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lunes, 10 de diciembre de 2012

Los versos secuestrados

No andamos escasos de poetas. Y tampoco cortos de versos. Pero tengo la sensación de que los poetas se vuelven invisibles y los versos han sido secuestrados. Y huérfanos de ambos, poetas y versos, somos más vulnerables.
Dice Juan Gelman, otro ilustre de las letras argentinas que como Borges y Cortázar no tiene pinta de recibir el Nobel, que “con la poesía no vas a poder comer, ni vas a hacer la revolución, pero enriquece interiormente a aquel que alguna vez se le acerca” (El País, Babelia, 8 de diciembre de 2012).
Nunca tuve la mirada del poeta, si acaso una superficial capa en la piel de la que el agua y el jabón no logran borrar las palabras. Y a veces, ni eso. Pero miro entre las estrofas y en alguna ocasión me descubro en versos de lo cotidiano. Y cuando alcanzo a vislumbrar la luz más allá de las páginas de un poemario hallo la esencia de nuestra verticalidad.
Los poetas nunca abren la marcha. Empuñan la pluma. Con sus versos dan aliento a quienes han de agitar las ideas y causan temor a aquellos otros a quienes empequeñecen las palabras.
Hoy es necesario liberar los versos, para hacer posible la visibilidad de los poetas y la propia. Porque en tiempos de utopía, resistir es garantía de supervivencia.

martes, 8 de septiembre de 2009

Salir del Callejón del Gato


Lo encontré en una reseña literaria del Babelia del Sábado (El País, 5 de septiembre de 2009). Como es evidente me llamó la atención su título “Salir del Callejón del Gato”. Y pensé, quizás de forma ilusoria, que no llevó tanto tiempo con este blog para haberme creado enemigos; y en cualquier caso, salir es tan fácil como no entrar. Mi callejón tiene los muros de cristal, paredes transparentes que me permiten ver y ser visto; y de ser cierto eso de que los gatos cuentan con 7 vidas, desconozco cuántas me quedan; pero por si acaso, procuro no perder siquiera una. Así que no entendía ese empujón, esa salida que bien podría ser una huida hacia delante.
Ya saben que la curiosidad mató al gato y si además es de oficio curioso no hay escapatoria. Me lancé, literalmente, sobre la página abierta para leer aquella reseña; más que nada por averiguar a que se debía aquel título, preocupante, lo reconozco, para mí. Y aunque tras su lectura sigo sin saber a qué se debe ese título, me parece de ley reflejar aquí la reseña. El libro en cuestión es un ensayo, al parecer muy ambicioso y documentado, sobre la gobernanza mundial; obra del diplomático Manuel Montobbio, que ignoro quién es, y editado por Icaria, Barcelona, 2008. Parte de la constatación de un cambio en el mundo tras la caída del Muro de Berlín y tras el 11 de septiembre y el ataque a las Torres Gemelas y por tanto, aborda la necesidad de una nueva forma de gobierno mundial, la gobernanza.
Puede ser un caso aislado, pero en tiempos de adopción de medidas preventivas, quizás debo sucumbir a la invitación de una amiga y comenzar a marcar el territorio. Al menos el de mi callejón, porque si no niego la entrada cómo invitar a una pronta salida.