lunes, 18 de septiembre de 2017

Las líneas de la mano

Dicen que al doblar la esquina hay una sonrisa perdida de esas que te rompen el corazón. Que hay quien cree todavía que el amor se regala y no es objeto de venta. Y quien afirma que para viajar al cielo no es necesario pagar billete. 
Cuentan que algunos pierden sus propios pasos en el laberinto, presos de la inconsciencia de no aceptar que ya andaban perdidos tiempo atrás. 
Dicen y cuentan tantas cosas que se tiende a no discernir lo real de lo ficticio o lo ficticio de lo real. Así se alimentan creencias y leyendas. Y se abona el engaño en una partida de naipes marcados en la que sin embargo el trío siempre será más que la pareja o la doble pareja. En la que las cartas marcadas, el gesto impasible y el control de las pulsaciones forman parte de un artificio que no garantiza el triunfo. 
La dama de corazones solo gana al rey en las páginas de Alicia en el País de las Maravillas. Una jota está condenada a valer menos que nada y ni siquiera el as de trébol puede voltear el azar. 
Eso no impide que el territorio del crédulo se extienda y que donde se pierde la vista vea el principio cuando probablemente no sea más que el fin. 
La línea del horizonte no puede confundirse con las de la mano. Una es presente y las otras nunca dibujarán el futuro. Aunque es cierto que para atraparlas basta con cerrar los ojos y apretar el puño, a sabiendas de que al abrirlos no puedes dejarlas escapar. Ningunas son un camino de huida, ni siquiera de esperanza. Pero hay quien es capaz de practicar el funambulismo sobre ellas y no solo para mantenerse erguido sino para avanzar, consciente de que al final de la línea puede esperar un abismo.
Y vuelta a empezar. El abismo tiene forma de puerta que al franquearse te conduce al laberinto. Aquel en el que perdiste los pasos propios. 
Levantas la vista para buscar la línea del horizonte y solo logras ver las líneas de la mano. Otro camino para perderse. Otra esquina a doblar. Lo ficticio o lo real. Un futuro incierto.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Entre el Déjà Vu y el espejismo

Cantaba Joaquín Sabina con Chavela Vargas que “el fin del mundo te pille bailando”. No es el fin del mundo, tan solo el fin del verano. Y no, ni uno ni otro nos pillan bailando en Jaén. Pasamos en unos días de ser una ciudad muerta a continuar siendo esa ciudad dormida, cómoda en su letargo. 
Pero ya saben, el verano es tiempo de descanso, incluso para algunos de reflexión, y hasta nuestros gobernantes vuelven con las pilas cargadas. Retornan como si hubieran encontrado una fórmula mágica capaz de sacar a la ciudad de su sempiterna modorra y como si hubieran bebido de la fuente que les dotara del conocimiento para gestionar. 
Es un espejismo. Se produce cada año en los primeros días de septiembre. Regresan como si quisieran solucionar los problemas de esta ciudad, hasta los creados por ellos; como si supieran solucionarlos. 
Anuncian a bombo y platillo el desbloqueo del Museo Íbero, el inicio de las obras en la calle Cataluña, los avances de uno de los futuribles centros comerciales y hasta que la Junta suavizará la norma para que la música vuelva a sonar en el interior de los garitos de Jaén. Vamos, que si se descuidan nos dan fecha para la puesta en marcha del tranvía y la apertura de la iglesia de Santo Domingo. ¿Por qué ahora sí, antes no y mañana puede? 
Ante tanto ruido y con tantos altavoces corremos el riesgo de dejarnos atrapar por el espejismo y abrazar la fe de los crédulos. Lo malo es que cuando se disipe el espejismo comprobaremos que seguimos en el mismo páramo. Nos golpearemos con la realidad, pero no se preocupen ni se hagan ilusiones; se les pasará pronto. A ellos y a nosotros. 
Y volveremos a la anormalidad, que es nuestra normalidad: los proyectos paralizados, las riñas de gatos, la ineficacia como testigo, la semilla de la desesperanza y la desafección, el desprecio a la cultura, el triunfo de la idiotez y el ascenso de los vivos. 
Entre lo merecido y lo desmerecido hay más de espejismos, cantos de sirena o cuentos chinos que de un futuro tangible para la ciudad. ¿Hasta cuándo podemos aguantar así? Lo ignoro, dicen que la capacidad de sufrimiento de algunas especies no es cuantificable. 
Pero alégrense, hoy comienza el Alligator Rockin' Festival. Cuatro días de rock en la ciudad del lagarto. Y aunque hay quien cree que esta música tiene algo de infernal y aunque admitamos que el diablo puede enredarse en las cuerdas de una guitarra, el rock es de lo poco en lo que todavía hoy se puede creer. 
Live rock.

Artículo emitido en SER Jaén, "La Colmena", el 14 de septiembre de 2017.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

El contralibro

Leo que una reconocible periodista ha publicado su quinta novela. Y me quedo un poco perplejo. Ignoraba que escribía y como es evidente no he leído una sola de sus criaturas. Ignoro cuál es el criterio para publicar a algunos autores en este país, pero imagino que el apellido ayuda; cuando además quien lo portaba primero es también reconocible y durante años ha escrito al servicio y supongo que en cierta medida al dictado de algunas empresas de este país, incluidos esos grandes almacenes de conocimiento general. 
No voy a retomar esa manoseada relación del periodismo y la literatura, más que nada para no ofender a tipos como Mark Twain o Ernest Hemingway o a algunos más cercanos como Manuel Vázquez Montalbán o Javier Valenzuela, pero es constatable el elevado número de periodistas que en los últimos tiempos publican, y de forma reincidente, con escaso, digamos, acierto. 
Al hilo de ello pensaba que igual lo lógico sería escribir el contralibro; habría que definirlo previamente, claro. Pero no, la clave sigue siendo la misma, una buena elección tanto del autor como de la obra. Da igual que se editen o reediten muchos o pocos libros, estos o aquellos autores, lo importante es saber lo que uno quiere leer y hasta donde está dispuesto a arriesgarse. 
Probablemente resulta poco creíble y algo presuntuoso que escriba esto alguien que se caracteriza por lo que podríamos denominar un “anarquismo lector”. Ese mismo que me lleva a entretenerme leyendo-jugando con los poemas de Eduardo Scala a la vez que leo, no sin alguna pesadumbre, la historia de la familia Oesterheld, tras haber devorado la “Colección particular”, de Juan Marsé, editada por Lumen. 
En cualquier caso, se puede discutir la credibilidad, pero no la falta de criterio, aunque éste sea cuestionable y no compartido. Y admitiendo que esa elección, errónea o certera, me priva de leer algunas obras que sin duda merecen la pena. 
Puestos a cavilar, pensaba también que cuesta más escribir sobre la derrota que sobra la victoria. Y recordaba aquello escuchado a muchos actores que es más difícil hacer reír que hacer llorar. Y entre la cavilación y el recuerdo llego a la conclusión de que la mayoría de los autores escriben mejor desde el dolor, sin entrar en consideraciones sobre la cuantificación del mismo y asumiendo que ello no implica como resultado una escritura trágica o un relato dramático. 
Puede que no sea más que un estereotipo, que me deje llevar por esas vidas truncadas demasiado pronto y llenas de excesos, como las del poeta Rimbaud, la del pintor Modigliani o la de alguna estrella del rock, género en el que la lista es extensa. Ya conocen aquella fórmula maldita de vivir rápido y morir prematuramente. 
En fin, que lean lo que quieran, pero por lo menos algo que alimente.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Caleidoscopio

Quizás no lo percibimos de forma consciente pero el hecho de deslizar los pasos por el suelo en ocasiones implica algo más que pisar, con paso decidido o no. Hay vestigios en el enlosado que pertenecen a tiempos pretéritos, tiempos de la infancia en los que el suelo era un tablero de juego de formas geométricas y ensoñaciones infinitas. 
Ese mismo suelo que ahora evoca a Escher. Ese mismo suelo que nos recuerda el caleidoscopio que nos fascinaba mientras engañaba a nuestros ojos. 
Aquel cilindro que agitábamos para destruir una imagen y construir otra geometría fascinante y hasta cierto punto incomprensible. Es posible que aquella fuera nuestra primera deconstrucción, gestada desde la ignorancia más absoluta en términos conceptuales y artísticos. Era pura fascinación, aquella que aletarga y estimula los sentidos primarios y escondidos de los infantes inquietos y expectantes.
Ahora querrán convencerme de que nada es fortuito. Me hablarán de tendencias, modas y estilos. De diseños concienzudos y característicos de una época perdida, prendida en el recuerdo de quienes apenas conservan ya recuerdos. Y algún osado respirará hondo y sentenciará que el pasado siempre vuelve porque nunca se acaba de marchar y exclamará con el suficiente volumen para ser escuchado que nos movemos entre lo clásico y lo vintage. 
Y yo vuelvo a mirar con aquella mirada que creía perdida, esa que ya daba por olvidada. Y trato de reconstruir lo que ese suelo esconde en algún rincón de la memoria, aquellas baldosas que dibujaban falsas alfombras en una época ya perdida. Los suelos que entonces eran tan familiares. Las desaparecidas casas de mis abuelas. Mis desaparecidas abuelas. Mi infancia. 
Y todo cabe en una baldosa. Todo se encierra en ese cuadrado, que sin embargo era infinito en una mente juguetona. 
Quisiera no pisar ese suelo, flotar en él. Y evocar aquel tiempo perdido, tan lejano y sin embargo siempre de una manera u otra presente. 
Y ahora sueño en el aula del poeta, donde impartía su docto magisterio de esa lengua asentada más allá de los Pirineos; en esta Baeza de alguna manera inesperada e improbable en este mar de olivos, que esta alfombra enlosada está engarzada con versos ocultos en la cabeza de Don Antonio y que las palabras jugaban nerviosas dibujando arasbescos mudos.

sábado, 22 de julio de 2017

Para pensantes

Si alguien me preguntara para qué sirve un libro la primera respuesta sería que para leer. Una obviedad, dirán. Pero qué es leer en realidad; no lo duden, mucho más que reconocer las letras engarzadas en palabras, descifrar las palabras enhebradas en frases y comprender el significado de las frases sosteniendo versos o construyendo relatos. Leer es también compartir, soñar, viajar, disfrutar, vivir... 
Si alguien me preguntara qué es “Parapensares” le diría que es un libro para leer. Y también un libro para pensar y para reír. 
Es la última criatura de mi amigo Miguel Agudo. Poeta y ahora ‘parapensador’. La ha editado “La Isla de Siltolá” en su colección “Aforismos”. No tiene que ver con sus otras criaturas editadas por la misma editorial, “Amorexia” y “CUANDO HERODES LA TIERRA”, su ‘pequeño arlequín’ de portada inspirada en la primera edición de “Greguerías”, de Don Ramón Goméz de la Serna; aunque quizás existiera algo de premonición en esa inspiración ramoniana, porque el propio autor reconoce que sus ‘parapensares” son aforismos a modo de greguerías. 
Son puro entretenimiento, pero como ya he advertido no buscan solo la risa fácil, son además una invitación para despertar a la mente, una provocación para ver si duerme y es por tanto un caso perdido o por el contrario, comprobar que está viva y acepta el juego. 
Porque también se trata de eso, de enredarse en los pensamientos, en los guiños y en los giros de las palabras y recorrer el camino que propone su creador para llegar a un destino diferente al que señala el punto de partida. Esa senda que solo puede trazarse con talento y con un profundo sentido del humor. 
Para pensar, para reír y sobre todo, para leer.

viernes, 7 de julio de 2017

Viento de ayer

Siempre sopla ese viento en sentido contrario a las agujas del reloj. Se cuela entre los dedos, arrastra los pedazos de la tormenta y muestra los jirones que el tiempo deja en la piel. 
No se ve, es incluso difícil escuchar las notas de la canción que susurra en los oídos entreabiertos; un rock para olvidar o un tango para recordar que “ayer escribí en el viento las cosas que hemos perdido, cosas que nunca cuento, cosas que nunca olvido”. 
El ayer siempre es hoy. Y ese viento ruge en silencio, agita el líquido pardo del fondo de la botella para despertar una tempestad. 
Los ojos brillan como luceros de fuego. La sangre golpea una puerta inexistente. Y solo pervive el sueño de abrir una ventana para escapar o para que el viento entre o salga, borre los surcos de la memoria y el vacío cree ese mundo de ficción que es la calma. 
Pero no hay tregua. La amenaza de la zozobra aumenta con cada rugido. El mar se embravece y la cresta de las olas despierta a los demonios dormidos. El rumbo se torna incierto. El naufragio parece inminente. Solo las velas mantienen el pulso con el viento para alejar la nave de las rocas. Hasta las sirenas duermen. Y la luz parece enredada en el mismo fondo de la botella donde nace la tempestad.
Es cuestión de tiempo. Y el relojero asiente, intentando descifrar el mecanismo de la máquina que mide el tiempo.

lunes, 26 de junio de 2017

Jaén no cuenta

¿Qué hemos hecho para merecer esto? Si ahora en Jaén hasta protestamos en la calle como los de Granada. 
Bueno, igual no. Aquí empezamos la casa por el tejado y se crea una plataforma de churras y merinas en la que todos quieren parecer lo mismo, pero en la que a algunos les asoma la patita. ¡Qué cruz! 
Jaén no cuenta. La lista de despropósitos es interminable ¿Lo último? El Estado niega ahora la cesión a la Junta del suelo donde ya se ha construido el Museo Íbero y rechaza aprobar una partida para arreglar la techumbre de la Catedral de Jaén. 
No tenemos interlocutores ni en Madrid ni en Sevilla. No hay quien dé la cara por Jaén. En el PP, ni el ministro Montoro ni Fernández de Moya, siempre más dispuestos a restar que a sumar para esta provincia. 
¿Y el PSOE? Estaba entretenido con el cuento de la lechera. Debían ser los únicos que no sabían que al final se rompe el cántaro. Y además, nos hemos tenido que quedar con la lechera. 
Ya saben que desde Ferraz, Sánchez renuncia a dar la batalla en el congreso regional y opta por mover los sillones en las provincias. En esa ofensiva, Jaén está en la diana y el objetivo no es otro que sumar partidarios para evitar que Susana Díaz repita como candidata a la Presidencia de la Junta de Andalucía. 
Las primarias del PSOE han demostrado que de Despeñaperros para arriba la presidenta andaluza no les vale ni a los militantes socialistas y ahora se abre el tiempo de saber cuántos en Andalucía piensan lo mismo y están dispuestos a apostar por el fin de esta etapa clientelar, en la que un voto es un cargo público, orgánico o ambos. 
Haría bien Paco Reyes (secretario general del PSOE de Jaén) en volver a los inicios y rebelarse contra una dirección regional que de Jaén solo espera votos y con la que no existe reciprocidad en proyectos e inversiones. 
El seguidismo nunca es una buena elección. Y al PSOE de Jaén ya no le da ni réditos personales.

Artículo emitido en SER Úbeda, el 26 de junio de 2017.