viernes, 31 de enero de 2025

El santuario de Joe Strummer

 

Fue y es. El lugar donde habita el recuerdo. La placeta, que es casi una invitación al juego de palabras para mirar a las estrellas y nominar el planeta de Joe Strummer.
No es algo que esté marcado en el calendario; no hay pues día ni mes. Pero cada cierto tiempo, indefinido e inconcreto, visito esa placeta. Como un romero, pero exento de fe, recorro ese territorio del 'Niño de las Pinturas' y me dejo caer en ese ensanche inesperado de la calle cuyas dimensiones no alcanza para plaza, pero que las emociones engrandecen y la vuelven un inmenso espacio.
Es el tributo de Granada, o de una parte de los granaínos, a aquel british que llegó a la ciudad probablemente perdido, en una huida calculada para el bussines, y que, de alguna manera, acabó encontrándose o reencontrándose en los límites de la sombra de Mike Jones.
Quizás el duende le rozó la frente o el flujo de las aguas le arrimó la luz del reflejo de la luna. Quizás fuera algo más terrenal y simplemente prendió el recuerdo de unos días a las calles de la ciudad y ahí quedó Joe atrapado eternamente para muchos de nosotros. Y ahí también nació la leyenda del Dodge perdido.
En mi cabeza suenan 'The Clash". Y también Joe con Los Mescaleros. Pero sobre todo, escucho ese tiempo que fue, ese que queda en rincones de la mente y que sólo reaparece en una canción o en un libro. Ese mismo tiempo que se esfuerza por no desaparecer en la placeta de Joe Strummer.

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Las Chelsea

 


Dicen que en la vida tarde o temprano todo llega. No es cierto. Ni falta que hace. Llegué tarde al rock and roll, aunque llegué para quedarme. Y llegué tarde también a las Chelsea, aunque llegué para que se quedaran.
Es curioso que tardase en descubrir estas botas, pese a que conocía unas similares con hebillas que utilizaban los punkies cuando no calzaban las habituales de militar.
Y más curioso, si cabe, es que no supiera que se hicieron conocidas por The Beatles. Lo descubrí cuando ya lucía mi primer par y no, no fue por la banda británica. Pero también tuvo que ver con la música y una banda. En concreto, una banda madrileña de rock que tomó el nombre de las botas y, ¡oh!, también tocaron en una azotea, aunque fuera para un programa de televisión.
Ignoro si sigue en activo o como tantas otras fue flor de un día o abandonó por frustración. O ambas cosas. Vivir del arte, en cualquier disciplina y con las conocidas excepciones (escasas, aunque parezcan numerosas), es una utopía. Entiendo que cundan desesperación y desánimo y que muchos abandonen viendo como funciona el asunto. Ya saben, hoy en día prima el negocio frente al talento y ya ni siquiera se molestan en disimular el contenido con un atractivo envoltorio.

domingo, 15 de diciembre de 2024

Los ladridos del perro mágico

Si a estas alturas no hemos madurado, es difícil que lo hagamos ya. Así que estamos condenados a permanecer en la isla de Pan, como niños perdidos en el paso del tiempo. Salvo el Maestro Lapido, que ha alcanzado su madurez; sigue componiendo y toca la guitarra y canta mejor que nunca. Aunque él puede permitirse ir y volver a la isla cuando quiera, porque conserva la capacidad de soñar sin despegar los pies del suelo. Puede perder la sombra, atraparla y volverla a perder, envolvernos con ella sin coserla a nuestros pies y hacernos volar por siempre jamás.
En realidad, lleva 25 años (algunos más si le sumamos los de los Cero) haciendo eso y mucho más.
Esta noche en esa especie de caja mágica que es el Teatro CajaGranada lo ha vuelto a hacer. Nos ha ungido con las notas de su guitarra, con la complicidad de Víctor Sánchez, Popi González, Víctor Ríos y Raúl Bernal, y nos ha rociado con las palabras para elevarnos a un cielo que de otra forma apenas podemos alcanzar.
No sé si hemos abandonado la isla de Pan o por el contrario nos hemos adentrado más en ella, pero hemos viajado en el tiempo 25 años atrás. Hemos escuchado los ladridos del perro mágico y nos hemos reconocido en los que fuimos, sin perder de vista los rostros que somos hoy.
Dicen que esta noche tocaba mirar al cielo para ver la luna fría, la última luna llena del año, pero nosotros alzamos la cabeza en busca del dios de la luz eléctrica y sólo logramos ver al Maestro.
Tampoco necesitamos ver ni subir a ese barco que debió navegar en un cielo imaginario de estrellas luminosas; esas estrellas que como las galletas de la fortuna guardaban un mensaje para nosotros que a día de hoy no llegó a sus destinatarios. Quizás el barco pasó de largo o nosotros lo dejamos pasar. Quizás era un tren sin raíles y sólo seguimos su humo, imaginando que dibujábamos en ese cielo que era una isla. Esa que nos atrapa y que no queremos o no sabemos abandonar.
Miro a ese cielo. Y a otros cielos. Incluso desciendo como ángel caído a los infiernos. Pero sólo sigo los pasos de mis poetas silenciosos; una trinidad, Dylan, Cohen y Lapido. 


viernes, 29 de noviembre de 2024

Realismo y ficción

Mañana jueves esta casa celebra el acto central de su 25 cumpleaños. Y lo hace con una propuesta de reflexión, a través de la palabra, sobre el porvenir de la provincia desde la dualidad Realismo periodístico/realismo mágico; con un diálogo entre el periodista Iñaki Gabilondo y el escritor David Uclés.
Sí se menta el realismo mágico, de forma inevitable pensamos en la literatura y evocamos a escritores como Juan Rulfo o Gabriel García Márquez y ese boom de la literatura de Hispanoamérica en el que algunos creyeron ver un nuevo ‘Siglo de Oro’ de las letras españolas.
En el presente provincial y en su pasado cercano estamos muy habituados al realismo mágico, como una ensoñación a medio camino entre lo que hay y la nada, en la que lo irreal es, a fecha de hoy, irreversiblemente cotidiano.
Pero en Jaén, si hubiera que identificarse con un género literario sería sin duda la ficción, y más en concreto, la ciencia ficción. Me vienen a la cabeza autores como Ray Bradbury, Jules Verne, Isaac Asimov o Philip K. Dick, creadores de mundos futuros, en algunos casos y en parte ya una realidad, a los que Jaén no acaba de llegar por ese retraso endémico en su desarrollo.
David Uclés ha denominado a su tercera criatura “La península de las casas vacías”. No es descabellado pensar en el Jaén del mañana como un conjunto de casas deshabitadas, en particular, en los núcleos rurales; con las mismas insuficientes infraestructuras de ahora y con una población envejecida y sin relevo generacional, porque los que venían detrás se fueron para no volver salvo en fechas señaladas; y a veces, ni eso.
Philip K. Dick es conocido por su obra “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”. Probablemente a la mayoría el título ni les suena, pero si les digo que inspiró la película “Blade Runner”, serán algunos más los que sepan de lo que hablamos. Aquí sólo tenemos ojos para los olivos, que, quién sabe, quizás alguna vez puedan ser eléctricos.
O tal vez el porvenir de Jaén se halle ya alojado en algún lugar de la memoria al que desde un mundo analógico somos incapaces de llegar.
No renunciamos a la ficción como la puerta de los sueños, pero necesitamos algo a lo que aferrarnos. Necesitamos sentir en nuestras manos algo más que el agua deslizándose entre los dedos. Y vislumbrar un futuro que no nos hurten hoy. 
 
Mi artículo para SER Úbeda (Multimedia Jiennense), del 27 de noviembre de 2024.

 

miércoles, 16 de octubre de 2024

El principio del mar

Levantó una piedra esperando encontrar el principio del mar y sólo encontró un montón de tierra oscura. Ni siquiera un resquicio por el que soñar. Tampoco halló una vía de escape para la inmundicia diaria. Así que imaginó que los cimientos de la infamia son sólidos y que están asentados con firmeza desde tiempos inmemoriales.
Era innegable que lo que más repugna habita entre nosotros, que se aferró con raíces profundas y fuertes; probablemente, al principio con lentitud, con la pausa del disimulo, mostrando su cara más inofensiva, y después, ya sin disimulos, edificó su templo en el centro de nuestras vidas para desde allí imponerse.
De igual manera era innegable que la única opción era resistir. Seguir mirando bajo las piedras con la esperanza intacta y con la convicción de que todo templo puede derrumbarse por causas naturales o por la acción humana.
Pero nadie le dijo que el tiempo juega en contra y que el viento rara vez sopla a favor. Nadie le habló de los palos en las ruedas ni de los puentes caídos. Y mucho menos de que la mayor parte del camino la recorrería en soledad. Tampoco que las mentiras y las medias verdades tienen más crédito que un puñado de sinceras palabras. O que hasta el espejo deforma la realidad.
Siendo incapaz de hallar el principio del mar qué debería hacer para vislumbrar el final. ¿Sería una utopía o realmente podría hallar un salmón remontando el asfalto de la ciudad?

 

lunes, 7 de octubre de 2024

La concejal melancólica

Retomamos el pulso de la actualidad de la provincia de Jaén desde el ámbito de la opinión. Y en este regreso nos topamos con que somos noticia más allá de nuestros límites provinciales por cuestiones que en realidad deberían avergonzar a cualquier demócrata.
La crisis política del Ayuntamiento de Jaén, que tarde o temprano se saldará con la ruptura del pacto entre Partido Popular y Jaén Merece Más, nos ha traído una nueva concejal en las filas del PP.
Una joven que ha asumido la concejalía de Deportes y de la que hemos sabido que destaca por su enaltecimiento del franquismo y de la figura del dictador en redes sociales.
El alcalde de Jaén se ha apresurado a quitar hierro al asunto aludiendo a la edad de la joven, que tenía 24 años cuando evidenciaba su melaconlía en redes sociales; 5 menos que ahora.
No parece acertado atribuir el ímpetu juvenil a esa exhibición pública tan inadecuada en un representante político de una institución democrática. Máxime cuando no ha sido un caso aislado, porque a los pocos días nos enterábamos de que esa melancolía por el franquismo es compartida también por la portavoz del PP en el Ayuntamiento de Porcuna, que, además, es la directora del Hospital Alto Guadalquivir de Andújar.
Esa frustración de no vivir en un estado totalitario y añorarlo es criticable en el ámbito personal en función de las querencias y creencias de cada cual, pero es inadmisible en la esfera pública y en concejales u otros representantes en las instituciones democráticas.
Sabemos que el PP cuenta con más de estos melancólicos; así que sería oportuno que aclare si comparte esa decepción porque España sea un estado democrático; porque de no ser así, cuesta entender que no se abra expediente a las ediles melancólicas y sean expulsadas de su formación política y de las instituciones.
Porque ya saben, si caminan como pato, graznan como pato y nadan como pato, no son gaviotas, son patos.

Mi artículo para SER Úbeda (Multimedia Jiennense), del 7 de octubre de 2024.

martes, 1 de octubre de 2024

La ciudad invisible

Quizás haya llegado el momento de alcanzar mi ciudad invisible. He conocido algunas de esas ciudades, pero es probable que no pasara el tiempo necesario en ellas o que la realidad pudiera más que el deseo. 
Es posible que ese paso no fuera otra cosa que el tránsito natural en la vida de un estado de consciencia a otro difícil de calificar. O que en ese equilibrio entre lo visible y lo invisible se impusiera lo contemplado provocando un desequilibrio. 
Ahora recibo de nuevo señales, esas que todos percibimos en algún momento de nuestras vidas, y a las que salvo excepciones no hacemos caso. Recuerdo que una vez sí las escuché y me rebelé contra lo que creía que era el fin. No quería aceptarlo o quizás no estaba preparado para ello. Como si jugara con las bolas del ábaco, con la consciencia de que es una operación cuyo resultado no puedo resolver. 
Las señales son persistentes, pero, dejando a un lado las sensaciones, carezco del manual para descifrarlas. Sólo sé que la ciudad invisible se erige sobre la visible y que lo intangible adquiere la certeza de lo irrealizable. Las incertidumbres siguen ahí, la ausencia de respuestas permanece, y, sin embargo, ahora se impone dejar las cosas en orden antes de que se gaste el tiempo a una velocidad no deseada. Y establecer el orden de las cosas es una tarea compleja. 
Termino la lectura de “El día que murió Kapuscinsky”, de Ramón Lobo. Mi deuda está saldada. Leo su último capítulo escuchando “Land”, de Patti Smith; y no puedo evitar que algo de humedad bañe mis ojos, sin que la tristeza o el dolor sea la causa, sin que esté claro que sea la lectura o la música quien la provoca; tal vez, sólo sea mi estado de ánimo a las puertas de mi ciudad invisible.