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sábado, 19 de abril de 2025

Jueves Santo

La Jaén que fue deja los posos de la memoria, lugares de referencia y los supervivientes que se mezclan con rostros y recuerdos de los ausentes.
Salgo este Jueves Santo por causas sobrevenidas y para estirar las piernas ante mi inminente reclusión en my house.
Veré salir a la Veracruz, una de las cofradías de uno de mis abuelos que tuvo la fenicia ocurrencia de hacer cofrades a los guardias civiles de toda España, porque uno de mis filios, paradojas de la vida, ha decidido desfilar esta Semana Santa en las filas de la Legión romana; y no precisamente para conquistar las Galias.
Quien me conoce sabe que mi fe reside en los seres humanos y que levanto la vista al cielo, sin despegar los pies del suelo, para soñar e imaginar las cometas volar.
Respeto las creencias ajenas, pero soy consciente de los caminos entrecruzados de lo religioso y lo pagano en celebraciones como la Semana Santa, que, además, en los últimos tiempos se ha inclinado a lo frívolo. No por ello deja de ser espacio para el encuentro y el reencuentro. Para mí en las procesiones de la Semana Santa de Jaén siempre prevaleció la plasticidad y la estética. Era un tiempo de disfrutar de ello y de amigos y conocidos.
Hoy no ha sido distinto. Ambiente en las calles del casco antiguo y reencuentro con los de aquí y los de allí, los de aquella Jaén que fue. Hallo a Marcos Gutiérrez Melgarejo y junto al afecto de años compartimos recuerdos y anécdotas de los que ya no están. Se suman al encuentro Rafa Palomino y Pilar, e, inevitablemente, surgen vivencias de su hermano Carmelo y de mi padre, de Luis 'Millones' y de algunos de los ausentes que siempre eran protagonistas en estas fechas.
Asevera Rafa, y acierta, que ya no hay personajes como ellos en Jaén. De esos personajes que eran, también y de alguna manera, señas de identidad de la ciudad y parte de su paisaje, de "los que veías en la calle".
Las calles siguen ahí. Y el bullicio de los festejos. Conviviendo con una memoria que se pierde y se difumina según nos vamos despidiendo. Nos agarramos a ese poso, contemplando un clavel, como aquellos del Abuelo que cada Viernes Santo dejaban en casa de mi abuela MamaConcha, cuyo color rojo simboliza la sangre derramada de los inocentes. Esa misma sangre que, desgraciadamente, fluye como un manantial.

Foto: Clavel en un vaso de cristal a modo de adorno en la Peña Flamenca de Jaén.


domingo, 29 de marzo de 2020

El mañana

Mañana no habrá trincheras con forma de ventana. Las manos no irán envueltas en látex. Y al desaparecer las máscaras se podrá contemplar una sonrisa en el rostro. 
Se acortarán las distancias. Dos podrán volver a ser uno. Y en pocos metros habrá menos lugar para la soledad. 
Las risas y los llantos se fundirán con los hielos del vaso. Se abrirán los brazos como una invitación. Fluirá el verbo. Y los ojos se volverán a encontrar en ese espacio que invita a la convivencia o a la intimidad. 
Sonará la música en los corazones. Los pasos marcarán el ritmo perdido en las baldosas de pasillos y habitaciones. Un chasquido de dedos y una inclinación de cabeza serán la señal para girar. Dejaremos atrás el baile del claroscuro. Y dibujaremos sobre el piso una pirueta sin final. 
Mañana intentaremos que las palabras dichas sean más hermosas que las palabras pensadas. Llamaremos a las cosas por su nombre. Y arrebataremos al papel o la memoria los pensamientos dulces del confinamiento. 
Atraparemos la luz para desdibujar las sombras. Saldrá el sol. Y la tarde será la innecesaria excusa para esperar a la luna. 
Mañana compraremos flores en la plaza del Pósito, niña Paula. Flores de tallos y espinas. Sin artificios, porque tocará desnudar la verdad y será innecesario adornar la mentira. Y festejaremos que somos y estamos. 
No habrá licor más amargo que un recuerdo triste. Brindaremos por los ausentes. Y sentiremos la vida deslizarse por nuestras gargantas. 
De pie o sentados esperaremos a ese mañana que está por llegar. Donde nos reencontraremos tú, yo y los demás supervivientes. Cuando el espejismo se torne realidad o cuando consigamos despertar.

viernes, 16 de abril de 2010

Deudas del pasado


Hay débitos que no se pagan con dinero. Cuyos intereses se abonan con el dolor y el sufrimiento y con la orfandad de justicia, de dignidad y de cierta dosis de humanidad. Y cuya amortización se contabiliza en insomnio y lágrimas.
Hay deudas del pasado contraídas con el banco del corazón. Firmadas con lazos de sangre. Cuyo impago causa una desolación infinita; consume día a día al deudor y le exila en el territorio de la tristeza, hasta llevarle en ocasiones a la frontera de la desesperación.
El acreedor nunca reclamará por el impago. Ni siquiera existe contrato o notario para dar testimonio del adeudo. Y tampoco avalistas. Y aún así, la condición de ausente, de desaparecido, del acreedor y su pervivencia en la memoria del deudor convierten ese pago en una razón vital, irrenunciable.
La vileza, la ruindad y la miseria humana son los únicos impedimentos a los que se enfrenta el deudor para finiquitar su deuda. Ayer escondidos tras un uniforme y hoy ocultos en una toga. Y siempre envueltos en patrias y banderas.
Una hipoteca de decenios (30, 40, 70 años) para lograr una tumba donde enterrar los restos de un ser querido y una lápida donde escribir su nombre y apellidos. El hilo de una vida para que la ausencia se transforme en presencia, la memoria sea una certeza y el único impago sea de lágrimas.
Foto: La ARMH entrega a las familias los cuerpos de 10 represaliados en La Bañeza. Tomada de http://www.memoriahistorica.org/modules.php?name=News&file=article&sid=1149&mode=thread&order=0&thold=0.

martes, 9 de junio de 2009

Un camino a la memoria

Sucede en Zamora. En un pueblo llamado Santa Marta de Tera. Entre los nubarrones y el negro panorama se abre paso un rayo de sol, un rayo de esperanza. Una juez, Tania Chico, contra el olvido; una juez que abre el camino a la dignidad y a la justicia.
Contra pronóstico y frente a gentes de manos limpias, mentes sucias y corazón negro esta juez ha dado la orden de abrir una fosa común y buscar a ocho fusilados, desaparecidos de la Guerra Civil, los cuatro de Destriana de León y otros cuatro de Benavente.
A pie de fosa la juez recogía los testimonios de los familiares de los desaparecidos. Justicia, dignidad, reparación, emoción, angustia y alegría se daban cita en el cementerio local. La doctrina contra los golpistas del 36 dictada desde la Audiencia Nacional por el juez Garzón, hoy más que nunca convertido en pieza a abatir, se hacía realidad en este pueblo castellano.
Es otro paso hacia la dignidad y la justicia de los ausentes y de sus familias. Seguro que vendrán más y que esta valerosa juez verá como compañeros de toga la secundan en su caminar contra el olvido. En fosas, cunetas y pozos los habitantes de las profundidades de la tierra esperan para ver la luz con los ojos de sus descendientes. Pese a las serpientes que reptan en cámaras y tribunales los desaparecidos ilustrarán la memoria con sus nombres y sus huesos. Esperemos que también contribuyan a identificar a los verdugos.