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miércoles, 3 de marzo de 2010

De tebeo


Que se sepa, si no ha habido cambios de última hora, Mortadelo y Filemón mantienen sus puestos de trabajo en la T.I.A. Esto podría parecer una frivolidad, de no ser porque la realidad supera a la ficción y la alimenta, ya que según hemos sabido hasta los superhéroes pierden el laboro. En la última entrega de Spiderman, el cómic de Marvel, su alter ego, Peter Parker, fotógrafo de prensa (otro del gremio), engrosa la fila de los desheredados.
No hay que preocuparse, el superhéroe seguirá colgándose de los rascacielos neoyorquinos para combatir el mal, pero se ignora cómo le afectará la ansiedad, la angustia y la desesperación de Parker al no encontrar laboro y ver como la fila de los desheredados engorda con “plumillas” y “foteros”. Tampoco hay noticias sobre el futuro laboral del reportero Clark Kent (¡qué fijación de estos superhéroes con la profesión periodística!), aunque es posible que Superman se tiente la capa.
Sin casi darme cuenta tatareo a Kiko Veneno y sus “superhéroes de barrio”. Pienso en Superlópez, otro superhéroe, éste “made in Spain”, que se pone los “gallumbos” encima del pijama, y lo imagino preocupado ante la congelación salarial y el retraso en la edad de jubilación, ¡2 años más haciendo pajaritas de papel!
Zipi y Zape tiemblan al conocer su futuro laboral. El patrón de patronos muestra sin complejos las recetas del PP para la crisis y les ofrece un primer contrato como preámbulo de la esclavitud, con obligaciones y sin derechos. El botones Sacarino, becario permanente y por debajo del mileurismo, duda si ofrecerse para el puesto; a fin de cuentas, sería su primer contrato.
Que no cunda el pánico, es verdad que el hombre araña y el hombre gato han ingresado en la fila de los desheredados, pero según diversas fuentes consultadas, Carpanta ni se inmuta. Al otro lado del Atlántico, el Pato Donald estudia presentarse a las Elecciones Presidenciales. Y en Cataluña, Coby se frota las manos.
Cómo te añoro, Hugo Pratt.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Barbudos y barbados

Los barbudos se instalaron en Sierra Maestra y allí soñaron la posibilidad de otro mundo y dieron esperanza a la Isla y a otros muchos países. Fidel bajó hasta el balcón de Santiago y desde allí a La Habana. La esperanza recorrió la Isla y el sueño se instaló en muchos corazones a ambos lados del Atlántico. Después el sueño se hizo pesadilla. Y ya sólo queda la barba del viejo comandante.
Los barbados, padre e hijo, representan una institución anquilosada, anacrónica y perpetuada en el poder por los privilegios propios y por los otorgados para ganar adeptos, defensores o cómplices. Ahora vuelven con un cambio de imagen de sus vacaciones estivales, bien pagadas por sus súbditos al igual que demasiados extras de la caprichosa mudanza de la hija y hermana a la Gran Manzana. Y ambos muestran en el colorín las mejillas peludas al más puro estilo Carpanta. Quizás sea un guiño al pueblo, principal damnificado de la crisis que a ellos intocables no toca. Nada que una buena maquinilla no solucione. Que se lo digan a Gila y a su filomatic; ya saben aquella que daba gustirrinín. O a Paco Rabal y a su gillette de doble hoja; la del apurado perfecto. Intuyo que Robespierre, el del afeitado total, se adelantó a su época o por lo menos a la de la publicidad.
Entre sueños y coronas queda poco espacio para respirar. Aunque hubo un tiempo en que el sueño sin corona era una bocanada de aire fresco.