domingo, 8 de febrero de 2026

El 9, el espejismo que se hizo realidad



No es un espejismo. Aunque probablemente muchos de nosotros compartimos, no ha mucho y tras “La otra vida”, la visión de esa imagen que no era real de un nuevo disco de 091. Y sí, como los sueños se cumplen, la visión se hizo realidad. El runrún, la expectativa y por fin, un 6 de febrero, la criatura ve la luz.
La banda o la nueva compañía discográfica ya nos habían administrado varias canciones a modo de anticipo de ese “Espejismo nº 9”. La miel en los labios a la espera de meter el dedo en el tarro. También dos días antes había anticipado Javier Gilabert su crítica en la revista “Efe Eme”, en la que define a esta nueva criatura de los Cero como “Posiblemente, el mejor disco de 091” (es hasta la fecha la mejor radiografía que he leído del disco).
Los ceroadictos, ya una variopinta muestra de puretas, vivimos desde la despedida y la resurrección en el alambre, mirando al horizonte sabiendo que tarde o temprano ha de salir el sol y volveremos, como pronosticara el maestro Lapido aquella noche en Granada, a encontrarnos en el rock. Es decir, sin perder la esperanza.
El tiempo y las incertidumbres siguen revoloteando como pájaros sobre nuestras cabezas en ese universo que compartimos con 091, con la letra y la música de sus canciones. Y escuchando y reescuchando el disco me ha dado por pensar que bien pudiera ser el último, el suyo o el mío (deseo que no), lo que no disminuirá la fe en que de nuevo saldrá el sol.
Me ha sorprendido este disco. Quizás porque en el anterior primó la emoción por asistir al nacimiento de un nuevo disco de los Cero tras ese paréntesis que creímos no se cerraría nunca porque el adiós era definitivo. “La otra vida” era por las urgencias y la necesidad un disco irregular, desigual; aún así colmó nuestra sed.
Se que habrá críticas, porque hay quien espera siempre a aquel grupo de nuestra adolescencia y su adolescencia, quien espera calcos de esas canciones que llevamos décadas escuchando y cantando y habrá, incluso, quien piense que es una herejía. No lo compartiré. Este disco es 091, con 6 décadas de vida a la espalda y 4 sobre el escenario, con lo que conlleva eso de bagaje personal y profesional. Están los Cero de “Doce canciones sin piedad”, “El baile de la desesperación”, “Tormentas imaginarias…, los Cero que fueron y los Cero que son.
“Espejismo nº 9” es un disco coral, con varias licencias como la eliminación de una guitarra (evoco alguna de las nuevas canciones en directo y con la segunda guitarra), la incorporación de una voz femenina en “Ven vestida de nube” o los teclados. Entre los rockeros los teclados siempre han generado dudas, aunque eso no evita que yo disfrute escuchando un Hammond; en este disco, las teclas acompañan, se envuelven en las canciones, sin salirse del guion y espacio asignado.
Y lo último, la voz de José Antonio García. Hace poco hablaba con mi amigo, el también cantante y tremendo frontman Emilio Ramos, de la voz, de cómo los instrumentos sólo pueden ganar con el paso del tiempo en el virtuosismo de quien los toca. Pero, ¿la voz? La de José Antonio es una voz que ha pagado el peaje de los años; un precio que él ha sabido encajar para domarla y darle una nueva dimensión. Atrás quedan los miedos, para disfrutar de esta otra vida que no renuncia a la que fue, pero acepta la sabiduría que se acumula paso a paso, día a día.
Siempre los Cero. Siempre el sol y el reencuentro.



jueves, 22 de enero de 2026

Callar

Quiero creer que la mayoría aún estamos consternados por el accidente ferroviario de Adamuz, el pueblo de Córdoba. Una tragedia cuyas causas deben esclarecer nuestros gobernantes, una vez atendidas las víctimas y despejadas las vías para recuperar la circulación de trenes.
Al resto nos correspondía, en esas primeras horas de la tragedia, el silencio. El silencio como muestra de respeto a las víctimas y como demostración de que hemos aprendido algo durante los últimos tiempos. El silencio como antesala de la reflexión. Y sí, claro, como compañero del dolor, la desazón, la empatía, la esperanza…, todo aquello que se supone nos caracteriza como humanos y nos lleva a ponernos en la piel del otro y contemplar ese abismo que abren la incertidumbre y la pérdida; pero, sobre todo, debía permitirnos acompañar a las víctimas desde la prudencia, tendiendo la mano y conteniendo la lengua.
Nos correspondía, como dice la periodista Pilar del Río, «sentir una inmensa solidaridad y un dolor que aprieta el corazón. Compartir la sensibilidad, mandar abrazos al aire, callar».
El Gobierno de España y la Junta de Andalucía han estado a la altura de lo que se espera de nuestros gobernantes cuando se produce una catástrofe. Con políticos que no han repetido los comportamientos de sus homólogos en similares situaciones. Sin embargo, algunos otros no han renunciado a mostrar su miseria, igual que muchos ciudadanos, derramando su bilis en las redes sociales. Y sí, también muchos periodistas, para vergüenza de la profesión.
Cuenta el periodista y profesor de la Universidad de Navarra, Miguel Ángel Jimeno, que un «buen alumno de la Facultad de Comunicación» le comentaba, hablando del accidente, «que para él lo más importante es el rigor»; a lo que Jimeno respondió «que quizá lo es aún más el pensar en las víctimas».
Callar. También el chistoso de tintes macabros que presume de que en Jaén no se dan estos accidentes porque no tenemos trenes.
Callar. Silencio.
Y los abrazos al cielo.


Mi artículo para SER Úbeda (Multimedia Jiennense), del 22 de enero de 2026.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

La conexión jiennense

Recordarán aquellas campañas de las autoridades sanitarias contra el tabaquismo, “Fumar mata”, “El tabaco perjudica seriamente la salud”, y similares. Olvidaban advertir esas autoridades sanitarias que, por otro lado, vía impuestos, hacían caja.
Al Partido Popular le ocurre lo mismo, donde gobierna es perjudicial para la salud. Como ejemplos más recientes teníamos los ancianos fallecidos en las residencias madrileñas o las víctimas de la DANA.
Pensábamos, quizás con ingenuidad, que aquí en Andalucía, aunque gobierne el PP, éramos inmunes.
Igual creíamos que habitábamos una Arcadia alejados de una gestión de lo público que favorece intereses privados y socava el Estado del bienestar. Y que la atención sanitaria, aunque lenta, garantizaba nuestra asistencia. Nada más lejos de la realidad.
Hemos descubierto que no es así. Y del peor modo; con esa enfermedad, el cáncer, a la que nadie es ajeno, ya sea en carne propia o en la de familiares, amigos o conocidos. Nos decían que un diagnóstico temprano era fundamental. Y ahora sabemos que la Junta de Andalucía ha hurtado ese diagnóstico temprano a miles de mujeres andaluzas, que han visto como el cribado de cáncer de mama era un teatrillo.
A ello se ha sumado una alarma social justificada, porque testimonios del personal sanitario y de pacientes muestran que los cribados de cáncer de mama no son una excepción y la farsa se extiende a otras tipologías de cáncer y a otras enfermedades.
El principal responsable es el presidente de la Junta de Andalucía y el brazo ejecutor, la Consejería de Salud. Tarde y mal, ha cesado o dimitido, todavía no sabemos la verdad, la consejera. Cuentan que de los llamados para sustituirla nadie quería hacerse cargo del marrón, incluida la viceconsejera, y al final, se lo ha comido el consejero de Presidencia; que con esa habilidad de quien lleva media vida viviendo de la política se ha retratado sin pisar la arena.
En Jaén, ayudados por el bajo perfil informativo de los medios de comunicación de la tierra sobre este escándalo sanitario y las posibles implicaciones, igual creíamos que estábamos ungidos por no sé qué y éramos ajenos a las consecuencias y a la mala gestión.
Como era previsible, y como en el resto de Andalucía, han comenzado a aflorar casos de mujeres engañadas con los cribados del cáncer de mama. Y, cabe recordar, que, de Jaén, al margen de otros cargos y responsables de menor relevancia, hemos aportado a la Consejería de Salud, una consejera (titular en la actualidad de Medio Ambiente), una viceconsejera (cesada esta semana) un director general (cesado o ‘relevado’ y citado como testigo por la investigación judicial sobre los contratos de emergencia, contratos a dedo con clínicas privadas en la causa en la que están imputados los 3 ex gerentes del Servicio Andaluz de Salud) y una directora general (recién nombrada). Piensen en aquello de ‘por acción o por omisión’.
La enfermedad no entiende de ideología, pero la gestión de la asistencia sanitaria, sí, y de ella depende la salud de la mayoría de los andaluces.

Mi artículo para SER Úbeda (Multimedia Jiennense), del 12 de noviembre de 2025.

sábado, 20 de septiembre de 2025

Inevitablemente, 091 en el Zaidín Rock

 


Eso de la necesidad de que transcurra el tiempo es algo que cualquier seguidor de los de antaño de los Cero tiene más que asimilado. Ha vivido con ello durante dos décadas, alternando ilusión con esperanza, incluso quizás con un exceso de optimismo, que, sin embargo, al final obtuvo su recompensa con una, no por menos deseada, inesperada resurrección.
Una vez más el tiempo ha transcurrido, y lo que iban a ser 42 años se convirtieron en uno más, porque el año pasado la lluvia decidió que 091 y sus seguidores deberíamos esperar ese año más, inevitablemente, para disfrutarlos en el escenario del Zaidín Rock. Así que 43 años más tarde, ahí estuvieron en ese festival que ya es leyenda en Granada.
Justo nada más entrar al recinto suenan los primeros acordes de “Man with harmonica”, de Ennio Morricone. Al escucharlos es inevitable ver a Charles Bronson apretando los dientes y la mirada gélida de Henry Fonda. Pero también es inevitable pensar que es el preámbulo para que los Cero pisen el escenario. Así es y así será, pero sólo cuando suena “Zapatos de piel de caimán” es el momento de enloquecer, de dejarse llevar.
La media de edad de los asistentes es muy alta. Lo seguirá siendo, porque ellos y nosotros peinamos canas. Y hemos sobrevivido. La voz de ‘El Pitos’ ya no es la que era y ya no lo será nunca. Da igual, porque en ese escenario de inevitabilidad es algo que se acepta con naturalidad. Como un tributo a ese paso del tiempo, como lo inevitable para permanecer arriba y abajo del escenario.  
No somos una secta, pero somos adictos, ceroadictos, e, inevitablemente, un directo de 091 es un chute de energía. Una forma de saber que seguimos vivos y que el rock de los granadinos sigue haciéndonos vibrar y evita que caigamos en un letargo de conformismo, pero también de autocomplacencia.
No los había escuchado en directo tras la incorporación de Víctor Sánchez en sustitución de ‘Chico’ Lapido. Pensaba que lo de Víctor iba a ser algo puntual, pero da la sensación de que va a ser el quinto hombre de la banda. En una formación clásica, sin teclados, que es la que se presentó en el Zaidín. Y que es mi predilecta.
A la espera del nuevo disco, rodeado de demasiados rumores y escasas certezas, que si diciembre, que si nueva discográfica…, sonaron más canciones de las deseables de “La otra vida”, pero también sonaron bastantes de las habituales, esas que son un credo para los viejos ceromaniacos. Y aunque faltó más de una, no hay peros, no hay reclamación posible, porque fue un concierto generoso, más extenso de lo habitual en un festival; aunque la paradoja es que supo a poco, porque con los Cero, inevitablemente, siempre quieres más.

 

lunes, 8 de septiembre de 2025

A veces la vida vuelve

 


A veces la vida vuelve. O una parte de ella que tenías aparcada, pero que no te abandona porque forma parte de tu bagaje, de eso que llevas en tus alforjas. No importa si ha pasado mucho o poco tiempo, no importa si lo viviste con intensidad y ahora, aunque siga ahí, ocupa un segundo plano. Está ahí; y siempre va a estar ahí.
¿De qué les hablo?, de una de mis debilidades: la música. Y en concreto, la música cubana. No sé cuántos discos tengo de música de la Isla. Tampoco los libros que tengo o los que leí sobre la música de allá.
Confieso que algunos de esos discos estaban en el olvido. Almacenaban polvo por la falta de escucha. Aunque ese olvido no implica, ni puede llevar anexo nunca, desapego. Amo esa música, lo mismo que la literatura de Cuba y la propia Isla.
Y por mor de las circunstancias, la semana pasada eso volvió a removerse en mi interior. Un encuentro sobre la conexión del jazz y la herencia cubana, organizado por la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) en su Sede Antonio Machado de Baeza (Jaén), donde laboro, me puso en contacto con músicos cubanos y con personas que compartían esa pasión.
Conocí y conversé con Ariel Brínguez, Rodney Barreto e Iván ‘Melon’ Lewis. Y sobre todo les escuché. En la jam session que nos ofrecieron con alumnos del encuentro en el Café Teatro Central de Baeza y en el concierto que Ariel e Iván nos brindaron en la UNIA, para compartir su Alma en Cuba.
La vida es un cruce de caminos, donde debemos dar espacio al intercambio; en mayor o menor medida, con desigual acierto. En mi conversación con Ariel hablaba de 'Los Fakires'; una agrupación musical de Santa Clara (Cuba) en la que participó su abuelo, también saxofonista. De hecho, fue su director y uno de sus fundadores. El soplo me lo había dado su mánager, Nuria Becerra.
Le dije a Ariel que creía que tenía un disco de 'Los Fakires'. Pero no estaba seguro. Podía haberlo comprado, tenido en las manos y no haberlo hecho. Podía haber leído sobre su edición o haber escuchado o leer a alguien reseñarlo.
El caso es que estuve dándole mecha al magín intentando visualizar la portada del disco. Y, emulando a Arquímedes, proclamé (eso sí, recatadamente) mi particular ¡eureka!. La carátula era una imagen de 'Cascarita', voz de la agrupación que luego pasó a quinteto y creo que más tarde, en su último tiempo, a cuarteto. Y lo tenía. Lo tengo entre esos discos que almacenaban polvo.
Lo busqué, esperando que tuviera libreto en el que referenciase al abuelo de Ariel. No había libreto, ni referencia. Sólo ese cd, que como tantos otros, como la música, en general, nos trae a nosotros lo que no vivimos, lo que no conocimos, pero que ahora podemos escuchar y conocer para aprender y/o disfrutar. Los puentes tendidos que en una intersección de caminos nos abre la vida.
Y en ese regreso, que es un reencuentro, he vuelto a abrazar la música de la Isla.



jueves, 22 de mayo de 2025

La intrascendencia del figurante

El calendario es, en ocasiones, caprichoso. Y este año ha querido que en Jaén coincidan dos eventos en el tiempo. Dispares, pero relevantes en su ámbito, como son Expoliva y la Feria del Libro. Uno, en el corazón de la ciudad, y otro, en la periferia.
En ambos casos, si se han informado sobre ellos, habrán notado algo que no es nada nuevo. De hecho, es reiterativo y sus responsables son tanto los políticos como los medios de comunicación; o lo que es lo mismo, los figurantes y los difusores de esa figuración.
Cualquier evento se ha convertido en una excusa para el desembarco de representantes políticos, tengan o no que ver con el acontecimiento en cuestión. Y da igual que esos políticos pertenezcan al partido que gobierna una institución o a la oposición. Van a por la foto. Y no tienen pudor en dejar en un segundo plano a los verdaderos protagonistas del evento con tal de figurar.
Algunos de los figurantes pretenden, además, ser graciosos, tirando de la consabida chanza: “Para que me vea mi madre”. ¡Criatura, si tu madre te tiene muy visto! Casi tanto como nosotros, los sufridos ciudadanos.
Los políticos no van a renunciar a ‘salir en la foto’, así que son los medios de comunicación los que deben dar el paso, ser valientes y acabar con esta práctica que, salvo excepciones, nada aporta a lo noticiable. Es decir, apostar por la información y prescindir de la propaganda. Hacer periodismo en lugar de caja.
Esa foto tan deseada por los políticos se circunscribe a la irrelevancia más que al hecho informativo. Si se hiciera un análisis pormenorizado de ropajes, lenguaje corporal y gestual, los fotografiados saldrían, en líneas generales, muy mal parados. Prueben a hacerlo, observen varias fotos de eventos, en las que por cierto van a ver como repiten algunos de los figurantes, y no dejen de tomar nota de posturas y posición de las manos. Les aseguro que, al menos, esbozarán una sonrisa.
Comprobarán también la intrascendencia de la instantánea. La levedad del figurante.

Mi artículo para SER Úbeda (Multimedia Jiennense), del 22 de mayo de 2025.

sábado, 19 de abril de 2025

Jueves Santo

La Jaén que fue deja los posos de la memoria, lugares de referencia y los supervivientes que se mezclan con rostros y recuerdos de los ausentes.
Salgo este Jueves Santo por causas sobrevenidas y para estirar las piernas ante mi inminente reclusión en my house.
Veré salir a la Veracruz, una de las cofradías de uno de mis abuelos que tuvo la fenicia ocurrencia de hacer cofrades a los guardias civiles de toda España, porque uno de mis filios, paradojas de la vida, ha decidido desfilar esta Semana Santa en las filas de la Legión romana; y no precisamente para conquistar las Galias.
Quien me conoce sabe que mi fe reside en los seres humanos y que levanto la vista al cielo, sin despegar los pies del suelo, para soñar e imaginar las cometas volar.
Respeto las creencias ajenas, pero soy consciente de los caminos entrecruzados de lo religioso y lo pagano en celebraciones como la Semana Santa, que, además, en los últimos tiempos se ha inclinado a lo frívolo. No por ello deja de ser espacio para el encuentro y el reencuentro. Para mí en las procesiones de la Semana Santa de Jaén siempre prevaleció la plasticidad y la estética. Era un tiempo de disfrutar de ello y de amigos y conocidos.
Hoy no ha sido distinto. Ambiente en las calles del casco antiguo y reencuentro con los de aquí y los de allí, los de aquella Jaén que fue. Hallo a Marcos Gutiérrez Melgarejo y junto al afecto de años compartimos recuerdos y anécdotas de los que ya no están. Se suman al encuentro Rafa Palomino y Pilar, e, inevitablemente, surgen vivencias de su hermano Carmelo y de mi padre, de Luis 'Millones' y de algunos de los ausentes que siempre eran protagonistas en estas fechas.
Asevera Rafa, y acierta, que ya no hay personajes como ellos en Jaén. De esos personajes que eran, también y de alguna manera, señas de identidad de la ciudad y parte de su paisaje, de "los que veías en la calle".
Las calles siguen ahí. Y el bullicio de los festejos. Conviviendo con una memoria que se pierde y se difumina según nos vamos despidiendo. Nos agarramos a ese poso, contemplando un clavel, como aquellos del Abuelo que cada Viernes Santo dejaban en casa de mi abuela MamaConcha, cuyo color rojo simboliza la sangre derramada de los inocentes. Esa misma sangre que, desgraciadamente, fluye como un manantial.

Foto: Clavel en un vaso de cristal a modo de adorno en la Peña Flamenca de Jaén.