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martes, 15 de septiembre de 2020

Memoria

La memoria es el derecho a recordar, mientras que olvidar, por lo general, es una necesidad. No siempre se consiguen ni una ni otro. En lo individual es asumible, pero colectivamente es obligado recordar. Comprender, no repetir errores del pasado y sanar son motivos más que suficientes para ello. Hay más. Y cualquiera de ellos juntos o por separado avalan la importancia de preservar la memoria. 
Debe ser entendida por tanto como un bien común. Como el antídoto contra la ocultación, el encubrimiento, la tergiversación, la mentira o el silencio. También como un legado, oral o documental, de una generación a otra, garante de un relato vital que es patrimonio de todos. E inevitablemente, como un elemento imprescindible para impartir justicia y como salvaguarda de libertades y derechos. 
Así que eliminar o minimizar la amnesia colectiva es un motivo de esperanza para los ausentes, pero también para los que están, para los que llegan y para los que han de venir. 
Recordar es también dar voz a los que ya no pueden hablar. A muchos de aquellos a los que silenciaron y sumieron en la oscuridad, a muchos de aquellos a los que además quisieron arrebatarles la dignidad y enterrarlos en el olvido. 
La memoria es el hilo a seguir para hallar la salida del laberinto. El mapa intangible donde se señalan los puntos de origen y destino y el alimento de la tinta que dibuja el itinerario. 
Hoy la memoria es el sueño de los justos hecho realidad.

 

lunes, 30 de marzo de 2020

El reloj de "Picardía"

En algún momento llega ese día en el que el relojero deja de dar cuerda al reloj. Y a partir de ahí es cuando el horario y el minutero recorren la esfera varias veces hasta pararse o lo que es lo mismo hasta marcar el final. 
Estos días se están parando demasiados relojes. Entre ellos, el de Manuel García “Picardía”. Manolo era comunista, un buen comunista. Habrá quien piense que todos son buenos y los habrá convencidos de lo contrario. Eso es lo de menos. Manolo, buena persona, ejercía esa bondad en sus convicciones ideológicas y en su militancia. 
Llevaba tiempo sin verlo y no ha mucho pregunté por él a un común conocido. Andaba más cerca de los 100 que de los 90 y a esas edades uno sabe que en cualquier momento el relojero deja de dar cuerda a tu reloj. 
Lo conocí allá por los años noventa en la sede que Izquierda Unida tenía en la calle Millán de Priego de Jaén. Fue la primera campaña electoral que hice para un partido político como responsable de prensa; luego vendrían otras en IU y más tarde, en el PSOE y el PA. 
Los periodistas teníamos el hábito de frecuentar la caseta de IU en la Feria de San Lucas para dar buena cuenta de los mojitos del Rincón Cubano o para comer algo y allí me volví a reencontrar con Manolo, siempre el primero para arrimar el hombro. 
Así que cada mes de octubre, con independencia de que en alguna otra ocasión me lo cruzara por la avenida de Granada, dado que IU había trasladado su sede allí, se producía un nuevo reencuentro. Manolo venía de Torredonjimeno, el pueblo de mi abuelo, y mientras duraba la Feria, una semana, diez o doce días, no faltaba a su cita en la caseta. 
Siempre que me veía me llamaba niño. Y a mi santa, niña. Y cada año le comprábamos un décimo de lotería de navidad, con el impuesto para la causa, y también caía de vez en cuando un pañuelo o una camiseta de El Che. Me alegraba verle y yo sé que el también se alegraba cuando me veía. 
Recuerdo que una vez se le humedecieron los ojos, la emoción le pudo al hablar de aquellos tiempos en los que el sueño estuvo tan cerca. Y otra vez, nos contó un viaje que había hecho a Moscú. Y también recuerdo que dijo que él no vería la Tercera, pero que llegar, llegaría. 
Era una persona entrañable, de esas que se hacen querer y respetar sin estridencias, con la humildad como tarjeta de visita y con el conocimiento que no se adquiere en los libros pero que da la vida. 
Con él se va una parte de la historia de los vencidos, a los que paradójicamente nunca lograron derrotar. Con él desaparece también una forma de entender la vida con lealtad y de mantener la dignidad frente a la adversidad. 
Nunca olvidaré a ese viejo camarada al que hace unos días se le paró definitivamente el reloj.

lunes, 26 de mayo de 2014

El regreso de la bestia

No me gusta la Europa que se dibuja tras las Elecciones Europeas de 2014. La desesperación con su dosis de ignorancia hace resurgir a los monstruos dormidos y nos demuestra que no hemos sido capaces de aprender de nuestra propia historia.
Es la paradoja de la democracia, los ciudadanos con sus votos permiten el acceso al poder o a una parte de él a formaciones políticas que no son democráticas, pero que saben sacar partido a las reglas del juego de los actuales sistemas democráticos europeos.
Es indiscutible que el auge de los partidos neonazis, xenófobos y fascistas y sus resultados electorales hacen que ese dibujo de Europa sea representativo de la sociedad. Pero no me gusta. Saca a la luz a la serpiente, y eso debería servir para aplastarla, no para sentarla en los escaños que representan el triunfo de la libertad sobre la opresión.
Y no es un hecho aislado. La bestia regresa en media Europa: Francia, Frente Nacional (25,40 por ciento de los votos); Dinamarca, Partido Popular (26,60); Austria, Partido de la Libertad (19,50); Reino Unido, UKIP (27,5); Hungría, JOBBIK (14,68); Croacia, HSP (41,39), Grecia, Amanecer Dorado (9,34)… y hasta Alemania, que representa como nadie el horror del fascismo en la reciente historia europea, otorga al Partido Nacional Democrático de Alemania el 1 por ciento de los votos*.
La respuesta debería ser más Europa, más participación de los ciudadanos, más democracia. En lugar de eso, asistiremos a un giro de algunos partidos mayoritarios en los principales países europeos hacia los postulados de intolerancia defendido por estos partidos que beben en las fuentes del fascismo. Es decir, la renuncia a mirar a Europa para centrarse en la contemplación del ombligo propio.
Probablemente esto era lo planeado. Ante el declive USA y la hegemonía de China no hay sitio en ese futuro nuevo orden mundial para Europa. La crisis se desvela como una enorme arma de poder y su gestión austericida como el instrumento preciso para derribar gobiernos y emputecer la democracia, hasta en su cuna, Grecia.
Europa se vislumbra de nuevo como el bosque de Bolonia donde los otros dirimirán cuitas y negocios y nosotros pagaremos con sangre.
Han despertado a la bestia para ofertarnos la fórmula de nosotros (conservadores+socialdemócratas) o el caos. Pero quién y cómo llevará de nuevo a la bestia al letargo.

 Nota.- *Datos obtenidos de La Marea y El País.