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miércoles, 4 de mayo de 2016

Día de lágrimas y letras

Hay días de lágrimas y días de letras. Y días en que unas y otras brotan sin que pueda evitarse. Hay quien da cobijo al duelo en su interior, pero no es bueno dejarlo allí y de una u otra forma conviene sacarlo.
Hoy es uno de esos días en los que cuesta sujetar las lágrimas y las palabras. Miguel me ha enviado un whatsapp para preguntarme si me había enterado. "Carlos, no sé si lo sabrás". "Veo en Facebook que David Padilla". 
Acababa de comer y he sentido ese mismo frío que experimenté cuando me llamó mi padre para decirme que Carmelo había muerto. Y he oído de nuevo a mi abuela materna diciéndome “la maña del judío, después de comer le da frío”. 
He abierto Facebook para confirmar lo que no necesitaba verificar. Y me he agarrado a las letras. Aún así he vuelto a abrirlo varias veces esperando que fuera un bulo más de las redes sociales y que David, como tantas veces hiciera mi padre, tuviera que desmentir su adiós. Pero no ha sido así. 
Cuesta creerlo. He recordado aquella conversación que tuvimos hace unos años durante una noche de verano en el Arrabalejo, cuando me hablabas de tu felicidad con Inma y de lo orgulloso que estabas de tus hijos. Y eso no lo puede contar todo el mundo. Eso es lo mejor que te llevas David, haber alcanzado la felicidad; algo que no todos logramos. 
Sabes como me gustaba la mirada de D. Antonio en este cuadro que pintaste. Quiero pensar que ahora cruzarás esa mirada con la tuya en esa alameda por la que pasean los hombres buenos. Y quiero creer que allí tus pinceles inmortalizarán en el lienzo el rostro y la mirada de los otros paseantes. 
Sé que en esa alameda te reencontrarás con nuestro amigo Paco Palomo y con alguno más que ahora ganarán tu compañía, lo único de lo que nos vas a privar, porque el resto no lo diste todo, en persona y en tu obra. Dale un abrazo a Paco, y otro a Carmelo y a mi padre. Y llévate tú el que no he podido darte antes de tu partida. ¡Qué afortunada es esa alameda!
Hoy se nos ha quedado el día triste y la ciudad un poco más huérfana, pero pensaré en 'aquellos días felices' del poeta y en los que tú nos dejas.

Nota.- El cuadro de D. Antonio Machado es obra del pintor jiennense David Padilla, que hoy 5 de mayo nos ha dicho adiós. No es la primera vez que uso esta imagen en un post. Me fascina este cuadro y la mirada y la expresión del rostro con que David dotó al poeta. Es propiedad de la Universidad Internacional de Andalucía y está colgado en el Campus Antonio Machado de Baeza (Jaén).

viernes, 18 de abril de 2014

Las letras dejaron de bailar

Se fue la Garbo y ahora Gabo no le ha andado a la zaga. Nos quedan Macondo y aquellos otros territorios imaginarios cuyas puertas nos abren la literatura y los grandes escritores.
No voy a escribir sobre García Márquez y su obra literaria y periodística. Tampoco sobre ese nuevo Siglo de Oro de la literatura española que supuso en el XX el boom de la narrativa, fundamentalmente, del otro lado del Atlántico. Y no voy a citar a otros para dejar en el olvido a aquellos que no lo merecen.
Y mucho menos voy a presumir o a dejar constancia de haber conocido a García Márquez más allá de su obra literaria. Nunca, que yo sepa, coincidimos en parte alguna. Así que no tengo material de primera, ni siquiera de segunda; carezco de anécdotas o del deslumbramiento correspondiente ante una presencia que se me antoja inenarrable por su doble condición de creador literario y periodístico.
Recuerdo haber leído “Crónica de una muerte anunciada” de un tirón en una madrugada y no he olvidado que amarré la nave a la espera de que amainase la tempestad con “El amor en los tiempos del cólera”, a la que siempre añadía la coletilla ‘y de la cólera’. Nunca tuve putas tristes, pero no fui indiferente a esa falta de alegría, así que compartí las de la memoria de aquel viejo y entrañable gacetillero nacido de la pluma de Gabo. Y no me dieron la opción de vivir para contarlo, así que tuve que conformarme con contarlo para vivir.
En pocos meses, apenas un suspiro, la pelona no ha parado de danzar. México, un país que viste a la muerte de fiesta, se ha llevado de jarana a Gelman y a García Márquez, pero las letras dejaron de bailar. Y a nosotros nos quedó cara de funeral.

lunes, 19 de septiembre de 2011

El retorno de los piratas

Piratas de pantalón corto. Regresan tras las vacaciones para reencontrarse con sus compañeros de correrías; camaradas de escasos palmos con los que atravesar mares y océanos y navegar en barcos con la bandera negra de la calavera y los huesos cruzados.
Ajenos a virreyes y virreinas que ordenan, al margen de lo que dicta la corona, levantar patíbulos en sus dominios para escarmiento de dómines, sólo piensan en retornar a Tortuga, donde juego y aprendizaje se mezclan con la capacidad de soñar y la pericia de sus mentores.
Poco importan también los miedos de los progenitores, aquellos que un día fueron piratas y hoy en su mayoría se asemejan a los gobernadores de los imperios. Temerosos ante lo que deparará el mañana, prisioneros del presente y protectores por exceso de los pequeños bucaneros.
Su nave zarpa de Infantil a Primaria. Y lejos de las dudas de los padres, pasean arrogantes por cubierta, dispuestos para el abordaje. Convencidos de que ya son mayores y de que el mundo está a sus pies, porque saben leer, juntar un puñado de letras y resolver elementales sumas y restas.
Sus armas son lápices de colores, ceras y rotuladores. Y lo más parecido a un sable es una tijera de puntas redondas. La mochila es su cofre del tesoro. Y los libros, mapas que dibujar.
Los miras, y no hay espejo que refleje con igual certeza el paso del tiempo. Y es entonces cuando aparcas los miedos, para recordar aquellos días en que fuiste un pirata y navegabas por lejanos mares en barcos con la bandera negra de la calavera y los huesos cruzados. Cuando desconocíamos la existencia de Ítaca y el sueño era el País de Nunca Jamás.