del ser humano y de la tierra; el desconocimiento del futuro y probablemente también del presente que de una manera u otra nos hacen volver la mirada hacia el principio, el origen. La génesis.

viernes, 31 de marzo de 2017

La foto

Ahora que asistimos al regreso de las sombras del pasado como garantes del futuro conviene recordar aquello de que el que se mueve no sale en la foto.
En esto de salir en la foto los políticos no han tenido pudor. De hecho hay más de uno que solo vive para la foto, aunque en la mayoría de las ocasiones en lugar de gestionar se dedique a la venta de humo. 
A mí me ha llamado la atención la foto de la semana pasada en la que se veía al alcalde de Jaén y a varios de sus concejales con el director general del grupo Alvores y otros responsables de esta empresa que promueve la construcción del centro comercial “Jaén Plaza”. 
No voy a hablar de que la empresa adjudicataria para su construcción sea OHL, la de Villar Mir; sí, la que aparece en los papeles de Bárcenas. Ni tampoco de que el supuesto comienzo de las obras no sea más que una limpieza del terreno, a la espera del proyecto de urbanización y la correspondiente licencia de obras. 
Lo que me llama la atención de la foto es la masiva representación, con el alcalde a la cabeza, del equipo de gobierno municipal. Y no me cuenten que tiene que ver con el programa electoral. 
Por cierto, he echado de menos en la misma a alguno de los concejales no adscritos, los tránsfugas de Ciudadanos, para cerrar el círculo. 
Es curioso este despliegue con los responsables de una empresa privada y la ausencia de munícipes en otros actos y en otras fotos. Por ejemplo, les he puesto falta en la reapertura de la sede de la Federación de Asociaciones de Vecinos “OCO”. 
Tras ese extraño embargo de hace dos meses, con error de domicilio y la dudosa actuación municipal, hubiera sido tranquilizador ver al alcalde y a algún concejal fotografiándose en la puerta de la sede con los representantes vecinales. 
También es gracioso que uno de los concejales, presente en la foto de Alvores y habitual en otras muchas poses, acuse a la oposición de tener mucho interés en “hacerse la foto” en el casco histórico, gran mercado de humo. Que me tiznas le dice la sartén al cazo. 
Solo falta que la próxima foto del alcalde y sus concejales con empresarios privados se haga a las puertas del ayuntamiento. Podríamos errar y pensar que en lugar de captar inversores para realizar proyectos en la ciudad se ha colgado el cartel de “se vende” o que Jaén es oscuro objeto de deseo de los filántropos.

Artículo emitido en SER Jaén, "La Colmena", el 30 de marzo de 2017.

miércoles, 22 de marzo de 2017

El juego del engaño

Recuerdan aquello de que el algodón no engaña. Pues con los datos pasa lo mismo, nos arrojan la verdad a la cara, que Jaén sigue siendo la última de la fila. 
A primeros de marzo nos enterábamos de que el paro en la provincia había subido un 9,97 por ciento, es decir que 52.703 jiennenses de nacimiento o adopción carecen de laboro. 
Y ahora nos enteramos de que también estamos en la cola de inversiones en obra pública en Andalucía. En 2016 solo se invirtieron en Jaén 42,7 millones de euros. 
Así es fácil entender porqué nuestras autovías siguen cortitas de kilómetros, nuestros raíles huérfanos de trenes o porqué las obras de museos, templos o pabellones deportivos son protagonistas de nuestra particular historia interminable. 
Abran las ventanas y griten los voceros que es culpa de los otros, que esto con los míos no pasaba. Y sigamos fingiendo y jugando al engaño. 
La verdad, según el Círculo de Empresas Andaluzas de la Construcción, Consultoría y Obra Pública (CEACOP) en su Informe Anual de Adjudicaciones, es que en 2016 se ha invertido un 43 por ciento menos en obra pública en Andalucía respecto al año anterior. 
El gobierno central, el de Rajoy, que era la administración más inversora desde 2010, un 71 por ciento menos. Y la Junta de Andalucía, la de Susana Díaz, un 17 por ciento menos. Mientras que las diputaciones se sitúan como la última administración en inversiones de este penoso ránking. 
Solo se salvan los ayuntamientos, que han invertido un 31,9 por ciento, 228,5 millones de euros. Una cifra insuficiente para acabar con los desequilibrios, fundamentalmente en infraestructuras, frente a otros territorios. 
Podemos mirar a otro lado, seguir lamentándonos, jalear a nuestros gobernantes y en función de nuestras coincidencias ideológicas aplaudir sus viajes a ninguna parte o dar un paso adelante y salir a la calle a reclamar lo que por derecho nos corresponde. No solo por nosotros, sino por los que vienen detrás. 
Y cuando hablo de salir a la calle me refiero a hacerlo como ciudadanos, no escudados en plataformas o grupos de opacos intereses. 
Es el tiempo de abrir las grandes alamedas, en el caso de Jaén, nuestros olivares, y que pasen los hombres libres.

Artículo emitido en SER Úbeda, el 20 de marzo de 2017.

martes, 21 de marzo de 2017

21 de marzo

Los jaramagos me anunciaban en los días previos que como cada año se acerca un 21 de marzo. No hay nada que celebrar. Y aunque la tristeza se asoma por la esquina, no es un día triste. Pero tampoco es un día sin más en la hoja del calendario. 
Es uno de esos días en los que se ganan unos palmos de tierra a la parcela del olvido. Uno de esos en los que la memoria reverdece como el tallo del jaramago. Uno de esos en los que la cabeza y el corazón se agitan. 
Es el mismo 21 de marzo en que como en años anteriores no descolgaré el teléfono, no habrá llamada, no habrá voz al otro lado. Solo la ausencia. La presencia de la pérdida. El silencio. 
También es el día en que llega la primavera. El día en que de repente recordamos que existen los poetas. El día en que despertamos a los versos y los soltamos al aire como si fueran el hilo que ata la cometa. 
Es el día que anuncia días más largos, cuando ya no queda tiempo; días de luz, cuando ya se hizo la noche, y días de sol, cuando ya ni el frío calienta. 
Y a pesar de eso o por eso sigue siendo uno de los días más hermosos del año. El día que florece el jaramago.

lunes, 20 de marzo de 2017

"Cosas"

Hay cosas y cosas. Y luego están las “Cosas” de mi amigo Javier Martínez escritas con el talento de Pedro Lendínez. 
Con los amigos uno tiende a ser parcial, de modo que digas lo que digas se entiende en clave de amistad y eso muchas veces, casi siempre, se malinterpreta y el que escucha, salvo excepciones, es proclive a creer que alabamos la creación de un amigo por encima de su valor real. 
Es posible, por eso como en tantos otros ámbitos de la vida lo mejor es verlo con los propios ojos y a partir de ahí calibrar si lo visto merece la pena o por el contrario es prescindible.
Dicen que a la tercera va la vencida y aunque no siempre se cumpla, no es menos cierto que en esta ocasión fue así. Las dos anteriores representaciones por cuestiones de fecha se quedaron en un intento, pero no más. 
Así que tenía apuntada la fecha en el calendario de la siguiente representación en la Sala Señora Ciempiés, pequeño gran local de Jaén que por desgracia exhibe el cartel de “Se vende”. Por si eso fuera poco el mismo día de la representación me encontré con Javier por la mañana, así que ese lunes era el día. Y lo fue. 
Una hora de reloj. Una hora en la que al talento en el texto de Pedro se sumó el talento interpretativo de Javier. No voy a destripar nada y menos ahora que anuncian gira fuera de los límites provinciales. Solo les diré que me pareció fascinante la variedad de registros y el hilo de palabras que la hacían posible. 
Y añadiré que disfruté viendo a Javier al fondo de la sala frente al público, en el que más de uno éramos amigos, cierto, en el que más de uno repetía, cierto también, y en el que ninguno creo se sintió defraudado. 
Conocíamos las cosas de la vida, las cosas del querer, las pequeñas cosas e incluso el lado oscuro de las cosas pero éramos ajenos a estos 60 minutos de otras “Cosas”, las de Pedro y Javier, que ahora son también un poco nuestras cosas. 
Puede que ya lo fueran, porque forman parte de lo cotidiano, de nuestro entorno, de nuestra forma de relacionarlos con los demás y por supuesto, de cómo somos o cómo nos hacen ser las cosas que nos pasan y las que nosotros hacemos que pasen. 
“Cosas”, a secas, como el pan de Chukri.

sábado, 18 de marzo de 2017

La memoria del subsuelo

De la tierra al cielo. Y entre medias Jaén. Ya saben que en pocos días hemos pasado sin sonrojo de la Atlántida a la lejana galaxia. 
Un documental protagonizado por el director de cine, James Cameron, también sin pudor, señalaba el yacimiento de Marroquíes Bajos, ese que enterraban las excavadoras de nuestros constructores ávidos por contribuir a la Historia, como el lugar donde se halla el mítico continente. 
Y como lo ha dicho la tele nos ha invadido tras años de desidia un no sé qué y la necesidad de recuperar nuestras memorias del subsuelo. Poco importa la ausencia de rigor científico, el desfase de milenios e incluso el valor real del yacimiento. 
Me acordé de aquel gallego que afirmaba, sin complejos, que el paraíso bíblico estaba en Galicia (el interior sabemos todos que está en Jaén y juega al fútbol sala) y que Cristóbal Colón era gallego.
Aquí con tal de obviar el presente volvemos atrás en el tiempo o miramos más allá de las estrellas. Postergamos la rebelión de las masas y abrazamos el imperio de los robots. 
Y como prolongación del Carnaval o como adelanto de la Semana Santa dejamos la calle para que procesionen las tropas de Star Wars y el mismísimo Darth Vader. Como si no supiéramos dónde está el lado oscuro y los agujeros negros. 
Podíamos poner los pies en el suelo. Ver la luz. En Granada ya han conseguido sus dos hospitales y ahora van a por el tren. Y aquí sacamos a la calle a las tropas del imperio o salimos a pedir la salvación del Real Jaén. Bueno, los que salen, porque yo salgo a comprar el periódico y al bar. Y de paso a contemplar la vida. 
En esa contemplación, escarbando y no excavando, me ha venido a la cabeza aquella leyenda urbana del epitafio de la tumba de Marx, Groucho, naturalmente, “perdonen que no me levante”. 
Yo sin epitafio, por ahora, les digo “disculpen que no me entusiasme” con la última plataforma reivindicativa de Jaén. Me huele a alcanfor. Como me dice un amigo tiene cierto tufillo y parece un equipo de viejas glorias. A un lado los mismos y al otro, los mesmos. 
También me dicen que huele a futura candidatura independiente para las municipales. Será por aquello de que todos merecemos más. El tiempo dirá. 
Media vida presumiendo de lagartos y ahora dudamos entre declararnos atlantes o dejarnos acompañar por la fuerza.

Artículo emitido en SER Jaén, "La Colmena", el 16 de marzo de 2017.