jueves, 4 de febrero de 2010

Sosiego

Hay veces en que cunde el desánimo, con la precisión de un cuchillo de hoja de doble filo hundiéndose en la carne; como el bisturí guiado por el cirujano con mano firme hasta cortar esa misma carne.
Es entonces cuando los demonios parecen multiplicarse y golpean sin descanso. Golpes que se encajan a sabiendas de que nunca se logrará ganar esa pelea y sólo puede aspirarse a apretar los dientes y mantenerse en pie.
La crisis económica pasa a un segundo plano y los agoreros del negro porvenir sustentados por el capital no hacen mella con sus predicciones, pero perseveran en la siembra de la semilla de la duda y en descubrir el velo de la desesperanza.
En esos momentos otra crisis se dibuja en la piel del rostro y sólo se halla sosiego en la palabra, nítida y transparente.

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