Toda la vida afinando la puntería, evitando mojar la tapa y acordándome de bajarla cuando he terminado. Toda la vida saliendo de la bañera o del plato de la ducha a la carrera, empapado, liándome de mala manera en la toalla para medio secarme y desaguar.
Ahora, una temporada transmitiendo a mis peques lo aprendido y practicado y la necesidad de utilizar un trozo de papel para capturar la última gota y que no olviden nunca tirar de la cadena. Riéndome, junto a mi santa, de la habitual muestra de orgullo infantil “como mi papá”. También haciéndoles padecer alguna vez la salida atropellada de la bañera, incluido el numerito de la toalla.
Y después de tantos años y de tantos esfuerzos, una ONG brasileña me dice que soy un derrochador y que en lugar de hacerlo en el váter y gastar 12 litros de agua cada vez que tiro de la cadena, mejor lo hago en la ducha y mato dos pájaros de un tiro (no quiero herir sensibilidad alguna con lo de matar pájaros y mucho menos que se me entienda mal o se me malinterprete y alguien piense que estamos poniendo el apéndice en riesgo por desaguar en la bañera).
Es cierto que todos alguna vez hemos meado fuera del tiesto; es más, hay personas que se pasan la vida meando fuera del tiesto, pero de la maceta a la bañera hay un trecho. Y ya me explicarán qué les digo a mis peques cuando me pillen en la bañera en esa situación: apéndice en mano, sacando brillo al esmalte. Ni puntería, ni tapa, ni última gota, ni cadena… “como mi papá”. Lo que sea por la madre naturaleza.
Ahora, una temporada transmitiendo a mis peques lo aprendido y practicado y la necesidad de utilizar un trozo de papel para capturar la última gota y que no olviden nunca tirar de la cadena. Riéndome, junto a mi santa, de la habitual muestra de orgullo infantil “como mi papá”. También haciéndoles padecer alguna vez la salida atropellada de la bañera, incluido el numerito de la toalla.
Y después de tantos años y de tantos esfuerzos, una ONG brasileña me dice que soy un derrochador y que en lugar de hacerlo en el váter y gastar 12 litros de agua cada vez que tiro de la cadena, mejor lo hago en la ducha y mato dos pájaros de un tiro (no quiero herir sensibilidad alguna con lo de matar pájaros y mucho menos que se me entienda mal o se me malinterprete y alguien piense que estamos poniendo el apéndice en riesgo por desaguar en la bañera).
Es cierto que todos alguna vez hemos meado fuera del tiesto; es más, hay personas que se pasan la vida meando fuera del tiesto, pero de la maceta a la bañera hay un trecho. Y ya me explicarán qué les digo a mis peques cuando me pillen en la bañera en esa situación: apéndice en mano, sacando brillo al esmalte. Ni puntería, ni tapa, ni última gota, ni cadena… “como mi papá”. Lo que sea por la madre naturaleza.