En 1992, el año de las luces con Olimpiadas y Exposición Universal, se me fundieron los plomos. De lo que cabría deducir que algo debería haber aprendido en lo referente a apagones. O que daba igual lo que hiciera porque el apagón analógico me volvería a afectar a los plomos. Es decir, que el exceso de luz o la falta de ella tendrían para mí iguales consecuencias.
Y así ha ocurrido. El apagón ha sido casi total, de hecho, sólo se han librado un par de canales locales y algunos de esos innombrables canales de televisión que pululan por las ondas ofreciendo tarot y concursos entre escotes de silicona y algún predicador de nueva hornada.
Podrían acusarme de falta de previsión. Y en alguna medida podría ser cierto. Pero dadas mis dotes adivinatorias o la ausencia de ellas, esa recriminación sería desmedida. Como todo hijo de vecino me había dejado embaucar con el cambio analógico al digital. A la fuerza ahorcan, si quería seguir viendo algún programa de televisión o que mis peques pudieran disfrutar de esa cadena emisora de dibujos animados casi las 24 horas del día. Por lo que había hecho los deberes y contaba con uno de esos aparatitos para codificar la señal de la TDT (Televisión Digital Terrestre). Pero, claro, mi falta de previsión impidió que sopesara por un solo instante la posibilidad de que mis peques se cargaran el citado aparato y además, que lo hicieran en vísperas de la fecha elegida por el Gobierno para fundirnos los plomos televisivos.
El resultado es fácil de imaginar, por un lado, he disfrutado de un día con superávit de canales con efecto nieve (excepto, el de los dibujos animados), y por otro, he tenido que adquirir un nuevo aparatito, que se suma al resto de aparatitos que empiezan a poblar nuestras casas. De modo que cualquier avance tecnológico doméstico implica la entrada en casa de un aparato adicional, la ADSL, la TDT…Todos ellos de espantoso diseño y luces varias e incluso acompañados de mando a distancia.
Lo peor, que la famosa TDT nos trae más de lo mismo, incluso peor. La misma basura televisiva a granel y como principal novedad, tertulias de pensamiento único, propias de regímenes totalitarios por su manifiesta y grosera ausencia de pluralidad.
Y lo preocupante, el Ministerio de Sebastián se siente satisfecho con los resultados del apagón y anuncia avances a corto plazo como la TDT interactiva. Ahí si que se me funden los plomos.
Y así ha ocurrido. El apagón ha sido casi total, de hecho, sólo se han librado un par de canales locales y algunos de esos innombrables canales de televisión que pululan por las ondas ofreciendo tarot y concursos entre escotes de silicona y algún predicador de nueva hornada.
Podrían acusarme de falta de previsión. Y en alguna medida podría ser cierto. Pero dadas mis dotes adivinatorias o la ausencia de ellas, esa recriminación sería desmedida. Como todo hijo de vecino me había dejado embaucar con el cambio analógico al digital. A la fuerza ahorcan, si quería seguir viendo algún programa de televisión o que mis peques pudieran disfrutar de esa cadena emisora de dibujos animados casi las 24 horas del día. Por lo que había hecho los deberes y contaba con uno de esos aparatitos para codificar la señal de la TDT (Televisión Digital Terrestre). Pero, claro, mi falta de previsión impidió que sopesara por un solo instante la posibilidad de que mis peques se cargaran el citado aparato y además, que lo hicieran en vísperas de la fecha elegida por el Gobierno para fundirnos los plomos televisivos.
El resultado es fácil de imaginar, por un lado, he disfrutado de un día con superávit de canales con efecto nieve (excepto, el de los dibujos animados), y por otro, he tenido que adquirir un nuevo aparatito, que se suma al resto de aparatitos que empiezan a poblar nuestras casas. De modo que cualquier avance tecnológico doméstico implica la entrada en casa de un aparato adicional, la ADSL, la TDT…Todos ellos de espantoso diseño y luces varias e incluso acompañados de mando a distancia.
Lo peor, que la famosa TDT nos trae más de lo mismo, incluso peor. La misma basura televisiva a granel y como principal novedad, tertulias de pensamiento único, propias de regímenes totalitarios por su manifiesta y grosera ausencia de pluralidad.
Y lo preocupante, el Ministerio de Sebastián se siente satisfecho con los resultados del apagón y anuncia avances a corto plazo como la TDT interactiva. Ahí si que se me funden los plomos.