miércoles, 15 de abril de 2009

Suspiros de España

Suspiro. Mi santa dice que suspiro. Suspiro de día y de noche, como preso de melancolía. Y yo no se si suspiro o resoplo. La Zarzamora llora que llora por los rincones, y yo suspiro.
Debe ser producto de los nervios o de cierta ansiedad. Como un tic. Una exhalación que inunda de improviso la habitación. Por el día es más llevadero, pero cuando llega la noche sobresalta, como un ronquido.
Supongo que es un síntoma más de la crisis y cualquier avezado experto me diría que es normal en carne de sin empleo, como un sarpullido o una úlcera. Aunque a lo mejor es una afloración cutánea de la España cañí y no tiene relación con las cuentas del Reino ni con las propias.
Cuentan que el pasodoble “Suspiros de España”, del maestro Álvarez Alonso, se convirtió en compañero de exilio de los republicanos que tuvieron que abandonar el país por el triunfo del Glorioso Alzamiento. Por la tristeza y por la nostalgia. Esa misma nostalgia que hizo del poeta Cernuda el antiespañol más español, aunque fuera con desgana. Y esa tristeza que te aprieta el sentido y te coge un pellizco en la garganta, por lo menos a mí al escuchar la interpretación de Diego “El Cigala” para la banda sonora de ‘Soldados de Salamina’.
Mi suspiro es más de andar por casa. Me lo tendrán que mirar, pero puedo asegurar que está exento de tristeza y nostalgia. Espero que se vaya como ha venido; pero mientras, si he de escoger entre suspiro y resoplido, me quedo con el suspiro. Ya se que en el callejón es más natural el bufido, pero en el tiempo en que vivimos más vale ir contracorriente que nadar y guardar la ropa. O tal vez no, pero de todos es sabido que al gato le gusta mantenerse lejos del agua.

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