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jueves, 30 de junio de 2016

La voz de cera

Escucho la voz de cera derretirse y espero que el viento me traiga su flor blanca. No entierro semillas para que nada crezca y siempre revuelvo el cajón en busca de relojes que marcan el tiempo al revés, dibujando con sus manecillas la incertidumbre; el ángulo desde el que me debato entre darle cuerda o aplastarlo contra el suelo. 
Pinto con un trazo de fragilidad la línea indeleble que separa la cordura de eso que llaman locura. Marcando con la cabeza, a izquierda y a derecha, a derecha y a izquierda, el tic-tac de ese reloj que sigue marcando el tiempo al revés. 
Abro la garganta y brota la llama de una vela condenada a la oscuridad. Y siento como se extingue con el soplo del viento que aspira a apagar también la voz. 
Fluye la cera por esa garganta para modelar palabras, quejidos y suspiros, mientras esboza la sombra de la amenaza del silencio. 
No hay que saber leer las hojas del té, ni siquiera interpretar el vuelo de las aves para adivinar que la voz derretida nunca callará en lo más profundo, reservada solo a aquellos que logren traspasar la línea. Rotos. Sin esperanza. 
Hundidas las manos en la tierra, se sienten los gusanos deslizándose entre los dedos e imagino la sonrisa perpetua de la calavera de aquellos que nunca supieron reír. La última mueca es un guiño a la memoria. 
Y es la pérdida la que nos lleva al silencio, ahoga las voces y las encierra en la cabeza para convertirlas en un enigma. 
La cerilla al prender devuelve el brillo a la mirada por un instante y se agitan los demonios ante la perspectiva de ser derrotados en una batalla que no rehuyen y es eterna. 
Enmudecido, apenas exhalo por la boca entreabierta el humo que desprende la cera derritiendo la voz. El silencio es el vacío. La nada.

jueves, 22 de octubre de 2015

Un poemario de 20 años

Podría decirse que es un recién nacido. Fue parido hace casi 20 años, pero ve la luz ahora. Según su autor, el poeta Manuel Lombardo, no hubo quien quisiera publicarlo hace dos décadas. Así que durmió en el hueco de las maderas del cajón; por un lado, los poemas de Lombardo y por otro, el prólogo de José Viñals. Pero el largo letargo ha sido interrumpido, casi como un juego infantil. Piedra, papel... libros.
Me cuenta un amigo, un viejo y querido amigo, de fina ironía, aguda inteligencia y un profundo bagaje vital, que para él Manuel Lombardo es el poeta de las 4 enes: no, nadie, nada y nunca. Y puede que no esté exento de razón, porque en el propio título de libro se asoman dos de esas enes, “Nadie de nada”. Aunque a veces la nada parezca el todo y el todo no llegue a nada.
Esa misma nada en la que resiste el ser del filósofo negándose a desaparecer. Y esa nada donde se refugian ira y rabia para brotar en los versos del poeta y desde allí golpear al lector distraído, al pusilánime, al eterno degustador de merengues.
No voy a descubrir la poesía de Manuel Lombardo a quien haya tenido la fortuna de saborearla. Pero si me tomaré la libertad de invitar a su lectura a aquellos que la desconozcan. Por nada y por nadie.
Acaba de terminar la presentación del libro y espero a que apenas queden un par de personas en la larga fila que se ha formado para solicitarle una dedicatoria. Aguardo impaciente mi turno y me siento junto a él. Le veo bien, pero con los evidentes signos del paso del tiempo. Me explica que ha hablado con Rakel Rodríguez, de Ediciones RaRo, por teléfono. No ha podido venir, pero ambos sabemos de su aprecio por él y su obra. Desde que le conoció, le leyó y le editó “Miserable poesía”.
No pretendo ser malaje, pero especulo con la posibilidad de que este poemario sea el último. El poeta me dice que sigue escribiendo. No lo ves, reta a mi mirada mientras agita su poemario en el aire. Yo no miro al libro, le miro a él. Y callo. No le digo que este poemario no cuenta porque ya tiene 20 años. Y no puedo evitar pensar que bien pudiera ser que haya poetas del nunca y poetas del siempre. Y que entre ambos están los poetas del todavía. 

"Nadie de nada" ha sido editado por Piedra Papel Libros. Fue presentado por su editor, Juan Cruz López, y por su autor, Manuel Lombardo Duro, el 8 de octubre. 

domingo, 31 de marzo de 2013

Ojos de serpiente (y III)

La serpiente encarna la trilogía de la muerte. Pares, non y la nada. Una nada que es vacío, pero que existe y se perpetúa como sinónimo de pérdida y por tanto, causa de dolor profundo.
Ya no hay monedas en el aire. Detuvieron su giro, para caer a plomo. Y la segunda, como la primera, lejos de mostrar su mejor cara, muestra la cruz como mensaje de desesperanza. Circular heraldo negro, que anuncia el reino de las sombras.
Las máscaras desaparecen para dejar al descubierto la ausencia de rostros. Y muestran lo estéril de la puesta en escena; el fracaso de la obra de la vida y el triunfo de la negra dama. La bajada del telón.
No hay ojos brillantes y febriles frente al tapete verde. Solo la mirada apagada de quien por imposición buscó fortuna en unos naipes ahora vestidos con sus mejores galas, esperanza en las cuencas vacías de la serpiente y la fe de la que carecía en el croupier tramposo y omnipresente. Ahora la ruleta gira al infinito, mientras la ventana al mundo se cierra. Rojo. Negro. La banca siempre gana.
Las lágrimas resbalan por las mejillas de los padres. Agua salada que convierte en lejano, casi inalcanzable, el anhelo de la dulce agua del lago de Lete.
La condena es pervivir en la memoria y esperar que en el futuro el azar cuando la moneda detenga su ritual de giros mire al cielo de cara.
Es tiempo de vencer a los miedos, de creer que la historia no se repite y que las deudas se cobran, porque en algún lugar hay un pagaré oculto que ese mismo tiempo ejecutará en efectivo o en un talón nominativo.

sábado, 13 de octubre de 2012

Viaje a la nada

Una vez escribí desde la tierra que habito un artículo sobre el País Vasco y un ignorante con mando en plaza me conminó ante mi sorpresa a situar a Euskadi “muy al norte” de Andalucía, cuando para mí “muy al norte” se hallaba Escandinavia.
Hoy en uno de esos guiños que guarda la vida escucho que otro con mando en plaza afirma en ese mismo País Vasco que “fuera de España y Europa se está en ninguna parte y condenados a la nada”.
Cuestión de perspectiva, dirán; o de geografía. Pero contemplo el globo terráqueo y veo que frente a esa hipotética nada, Europa (qué decir de España) abarca una pequeña superficie en lo territorial y que disminuye aún más si ampliamos esa mirada a su peso político en el actual concierto mundial; donde parte de esa nada la ocupan los Estados Unidos de América y los denominados países emergentes (BRICS), Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
Y lógico, apuntarán también, que quien nos conduce a ninguna parte, más allá de territorios del pasado doméstico, carezca de la capacidad de mirar por encima de la tapia del patio de su casa y reduzca el universo a lo conocido y por tanto, piense que fuera de él habita la nada.  
El problema es que la ignorancia no es cosa del que la padece, porque se busca hacer copartícipe de la misma al mayor número posible de personas; si fuera posible a la sociedad en su conjunto. Así que no se dejen engañar y sobre todo eviten el contagio, porque fuera de España y Europa hay algo más que mar y tierra y se está y se es. Cosa muy distinta es que eso guste o tenga que gustar.
En resumen, que lo malo no es que un ignorante se niegue a viajar a ninguna parte, lo preocupante es su insistencia en que le acompañemos. ¿Será para escapar de la nada?.