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jueves, 18 de junio de 2009

Seis meses y medio

Ese ha sido mi tiempo de cocción para hacer caldo. De gallina, por supuesto. Ese es el tiempo que ha tardado mi móvil en sonar para que al otro lado alguien me preguntara si estaba disponible. Y ese ha sido el tiempo de aplicación de la receta de la tranquilidad, del todo va ir bien, del seguro que vas a tener suerte y del que vas a encontrar trabajo pronto. Ignoro si seis meses y medio es mucho o poco tiempo. A mí me ha parecido una eternidad.
Pero sí, puedo decir que abandono la fila de los desheredados. Aunque es un abandono temporal. Un billete de ida y vuelta. Y aún así lo he comprado con los ojos cerrados y pienso disfrutar del viaje.
Me prometo a mi mismo no pensar, por lo menos durante un tiempo prudencial, en lo que ocurrirá cuando el viaje haya terminado. Me prometo no pensar en el reingreso, si nada o nadie lo impide, en la fila de los desheredados. Y no estoy seguro de poder cumplir esta promesa, pero tengo 3 meses por delante para intentarlo.
Después volveré para engrosar las estadísticas, para ser de nuevo un número frío y una excusa o un argumento para los jugadores de ventaja, para los que nunca pierden porque juegan la partida con las cartas marcadas y sólo apuestan las pertenencias de otros. Vida, trabajo, esperanza, miseria, en efectivo o en especie, da igual porque ellos siempre ganan. O al menos lo creen, mientras sueñan con un escenario de 5 millones de sin empleo.
No están para el drama, ni para el melodrama. Y su única tragedia es no reventar la banca con el 5, que además como todos sabemos, incluso ellos, tiene mala rima.

viernes, 24 de abril de 2009

Un exceso de 4 millones

Dicen que los números son fríos. Y también dicen que los responsables de los números no tienen corazón ni conciencia. Afirman que para ellos son sólo eso, números, estadísticas, y que olvidan que detrás de cada número hay una vida, una persona.
Yo pienso que eso no es cierto. Quizás algunos tengan dificultades para ver más allá de los números, para ponerles una cara. Pero estoy convencido de que al final lo hacen. Sobre todo si los números son los del paro y como se ha sabido hoy superan los 4 millones.
Somos demasiados para no vernos. Un exceso. Para ponernos cara basta con salir a la calle y mirar alrededor, al vecino, a quien compra el pan, a quien va a recoger a sus hijos al colegio, a quien está en la parada del autobús… cualquiera de ellos puede ser un sin empleo. No se necesita mucho, de hecho no se necesita nada más que un revés de la vida y ¡zas! te quedas sin laboro. Ni ajustarse a un perfil, ni tener una formación específica, ni idiomas, ni don de gentes, nada de nada, ni siquiera tienes que opositar, te toca y se acabó. Porque hay crisis o porque no la hay, porque ese día era lluvioso y salió el sol, porque… Sin remisión, a la fila de los desheredados.
Pero 4 millones ¡y subiendo! me siguen pareciendo demasiados ¿cómo funciona un país con 4.010.700 sin empleo oficiales camino de los 5 millones? ¿cómo funciona un país con una tasa de desempleo del 17,36 por ciento (más del doble de la tasa de desempleo de la eurozona)?
Y además, me parece peligroso. La excusa perfecta para los predicadores de nuevo cuño; esos que encuentran la solución en seguir apretando sin ahogar el gaznate de los que viven en la cuerda floja o de los que han caído sin red.
Yo empiezo a sentir la presión en mi traquea y también comienzo a tener ciertas dificultades para respirar. Pero, ingenuo de mí, pensaba que era cosa de alergias, del exceso de polen y gramíneas en suspensión.

miércoles, 15 de abril de 2009

Suspiros de España

Suspiro. Mi santa dice que suspiro. Suspiro de día y de noche, como preso de melancolía. Y yo no se si suspiro o resoplo. La Zarzamora llora que llora por los rincones, y yo suspiro.
Debe ser producto de los nervios o de cierta ansiedad. Como un tic. Una exhalación que inunda de improviso la habitación. Por el día es más llevadero, pero cuando llega la noche sobresalta, como un ronquido.
Supongo que es un síntoma más de la crisis y cualquier avezado experto me diría que es normal en carne de sin empleo, como un sarpullido o una úlcera. Aunque a lo mejor es una afloración cutánea de la España cañí y no tiene relación con las cuentas del Reino ni con las propias.
Cuentan que el pasodoble “Suspiros de España”, del maestro Álvarez Alonso, se convirtió en compañero de exilio de los republicanos que tuvieron que abandonar el país por el triunfo del Glorioso Alzamiento. Por la tristeza y por la nostalgia. Esa misma nostalgia que hizo del poeta Cernuda el antiespañol más español, aunque fuera con desgana. Y esa tristeza que te aprieta el sentido y te coge un pellizco en la garganta, por lo menos a mí al escuchar la interpretación de Diego “El Cigala” para la banda sonora de ‘Soldados de Salamina’.
Mi suspiro es más de andar por casa. Me lo tendrán que mirar, pero puedo asegurar que está exento de tristeza y nostalgia. Espero que se vaya como ha venido; pero mientras, si he de escoger entre suspiro y resoplido, me quedo con el suspiro. Ya se que en el callejón es más natural el bufido, pero en el tiempo en que vivimos más vale ir contracorriente que nadar y guardar la ropa. O tal vez no, pero de todos es sabido que al gato le gusta mantenerse lejos del agua.

lunes, 13 de abril de 2009

Regreso a la normalidad

Vuelta a la normalidad, salvo la cera en la calle y el chirriar de las ruedas de los coches sobre ella. Aunque para los sin empleo eso de la normalidad suena un poco a broma.
Los paréntesis de vacaciones y puentes paralizan el país y alteran la rutina doméstica, actúan como una anestesia general y acentúan la agonía del que espera. En esto de esperar la paciencia de los sin empleo es ilimitada, pero el coste y el desgaste por la espera es también ilimitado. Casi una semana de inactividad es una carga mayor que la que han aguantado los costaleros bajos los tronos. Además la Semana Santa en abril es el preámbulo del verano, lo que significa que los plazos de búsqueda de laboro se acortan, apenas dos meses y medio, porque el estío supone una nueva parálisis y un avanti a medio gas. El buen tiempo acelera la percepción del paso de los días y salvo sorpresa en eso abril, mayo y junio son devastadores.
Crisis, recesión, casi 4 millones de parados y sin embargo, al menos en el Sur, los datos de ocupación hotelera y el número de visitantes han sido buenos, mejores que los de 2008, dixit el consejero andaluz de Turismo. Si a ello añadimos las retenciones en carretera en la jornada de ayer, en especial en las circunvalaciones de Sevilla y en el paso de Despeñaperros en Jaén, cabe preguntarse aquello de cuánto peor mejor. Quizás sea un síntoma de desesperación o de irresponsabilidad. O simplemente, que había euros durmiendo bajo el colchón. Sí, también he pensado en el cambio de destino; muchos de los que viajaban al exterior ante la situación económica han optado por el destino nacional, pero ¿todos al Sur? Bienvenidos hayan sido y que repitan, muchos y muchas veces. Algo quedará.