miércoles, 30 de septiembre de 2009

Los que se quedaron en el camino

Hace unos 20 años leí un artículo sobre los que se quedaron en el camino. Siempre creí que su autor era el ya desaparecido Eduardo Haro Tecglen, aunque ahora empiezo a tener serias dudas sobre la autoría del mismo. Tuve el artículo guardado durante muchos años, pero demasiadas mudanzas provocan también demasiadas pérdidas. Lo que sí recuerdo, sin lugar a dudas, es que ese artículo estaba dedicado entre otros a Eduardo Haro Ibars, hijo de Eduardo Haro Tecglen, poeta del rock and roll y provocador nato, que proclamó a los cuatro vientos de Madrid aquello de “Soy homosexual, drogadicto y delincuente”.
Eduardo Haro Ibars y nosotros compartimos un mismo territorio, el barrio de Maravillas convertido ya en Malasaña. Donde David Lavedán, hijo del pintor Manuel Avedán y ahijado del pintor y grabador Manuel Alcorlo, y yo éramos los más pequeños, apenamos rozábamos los 20 años, de aquel grupo de bohemios, en el que alguno dejaba atrás los 50. Su tío Pepe, con su taller de estampación de camisetas y fabricación de zootropos y un cuadro colgado en la pared de un museo de París; Pablo, el joyero, el amigo de los pueblos árabes, que montó un cine en un tren para llevar la magia del cine allá donde no llegaba; Fernando Lerín (Lecrín), otro pintor, que emigró a París, tras los pasos de José Luis, que años antes había llevado su guiñol a una plaza parisién. Y Miguel Ángel, el “cagüen”, que vivía en un sótano sin luz en la plaza de San Ildefonso y paseaba sus zuecos de madera por el Bocaccio de Umbral y tantos otros. A este grupo se sumaba alguna vez Kike Turmix, al que nunca recuerdo echándose la mano al bolsillo para pagar alguna ronda de aquel vino peleón que nos enseñaron a beber o de unos “botijos” de Mahou.
Vivíamos en la parte noble de una corrala del siglo XVIII, cuyos vecinos compartían un retrete por corredor, mientras que nosotros disfrutábamos de 2 cuartos de baños en nuestro piso, que los padres de David habían comprado a Fernando Lerín. El reparto de la riqueza nunca fue equitativo y en este caso se podía medir por la disponibilidad de un inodoro y un baño. David dibujaba y yo escribía poesía, aunque a ambos nos faltó perseverar. Por las mañanas trabaja en Telefónica y por las tardes estudiaba en la facultad, pero por las noches, Malasaña era nuestro hábitat. Nunca fuimos los reyes del mambo, pero alguna vez pudo parecerlo.
Era también el Malasaña de El Peles, el sheriff de La Vía Láctea y de Cristina, la camarera barcelonesa también de La Vía a la que bautizamos como Texas; el del par de abuelos del Maragato, Paco y Pepe; el de Manoliño y Mary del gallego; el de la pastelería Oriental, cuyos aseos en la planta baja eran habitual picadero de yonquis; el de las bodegas Camacho, donde había que sortear la barra por abajo para poder desaguar; el de Los Cañones, en la calle Velarde, antes de ser conocido por ser bar de cabecera de Los Enemigos y el del Ágapo, con aquel portero superviviente de Alcalá 20 al que los lugares cerrados y el humo le mordían los ojos y probablemente una parte del cerebro. O el del Manuela, donde contaba Pablo que una vez Haro Ibars y Carlos Tena la montaron, provocando brazo en alto y lanzando consignas en las que ninguno de ellos creía.
Y era el Malasaña del tipo que vendía poemas y robaba bolsos; el del rocker de los franceses y su bate de beisbol; el de los “polis” de paisano; el de los yonquis, algunos confidentes de los “polis”, trapicheando en la plaza del Dos y el de los moros trapicheando en la calle Manuela Malasaña, para acabar a golpes muchas noches, en las que ninguno ganaba la batalla. El de rostros desencajados en busca de una papelina y el de aquella belleza que vimos consumirse día a día por cabalgar en aquel caballo de muerte; ese pura sangre que pocos lograron desbravar y que se llevó a demasiados por delante.
Muchos de ellos han desaparecido, igual que muchos de aquellos lugares. El barrio comenzó a cambiar; Malasaña quería volver a ser el barrio de Maravillas.
Aquel artículo, juraría que publicado en El País, aunque también pudiera ser que se publicará en Diario 16, hablaba de aquella generación destinada a tomar las riendas de este país llamado España. De aquellos que alcanzaron el poder, pero también de aquellos que formaban parte de esa misma generación, educados en valores ajenos y distantes a la dictadura franquista, y que se quedaron en el camino.
Los que alcanzaron el poder, como es sabido, aceptaron cargos públicos o privados y desaprovecharon la oportunidad de cambiar demasiadas cosas, aunque se presentaran con la etiqueta del cambio y realmente cambiaran algunas cosas. Los que se quedaron en el camino, permanecen en muchos casos en el anonimato y en otros, en el olvido o en un segundo plano.
Siempre asocié ese artículo con la novela “El Pianista”, de otro desaparecido, Manuel Vázquez Montalbán. Cuya lectura o relectura recomiendo.
Lo cierto es que 20 años después sigo sin saber adónde había que llegar y sobre todo, para qué.

sábado, 26 de septiembre de 2009

La botica

Las boticas y los boticarios se llaman ahora farmacias y farmacéuticos. En la provincia en la que habito algunos de estos farmacéuticos se caracterizan por impulsar campañas tan saludables como negarse a vender preservativos e impulsar la recogida de firmas contra el matrimonio entre personas del mismo género y sexo. Campañas que sin duda producen un efecto placebo entre quienes las practican.
La botica tenía una estancia interior, denominada rebotica, donde los boticarios elaboraban sus preparados y donde también era habitual recibiesen a amigos y conocidos; llegando en ocasiones a ser un lugar de encuentro entre vecinos. Esa estancia se sigue manteniendo en numerosas boticas, donde se siguen elaborando preparados, pero ignoro si mantiene su condición de lugar de encuentro y conversación.
En Lucena, tras el levantamiento de 1936, el ejército libertador entró en la rebotica de la botica y se llevó a 3 personas que conversaban allí; el boticario, un ingeniero y un tercero, cuyo oficio o profesión no recuerdo, aunque me parece que era el maestro. Los acusaron de “rojos” y de conspiradores y los fusilaron. El nieto de uno de ellos vistió camisa azul y hoy es concejal del PP (partido heredero de los principios sacrosantos que se cobraron la vida de su abuelo) en el ayuntamiento de la ciudad que habito. Por efectos, supongo, del desarraigo, de la desmemoria o de la sinrazón.
Ahora, una botica, y aunque no la nombran intuyo que su rebotica, ocupa titulares de prensa, radio y televisión por su papel de despachar algo más que medicamentos y convertirse en correa de transmisión entre algunos de los protagonistas de la trama de corrupción Gürtel.
La boticaria es una “dama” y si me apuran, una primera dama; según la doctrina de esa concejal madrileña, esposa de un ex presidente y experta en las diferencias entre peras y manzanas. Pues bien, la boticaria en cuestión es la esposa del hombre que no pagaba sus trajes, al que no llaman ni damo ni caballero, y al mismo tiempo, presidente de la Comunidad Valenciana, aunque un amigo juez desgaje al hombre del político. Siguiendo esa tesis, habrá también separación entre la boticaria y la esposa, y si me aprietan quizás volvamos a aquello de la obediencia debida.
Tan entretenidos que estábamos con el clan Pajín y el pedigrí político y democrático de la secretaria de Organización del PSOE y ahora descubrimos que Valencia es tierra de clanes y el “presi”, “ése” que lo sabía todo, tenía el suyo propio, acompañado de su dama y de un amigo del alma.
El aspirante Mariano Rajoy dice que esto es “un embrollo” que ya ha terminado; Ricardo Costa, del clan Camps y salpicado de lleno en el informe policial que deja al descubierto el papel de la botica en la trama, señala al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba; Esteban González Pons, ese político de argumentario de manual, también apunta al ‘comando Rubalcaba’, y la machegaStar, la de las acusaciones sin pruebas contra las instituciones del Estado, dice que el informe policial había sido “inadmitido” (sic) por el juez. El aludido ministro del Interior pide explicaciones al PP y recuerda que “en el Estado de Derecho es la Policía la que pide explicaciones a los delincuentes y no al revés”.
Si esto no se aclara pronto, a ver quién es el guapo que, aunque sea a comprar aspirinas, va a la farmacia.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Goodbye

Siempre he tenido la boca muy grande. Y el vicio de no saber cerrarla. Con los años el vicio se acrecienta y la virtud de cerrarla se diluye. Se evapora. Hoy, esa grandeza de mi boca me ha llevado a tomar una decisión. Decisión, que por otra parte, debería haber tomado hace tiempo, pero la creencia de que las cosas se pueden cambiar desde dentro me había llevado a posponer.
Hoy ya no tengo excusas y me doy de baja en una asociación, la APJ, a la que probablemente no debí pertenecer nunca, porque a través de un carnet supuestamente daba un estatus profesional que la mayoría no alcanza ni merece. Tampoco yo.
No me gustan las medias tintas, las medias verdades y el vamos a llevarnos bien, y muchos menos cuando hablamos del laboro y del ejercicio de una profesión que se presupone una constante denuncia. Yo no entiendo, y así me va, de prebendas, de excepciones, de poner una vela a dios y otra al diablo. Por lo que pueda venir, por lo que pueda pasar. Tampoco entiendo del pago de peajes para figurar, para fomentar la apariencia de lo que no se es y de lo que nunca se podrá alcanzar a ser.
Pero por edad y por bagaje debería comprender que no se puede llamar a las cosas por su nombre, que no se puede ir de frente sin miedo a que te partan la cara, que no se puede defender a los amigos ante quien difama sin conocimiento o escondido en su propia necedad o prepotencia.
Y por si no tuviera bastante, yo que no creo en casi nada debería al menos haber considerado la rotura de un jarrón que heredé de mi padre. Ignoro si como presagio o como premonición de que los caballos dueños de su relieve auguraban un galope libre o una condena al lazo de una cuerda cuyo extremo no alcancé a vislumbrar. Y que ahora hechos añicos poco importa.
Me gustaba el jarrón. Me gustaban los caballos. Y no me gusta el desaire, la condescendencia, la disculpa… no me gusta que me perdonen la vida aquellos que son capaces de vender su alma al diablo para mantenerse; para perdurar en un cargo, que no en el tiempo.
Abandono. Dimito. Entre otras cosas porque nunca he tenido ambición por figurar y consciente de que mi voz no se escucha. Nunca he tenido vocación ni aspiración de profeta, ni tampoco, pese a lo que piensen algunos, de abanderado. Me voy, como el poeta, ligero de equipaje.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Fuera del tiesto

Toda la vida afinando la puntería, evitando mojar la tapa y acordándome de bajarla cuando he terminado. Toda la vida saliendo de la bañera o del plato de la ducha a la carrera, empapado, liándome de mala manera en la toalla para medio secarme y desaguar.
Ahora, una temporada transmitiendo a mis peques lo aprendido y practicado y la necesidad de utilizar un trozo de papel para capturar la última gota y que no olviden nunca tirar de la cadena. Riéndome, junto a mi santa, de la habitual muestra de orgullo infantil “como mi papá”. También haciéndoles padecer alguna vez la salida atropellada de la bañera, incluido el numerito de la toalla.
Y después de tantos años y de tantos esfuerzos, una ONG brasileña me dice que soy un derrochador y que en lugar de hacerlo en el váter y gastar 12 litros de agua cada vez que tiro de la cadena, mejor lo hago en la ducha y mato dos pájaros de un tiro (no quiero herir sensibilidad alguna con lo de matar pájaros y mucho menos que se me entienda mal o se me malinterprete y alguien piense que estamos poniendo el apéndice en riesgo por desaguar en la bañera).
Es cierto que todos alguna vez hemos meado fuera del tiesto; es más, hay personas que se pasan la vida meando fuera del tiesto, pero de la maceta a la bañera hay un trecho. Y ya me explicarán qué les digo a mis peques cuando me pillen en la bañera en esa situación: apéndice en mano, sacando brillo al esmalte. Ni puntería, ni tapa, ni última gota, ni cadena… “como mi papá”. Lo que sea por la madre naturaleza.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

¿Y si no está?

Sucedió una noche sin luna del mes agosto. Era 1936. Asesinaron a Lorca, entre Víznar y Alfacar, a escasos metros de la Fuente de las Lágrimas (Aynadamar). Junto al maestro Dióscoro Galindo y a los banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas y Franciso Galadí. Ahora dicen que probablemente también están enterrados en esa misma fosa el inspector municipal de tributos de Granada Fermín Roldán y el restaurador granadino Miguel Cobo Vilches.
No hay dudas de que el crimen se produjo en ese lugar, en el camino (hoy viejo) entre Víznar y Alfacar. Cualquiera que pase por allí, antes de llegar al Parque, donde está el monolito, junto al olivo donde se cree fue asesinado Lorca, puede ver los desniveles del terreno en las vaguadas junto al camino; indicadores mudos de los enterramientos de otros tantos, vecinos de Granada y de la zona, asesinados, que sus familiares recuerdan con ramos de flores, depositados entre otros olivos.
Ahora, pese a las negativas primero y a las dudas después de los herederos de Lorca sobre la apertura de la fosa, un equipo de técnicos e investigadores busca en 300 metros cuadrados algo más que huesos.
Es la búsqueda para recuperar la Memoria, cargada de una enorme simbología representada por Lorca, por su muerte, su vida y su obra. Y también por la pervivencia en la historia de aquellos que no cayeron en el anonimato al ser asesinados junto al poeta. Dignidad y justicia. Sí, y la oportunidad de saldar una deuda con esa historia cainita nuestra.
El hallazgo de los restos no cambiará lo acontecido, ni la proyección y universalización del poeta, como temen justificada o injustificadamente los herederos de Lorca. Tampoco disminuirán los ingresos económicos. La verdad sólo hace daño al que la esconde, al que trata de ocultarla, pero para otros, como Ian Gibson, es necesaria.
¿Y si no está? Hace años me contaron una historia, un importante y reconocido lorquiano, de donde está enterrado el poeta. Escribí, en estado casi febril, algo sobre ello, que duerme sin ver la luz. Quizás porque necesito saber si es cierta la historia que me contaron; algo que sólo podré saber cuando se abra la fosa. O puede que tampoco. Pero me gustaría saber si hubo un último viaje del poeta y Laura guarda el secreto en el Balcón.

Muerto cayó Federico/- sangre en la frente y plomo en las entrañas -/… Que fue en Granada el crimen/sabed - ¡pobre Granada!-, en su Granada…

“El crimen fue en Granada (A Federico García Lorca)”, Antonio Machado. Ayuda, 17 de octubre de 1936.

martes, 22 de septiembre de 2009

Los primeros fríos


Es final de septiembre. En Baeza el sol engaña, porque tras sus rayos esconde los primeros fríos. Ya han terminado los cursos de verano, así que varían los ritmos y la Universidad sigue uno más pausado.
Esa pausa es la que me permite disfrutar ahora en más momentos, breves eso sí, del silencio del patio. Un silencio sólo roto por el sonido del agua de la fuente. Miro los guijarros incrustados en el suelo, completando formas geométricas, dibujando en blanco y negro. Siento al tacto la suavidad del mármol de sus columnas y como una columna más me fundo en este paisaje cotidiano. Siento mi ser. Sin trascendencia. Consciente de que soy algo minúsculo en el universo. Y con la certeza de ser vulnerable y efímero. Como ave de paso; sin alas, huérfano del sueño de Ícaro. Trato de mirar más adentro y confirmo la fragilidad y la incertidumbre ante el tránsito de la vida y el desenlace de la muerte; cuando Átropos corte el hilo de la vida y Caronte busque una moneda debajo de mi lengua. Pienso en mis peques, y eso me reconforta.
El ruido de la apertura y el cierre de una puerta me devuelve al patio para dejar de ser una de sus columnas. Por la puerta principal entra un grupo de turistas comandado por la guía. Echo un rápido y amplio vistazo al patio, contemplo los cuatro naranjos de hojas olorosas, percibo la nostalgia del silencio y siento un escalofrío en la piel.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Boicot a Prisa

No voy a respaldar un boicot en Facebook o en sitio alguno contra el grupo Prisa. Porque pienso que ese no es el camino.
El único boicot que entiendo, pero no comparto, es el de aquel o aquellos que libremente decidan o han decidido no comprar El País, As o Cinco Días, no oír la Cadena Ser, Radiolé o Los 40 Principales, no ver Cuatro y darse de baja en Digital Plus.
Mi único boicoteo es decir lo que pienso y lo que no me gusta. Seguiré comprando El País, porque todavía puedo soportarlo.
No me gusta el Cebrián que se comporta como un perro rabioso; el que ha llevado a la deriva a El País, arrastrando hoy al grupo Prisa en esa deriva.
No me gusta el Fernando Garea que publica informaciones para dejar en evidencia al presidente del Gobierno, sin citar una sola fuente (El País, 14 de septiembre de 2009). A pesar de que lo tengo por buen periodista tras su paso por El Mundo, Público y el propio El País, y por supuesto en sus intervenciones en las mañanas de Tele 5.
No me gusta el químico metido a periodista Javier Moreno, al que Cebrián puso de director de El País, y que avergüenza a propios y extraños con las 5 páginas de ayer domingo dedicadas al Comité Federal del PSOE, a la salida de Solbes… (El País, domingo 20 de septiembre de 2009, páginas 14-18), y su “intervención” en la Defensora del Lector, “EL PAÍS y Zapatero: una crítica incómoda” (El País, domingo 20 de septiembre de 2009) defendiendo el “periodismo” y “la dignidad de la Redacción y todos los profesionales que hacen posible El País”, una dignidad que mancha con frecuencia y en demasía, al igual que la dignidad de sus lectores, con su comportamiento “periodístico”, la limpia y el envío a galeras de parte de esa Redacción que dice defender y su complicidad en empujar a El País a la deriva.
No me gusta el escritor Juan Cruz, cuando en la columna Cosa de Dos, “Lo incierto” (El País, domingo 20 de septiembre de 2009) insiste en la media verdad para negar el monopolio de Prisa en la televisión de pago y de paso arrearle al ministro Sebastián; cuando sabe como todo el grupo Prisa y los que no somos el grupo, que ese monopolio se daba en la práctica.
No me gusta el colaborador Enrique Gil-Calvo sumándose con su artículo “Autonomía” (El País, Lunes, 21 de septiembre de 2009) a la corriente de opinión general del grupo Prisa; aunque su análisis de la situación económica actual de España, tanto interna como externa, es magnífico; el último párrafo arrastrando por el fango a Zapatero resulta cuando menos sospechoso en las actuales circunstancias.
Pero El País es también otros muchos como Javier Pradera y José María Ridao (a los que no he leído pronunciarse sobre el tema), como Forges, Romeu, El Roto, Peridis, como Enric González (que si se ha pronunciado, también con elegancia y cerrando filas), como Miguel Ángel Aguilar, Josep Ramoneda o como Maruja Torres, Javier Marías o Ramón Lobo. Y El País también fue Máximo, Francisco Umbral, Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Haro, Antonio Gala, José María de Areilza, Juan Cueto…
De Cuatro sólo me interesa Iñaki Gabilondo y sus editoriales diarios de lunes a jueves, aunque alguno sea para criticar con elegancia al presidente del Gobierno y cerrar filas con Prisa. {Es importante recordar en estos momentos de tribulación su entrevista al entonces presidente del Gobierno, Felipe González, en TVE; de obligada emisión para estudiantes de Periodismo; una entrevista de manual}.
Y de la Ser… me han decepcionado algunos de sus periodistas y su mal estilo. No Francino, me aburren su caca, culo, pedo, pis y su somos guays, pero sólo te decepciona aquel del que esperas algo; Carles Francino me parece un buen presentador de informativos de televisión y un mal conductor de un programa de radio como Hoy por Hoy. Si me ha decepcionado Angels Barceló, debí seguir la pista que dejó Javier Astasio sobre el desembarco de Barceló en A vivir que son dos días, cuando sustituyó a Fernando G. Delgado; pero no lo hice; así que supongo que me está bien empleado.
No critico el derecho de El País y del resto de medios de comunicación del grupo Prisa a criticar a Zapatero; de hecho es su obligación como medios y como periodistas. Lo que critico es que lo hagan al unísono cuando les han tocado el bolsillo y además pretendan hacernos comulgar con ruedas de molino. La indecencia no está en la crítica si no en el motivo de la crítica: el dinero (la devaluación del precio de su plataforma digital, el estado precario de sus cuentas…) y la pérdida de privilegios en Moncloa a favor del grupo de Roures.
Lo que me preocupa es que alguien de Prisa pueda pensar de verdad que si el PP gobierna tras las próximas Elecciones Generales va a derogar el decreto-ley de aprobación de la TDT de pago. Bastante tendrá el PP con intentar enterrar sus casos de corrupción y disimular el hedor que desprenden.
Tarde o temprano habrá fumata blanca entre Prisa y Zapatero. Ignoro cuándo y el precio a pagar. Si sé que este enfrentamiento sirve o debiera servir para que algunos pierdan su candor, la confianza ciega y puede que para comenzar a tener criterio propio y emplear tiempo en la reflexión. Cabeza fría y corazón caliente.
Yo como informado y deformado renuncio, salvo sorpresa mayúscula, ataque suicida o hundimiento del imperio, a escribir más artículos sobre el particular.