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domingo, 21 de marzo de 2010

Oportunismo

Hay palabras que da igual como se usen, se digan como se digan y sin importar a quién se dicen. Suenas rotundas, con un deje de crítica e incluso de descalificación. Con ánimo de ofensa y con la esperanza de dejar en evidencia al destinatario. Son un compendio de significado e intención.
Las pronunciamos casi arrojándolas sobre el otro y no medimos su grosor, ni reparamos en nuestra condición y nuestros actos. Así que es fácil imaginar que al ser expresadas de forma desmedida, no se calibra la posibilidad de yerro y mucho menos, la de recoger velas y si fuera necesario rendir las naves.
Es más sencillo reducir las imágenes a blanco y negro y trazar líneas divisorias al estilo del “estás conmigo o contra mí”.
Ignoro quien es Joan Antoni Guerrero, salvo que es periodista y que promueve un blog (http://orlandozapatatamayo.blogspot.com) de reciente creación con el nombre del disidente cubano fallecido, Orlando Zapata; en el que se recogen adhesiones contra “el Gobierno cubano” y se defiende “la excarcelación inmediata de los presos políticos cubanos”.
Lo que no ignoro es que ha estado presto para arrojar la sospecha del oportunismo sobre Víctor Manuel y Ana Belén por firmar la mencionada adhesión en forma de carta. Hasta tal punto que el propio Víctor Manuel publicó ayer sábado, 20 de Marzo de 2010, una misiva “A propósito de Cuba”, en la sección de “Cartas al director” del diario “El País”, recordando que ya en el año 2003 se envió una carta parecida al “Gobierno cubano reclamando la liberación de 75 presos políticos (Orlando Zapata entre ellos) y firmada por un numeroso grupo de artistas e intelectuales entre los que me encontraba. ¿Es posible que no tenga noticia de ello el promotor del manifiesto, el señor Guerrero, para manifestar que más vale pronto que tarde al saludar la adhesión de algunos firmantes?”.
Yo nunca promovería un manifiesto como el que ha promovido Joan Antoni Guerrero, aunque también reivindico la excarcelación de presos políticos en Cuba y me sumo a las denuncias por la muerte de Orlando Zapata, resultado de su paso por las cárceles cubanas. Y no lo promovería no por estar en desacuerdo, sino por entender que no me corresponde a mí semejante atribución o protagonismo. Entiendo que son otros dentro de Cuba y fuera de ella, pero especialmente desde dentro, los que deben promover estos actos y el resto, sumarnos y apoyarlos de acuerdo a creencias y valores.
Me parece desafortunado promover un manifiesto de estas características y cuestionar a algunos de los que se adhieren al mismo. Del mismo modo que me parece peligroso erigirse en defensor de la libertad con entusiasmo y escasa memoria; baste recordar que el comandante barbudo antes de convertirse en el dictador de hoy fue un defensor de la libertad; jugándose la pelleja antes, durante y después de su estancia en Sierra Maestra.
No estoy en contra de los manifiestos, sino de aquellos que sin transparencia los promueven. Y lamento la facilidad con que se promueven manifiestos contra la dictadura cubana y la falta de entusiasmo y de iniciativas contra otras dictaduras o contra otras vulneraciones de los derechos humanos, incluso en países democráticos.
Recuerdo una viñeta de Máximo, publicada hace algunos años en “El País”, sobre Ernesto Che Guevara y su icono mundialmente conocido y difundido, la imagen creada por el fotógrafo Korda; reproducía Máximo el icono y añadía “Cuánto vivo, a costa de un muerto”. Pues, eso.

lunes, 1 de marzo de 2010

Disidencias


(En memoria de Orlando Zapata)

Hay una disidencia en el exilio, que padece nostalgia. Y hay otra disidencia “in situ” que sufre acoso, persecución, agresión, encarcelamiento, tortura y en ocasiones, la muerte. Del mismo modo que existen disidencias de facto y disidencias de salón.
Es difícil establecer en qué momento uno se convierte en disidente, saber cuándo deja uno de aguantar en soledad y da el paso para compartir en público su desacuerdo. El disidente es héroe y traidor, libre y reo, mártir y verdugo… es el haz y el envés de la misma hoja del mismo árbol.
Y es necesario recordar que a veces, más de las que se recuerdan o de las que se quisieran recodar, el disidente lo es de aquel o de aquellos que un día también fueron disidentes. Un mismo espacio y un distinto tiempo, que al menos debería hacer reflexionar sobre que nadie es ajeno a repetir la historia, aunque se haga en nombre de la libertad.
Luego existe otra disidencia, casi eterna, que nos es propia, irrenunciable y que puede ser confundida con un acto de rebeldía, cuando no es más que la inconformidad con la propia existencia, que habita en nuestro interior.
Así que todos somos o parecemos disidentes, militantes de la disidencia, hasta que el espejo de la realidad nos muestra que no es verdad, porque ni disidencias, ni disidentes son iguales; ni en el momento, ni en el recuerdo.
Foto: Tristeza en Cuba. EFE. Tomada de la edición digital de El País
http://www.elpais.com/fotografia/internacional/Tristeza/Cuba/elpfotint/20100224elpepuint_9/Ies/.