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miércoles, 10 de febrero de 2010

Un español sin ganas

Si hoy escribiera lo que siento ante tanta inmundicia me llamarían antipatriota. Y serían aquellos que ni me conocen, ni entienden que a mí las patrias me vienen grandes o pequeñas.
No soy de patrias, salvo de aquellas guardadas en el corazón. Ilimitadas, intangibles, idealizadas, incluso imaginarias, que unen y no separan.
No creo en aquellos que se llaman a sí mismos patriotas, que componen la pose con la mano sobre el pecho y con la mirada perdida en una enseña y trazan líneas divisorias invisibles que sólo ellos ven.
Y en ese descreimiento recuerdo al amigo que tras escucharme pedirle con chanza que trabaje para levantar el país, siempre me contesta que lo levanten quienes lo han hundido. Los que llenan la boca de patria y promesas.
Soy un hombre sin patria. Heredero racional y voluntario de los expulsados de su tierra, de aquellos hombres y mujeres libres condenados a vagar por reivindicar un sueño.
Me siento hoy un “español sin ganas” en una “España obscena y deprimente”, como escribiera Cernuda. Evoco a Gelman, “Cuando el dolor se parece a un país, se parece a mi país” y me pregunto como Neruda, ¿Qué será de mi pobre patria oscura?

viernes, 4 de diciembre de 2009

Los 'caracoles' de Neruda

El Instituto Cervantes expone en su sede de Madrid los ‘caracoles’ de Neruda. 400 ejemplares de los 9.000 que el poeta chileno donó en 1954 a la Biblioteca Central de Chile. Más de 20 años de recolecta y una parte de esa cosecha en “Amor al mar. Las caracolas de Neruda”, que puede contemplarse desde el 1 de diciembre hasta el 24 de enero.
Todos sabemos que si te acercas una caracola al oído se puede escuchar la voz del mar. Así que yo imagino que las caracolas de Neruda guardan sus poemas. Y me gustaría saber sí entre sus espirales duerme la voz del poeta, esperando que apliquemos nuestro oído al ‘caracol’ para escuchar la mezcla de la voz del mar y el “Memorial de Isla Negra”.
Cuentan que una de estas caracolas se la regaló Rafael Alberti a Pablo Neruda. Y puede que Neruda aplicará esa caracola a su oído y oyera el mar y “Marinero en tierra”. Los versos del marinero y los versos del capitán. Guardados en un libro sin páginas cuya cubierta es el caparazón nacarado y escritos con una tinta invisible que dibuja las palabras en una misma espiral para lanzarlas al aire de quien sabe escuchar. Poemas como crustáceos ermitaños, asomando las letras de arena y sal.
Llaman malacología a la parte de la zoología dedica a los moluscos; así que debe ser coleccionismo malacológico recolectar caracolas por las playas del mundo, aunque el propio Neruda reconoce que su mayor cosecha de ‘caracoles’ procedía de las calles de París; quién sabe, quizás antes de los adoquines estuvo el mar.
Malacología y poesía. La ciencia siempre complicándose la vida con las palabras y los poetas, como Neruda, llamando a las cosas por su nombre, ‘caracoles’. De mar.
Foto: Pablo Neruda y Matilde Urrutia, en Isla Negra (Chile). Archivo del Instituto Cervantes.