viernes, 25 de diciembre de 2009

Al otro lado del amanecer

Corren tiempos de euforia. Días de buenos deseos. Algunos camuflados entre el abeto y las guirnaldas, pero otros abiertos desde el corazón. Hay gente que desea buenaventura al prójimo con boca pequeña, mientras otros, quizás escépticos, anhelan hermosos deseos ilimitados a propios y extraños.
En apenas unas horas, tras extender Papa Noel su manto de regalos a los pies del árbol, la dicha será de los más pequeños. Mis peques encarnan la Navidad, aunque el espíritu, alejado de artificios, habita el corazón de la gente buena.
Tras este oasis. Esta tregua en la vorágine diaria. Volveremos a la rutina. No conviene pues cegarse por las luces llegadas de los territorios de los sueños. Tampoco, aunque es inevitable, alimentar esa euforia que nos permite, momentáneamente, alcanzar los sueños. Pero sería mezquino no vivir el momento. “Beatus ille”, que anunciaba el poeta.
¡Feliz Navidad! Es una frase hecha. Un tópico. Y aún así, al margen de creencias religiosas o convicciones paganas, es como los copos de nieve encerrados en una cápsula de cristal, que lloran desde el cielo por el capricho de un golpe de muñeca. Son dos breves palabras, y sin embargo encierran un sinfín de emociones, sentimientos, deseos, esperanzas… y una complicidad en el dolor de los que sufren ausencias, de las que hacen jirones en el corazón.
La Navidad para mí, siempre, casi siempre, fue espacio de desencuentros. No recuerdo cuando crucé la línea que separaba el país de los sueños del de las cuitas de familia. Y aún así, sigo celebrando ese tiempo para soñar.
Ahora respiro en la tierra de las palabras. Y eso es lo que ofrezco en estas postrimerías del 2009, apenas asomados al año 2010 que se insinúa, palabras que encierran pensamientos, deseos, amistad, afecto, dicha, esperanza, cariño… para mi duende del agua, para mis amigos, casi hermanos, de La Comunidad, y para aquellos que llevo en el corazón y prendidos del recuerdo.
Al otro lado del amanecer, continúa la vida.

3 comentarios:

  1. Cuando me emociono no sé que decir, se me hace extraño llevar ese pesado traje que a toda costa intento disfrazar con harapos de recortes de miserias y vanidades que sin embargo, creo me gusta.
    Respirar en la tierra de tus palabras me hace sentir débil y tonta, y a la vez, no tener miedo de sacar pa fuera telarañas.
    Gracias.

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  2. Eau, no veo tontería o debilidad en tí y tampoco miedos. Juraría que respiras sin problemas en la tierra de las palabras, propias o ajenas. Gracias a tí. Mis mejores deseos. Salud.

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  3. Navidad,oasis,tegua en la voràgine diaria,dìas de buenos deseos. No es mezquino no vivir el momento, es mezquino volver a la rutina sin ninguna huella de de esos dìas hermosos.
    Es mezquino y triste haber soñado cegados por el resplandor de las luces.
    Màs triste aùn no ser capaces de convertir la lìnea que separa el paìs de los sueños del de las cuitas de familia en un puente que los acerque.
    Y triste respirar en la tierra de las palabras y que se queden sòlo en palabras sin dar el salto de la idea a la realidad.

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