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viernes, 2 de julio de 2010

Cara de pescado

Recibí un correo electrónico por la mañana advirtiéndome del atraco a recibo armado. Así que al llegar a casa busqué la última comunicación de la compañía junto a los sobres del resto de la correspondencia. Había llegado el día anterior y estaba todavía sin abrir.
Lo abrí, miré el recibo, y es cierto. Ya saben eso de “a río revuelto…”. Yo nunca he creído tener cara de pescado. Pero la compañía, además de vernos cara de pescado, nos considera unos auténticos besugos, a los que puede pescar en sus redes sin oposición.
No es una cantidad grande para una economía familiar, de hecho la cuantía del robo no supera el 2 por ciento del importe de la factura. Pero deja al descubierto el modus operandi de estos depredadores y muy a las claras su inmoralidad. Sin olvidar que es un pingüe negocio, ya que la suma del 2 por ciento del monto de las facturas de todos los clientes de la compañía si es una enorme cantidad de euros.
No contenta con cobrar el ADSL más caro de Europa, a cambio de prestar un servicio exento de la calidad europea, Telefónica ha decidido embolsarse un dinero extra del bolsillo de sus clientes y aprovechando ese río revuelto y la ausencia de controladores ha aplicado la subida del 18 por ciento del IVA al coste del servicio consumido en junio, que se factura con fecha 1 de julio. Una aplicación con carácter retroactivo en toda regla.
Lo lógico sería que Telefónica devolviera el dinero cobrado de más, pero aún careciendo de dotes adivinatorias no yerro si aseguro que no lo hará. Confía en el desconocimiento de sus clientes, en nuestra escasa capacidad reivindicativa como consumidores y en nuestra pereza para reclamar.
Aún así, yo voy a reclamar. ¿Cómo pueden verme cara de pescado? ¡Soy un gato!

martes, 16 de febrero de 2010

La dichosa conexión ADSL

Hay días en los que la conexión a Internet pone a prueba mi paciencia. En esos días me dan ganas de tirar el ordenador por la ventana, de enviarle el router y su conexión ADSL a Telefónica para que hagan con ellos lo que quieran, incluso lo que yo pienso que podrían hacer con ella; a lo que podría añadir alguna otra ocurrente sugerencia.
En días como hoy me siento estafado, me dan igual los supuestos 6 ó 10 megas de que disfruto, pero la velocidad de crucero transformada por gracia de no se qué o quién en paso de tortuga me exaspera.
También en esos días me preguntó dónde están esos representantes de los internautas, a los que nadie ha elegido, para defender los derechos de aquellos que navegamos por la Red. Una denominación, esta última, que ahora comprendo a la perfección, porque me siento como un indefenso pez atrapado en las mallas de estos pescadores de las telecomunicaciones. Esos mismos “telefónicos” que esquilman mi cartera, a la par que ofertan nuevos servicios cuando son incapaces de garantizar el correcto funcionamiento del principal servicio: la dichosa conexión ADSL.
Ya, ya sé que no es eterna la apertura de cualquier web. Pero a mí hoy me lo parece. De igual modo que me parece que libro una lucha titánica contra elementos desconocidos que cargan de cadenas imaginarias mi ordenador y le impiden desenvolverse con una mínima diligencia. Una lucha que pierdo por KO y que sólo podré abandonar cuando el servicio vuelva a la normalidad, gracias a actuaciones ajenas a mi voluntad.
Ayer o anteayer leía que el ministro Sebastián respalda a Telefónica en su planteamiento de cobrar a Google un peaje por utilizar sus redes. Y claro, es inevitable, leer lo del peaje y recordar aquello de las autopistas de la información. Me conformaría con una autovía, incluso con una nacional, porque mi conexión parece un camino de cabras. Aunque atendiendo a la publicidad, alguno pudiera pensar que va a contratar el Halcón Milenario de Han Solo y navegará a la velocidad de la luz; que no se engañe, está más cerca de contratar el Troncomóvil de Pedro Picapiedra.