sábado, 20 de mayo de 2017

Miguel Hernández, una oportunidad para Jaén

La declaración de 2017 como Año Miguel Hernández, coincidiendo con el 75 aniversario de su muerte en la cárcel de Alicante, puede ser un punto de partida para impulsar la cultura en Jaén o puede ser otra oportunidad desaprovechada.
La presencia de Miguel Hernández en Jaén se reduce a su estancia de tres meses, de febrero a mayo de 1937, como comisario cultural para dirigir la revista de carácter bisemanal y adscripción comunista “Frente Sur”, editada por Altavoz del Frente y con domicilio en la calle Llana n.º 9 de la capital jiennense. 
Pero sus vínculos con esta tierra van más allá; su matrimonio con la quesadeña Josefina Manresa; su obra, por supuesto con el poema “Aceituneros” (publicado en el n.º 1 de “Frente Sur”), que ha terminado convirtiéndose con acierto en himno provincial, y con poemas como “Jornaleros” o “El incendio” (publicados en otros números de la misma revista) o por sus crónicas de guerra, entre las que destacan la del bombardeo de la capital jiennense por aviones alemanes e italianos, cumpliendo órdenes directas de Queipo de Llano y previo al universalmente conocido bombardeo de Guernica/Gernika (Jaén no tuvo la fortuna de que esta barbarie fuera inmortalizada por Picasso), y la del asalto al Santuario de la Cabeza¹.

Legado de Miguel Hernández 

Y como no, por su legado, unos 5.800 registros bibliográficos (primeras ediciones, manuscritos, folletos, partituras, prensa histórica o grabaciones, entre otros objetos) y 26.600 imágenes depositados en el Instituto de Estudios Giennenses (IEG) y que se han constituido en el embrión del Museo Miguel Hernández y Josefina Manresa, ubicado junto a la pinacoteca del pintor Rafael Zabaleta, en Quesada. 
Hay que reconocer y aplaudir el trabajo y los reflejos de la Diputación provincial de Jaén en 2012 y la implicación de su presidente, así como la del alcalde de Quesada, para negociar primero la cesión en forma de alquiler del legado de Miguel Hernández y después lograr su adquisición con el beneplácito de los herederos del poeta y ante el injustificable abandono y desidia por parte del Ayuntamiento y la Diputación provincial de Elche, gobernadas por el Partido Popular. 
Es una pena que hoy todavía siga vigente el sectarismo y haya políticos y formaciones políticas que antepongan la ideología de muertos y vivos a su contribución a la cultura, a la ciencia o a cualquier otra disciplina. Por cierto, el mismo sectarismo que en 2009 impidió en Sevilla impartir una conferencia sobre el escritor falangista Agustín de Foxá. 
También está en el haber de la Diputación Provincial, a través del IEG y con la editorial Espasa, la publicación de la obra “DE NOBEL A NOVEL. Epistolario inédito de Vicente Aleixandre a Miguel Hernández y Josefina Manresa”². Y la organización de jornadas, seminarios, exposiciones y otras actividades culturales relacionadas con el poeta y su legado.

Difusión y pedagogía 

Es una tarea fundamental y en este caso, bien hecha; pero es insuficiente. Hay que difundir el legado de Miguel Hernández, por supuesto, y también el de aquellos otros que nacieron en esta tierra o que como el de Orihuela pasaron por ella y dejaron huella, como Antonio Machado o San Juan de la Cruz, por poner dos relevantes ejemplos. Y esa difusión hay que hacerla para que nos conozcan en otros territorios y nos visiten y puedan acceder a esa riqueza cultural que alberga la provincia de Jaén, pero es imprescindible una labor pedagógica con los de aquí, especialmente con los más pequeños y más allá del proyecto ‘Semana Escolar con Miguel Hernández’ desarrollado desde 2014. 
En esa empresa es necesaria la implicación de la Administración, central y autonómica. Es cierto que tanto el presidente del gobierno de España como la presidenta de la Junta de Andalucía no se caracterizan precisamente por su inquietud cultural y desde luego se les recuerdan pocas intervenciones o actos con la cultura como prioridad; sirva como muestra el finalizado Año Cervantes en 2016. De hecho la cultura sufre el mismo maltrato gubernamental que la educación y la sanidad, pero al menos nuestros gobernantes no debieran ignorar su influencia en el ámbito económico, en aspectos como la dinamización turística y la generación de empleo. 
La Diputación provincial de Jaén carece de competencias en el ámbito educativo, pero sería deseable que de alguna forma influyera en las Consejerías de Educación y Cultura para que los centros educativos de la provincia cuenten con un itinerario cultural que les lleve a conocer ese legado, mayor y más variado de lo que muchos imaginan. 
Me parece fantástico que los escolares jiennenses visiten el Parque de las Ciencias de Granada, ¡faltaría más!, pero no es de recibo que se repita visita en detrimento de otros posibles destinos como los mencionados museos de Zabaleta y Miguel Hernández y Josefina Manresa en Quesada (incluida esa maravilla natural que es la Cueva del Agua); las ciudades patrimoniales de Úbeda y Baeza (con visitas al aula donde impartía clase Antonio Machado o a los talleres de los maestros ceramistas de la familia Tito); el propio Museo Provincial de Jaén o el de Francisco Cerezo en Villargordo; la muralla ciclópea de Ibros; el yacimiento de Cástulo o la casa-museo de Andrés Segovia en Linares; la Cámara de Toya en Peal de Becerro o las pinturas rupestres de Aldeaquemada o de la Sierra de Segura. ¿Cuántos de esos escolares sabrán quién es San Juan de la Cruz y que un manuscrito de “Cántico espiritual”, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), se encuentra en el Convento de las Carmelitas Descalzas de Jaén?, ¿cuántos de esos escolares sabrán que la reina Isabel la Católica descansó varias jornadas en el convento de San Antonio de Baeza tras las Capitulaciones de Granada?, ¿cuántos de esos escolares sabrán…? 
La cultura es presente y futuro sin renunciar al pasado. Y Jaén no puede seguir perdiendo oportunidades. El Año y el legado del poeta son inmejorables cimientos para generar un proyecto y una oferta cultural que contribuyan a despertar a esta provincia. 
Como escribiera Pablo Neruda³ “recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra”. 
La estatua del poeta se levantará entre azahares. Y su legado ha de florecer entre olivos.



¹. Hernández, Miguel. “Crónicas de la Guerra Civil. Un poeta en el frente”. Editorial Sol 90 para Diario Público. 2009. 
². “DE NOBEL A NOVEL. Epistolario inédito de Vicente Aleixandre a Miguel Hernández y Josefina Manresa”. Edición de Jesucristo Riquelme. Espasa Libros, Instituto de Estudios Giennenses/Diputación Provincial de Jaén. 2015. 
³. Neruda, Pablo. “Mensaje para Miguel Hernández”. París, 1960. Reproducido en el n.º 575 de la revista “Triunfo”. Octubre de 1973. 

 
Artículo publicado en el blog "En Jaén donde resisto", el 17 de mayo de 2017.

lunes, 15 de mayo de 2017

La embriaguez de los datos

Ha terminado Expoliva. Y antes de la última jornada ya teníamos una catarata de datos de esta edición. Ha sido un éxito. Algo de lo que no teníamos duda. 
Jaén es el principal productor de aceite de oliva del mundo y Expoliva se ha convertido en cita obligada del sector y referente mundial. 
Pero los datos por sí solos no significan mucho, son meros indicadores. Se calcula que han pasado por la feria unas 54.000 personas, un 11 por ciento más que en la anterior edición. 
Han participado 37 empresas internacionales, 6 más que hace dos años. 62 países, incluidos los 57 países productores de aceite de oliva del mundo. Y el simposium científico-técnico ha contado con más de 1.700 inscritos y 224 ponencias, mejorando también las cifras anteriores. 
Estaremos de acuerdo en que eso no es más que la envoltura, los objetivos de Expoliva son el negocio y la difusión del sector oleícola; contribuir a consolidar la cultura del olivar y el aceite de oliva. 
En la feria se han registrado 703 encuentros comerciales, con la participación de 60 empresas de Jaén, cuyos resultados se sitúan en el ámbito de las expectativas. 
Y ha habido 115 medios de comunicación y 385 periodistas acreditados. Pero más allá de la prensa local y especializada, ¿puede decirme alguien cuántos informativos nacionales de televisión y radio ha abierto Expoliva? ¿cuántas informaciones sobre Expoliva han ofrecido esos noticiarios? ¿cuántas portadas de periódicos nacionales recogían la celebración de la feria o cuánto espacio han dedicado en sus páginas interiores a la misma? 
¿Y qué imagen de Jaén se llevan los participantes en Expoliva? Seguimos teniendo una oferta insuficiente de plazas hoteleras, déficit en comunicaciones, no hay conexión desde la autovía y solo un acceso de entrada y salida al recinto ferial, pocos aparcamientos, autobuses que incumplen el horario, ausencia de carril específico para el transporte público…, y eso si, en algunos momentos, más políticos que olivareros. 
No basta con el futuro pabellón y sus aparcamientos. Es urgente replantearse estas cuestiones y otras, como por ejemplo celebrar el simposium científico en otra fecha para que no se diluya o minusvalore.
Cuidado, frenemos la euforia y la embriaguez de los datos. No vayamos a morir de éxito.

Artículo emitido en SER Úbeda, el 15 de mayo de 2017.

viernes, 12 de mayo de 2017

De ferias

Son tiempos de ferias. Y no me refiero a esa feria de vanidades Guadalquivir abajo, a esa feria permanente en que se ha convertido el PSOE o a esa otra feria del PP provincial en su elección de presidente. 
Me refiero a la gran Feria del Aceite de oliva e industrias afines, Expoliva, y a la Feria del Libro que se están celebrando en Jaén. 
Expoliva no necesita presentación ¿quién iba a decir hace 18 ediciones que esta muestra se iba a convertir en una cita mundial y en un referente para el sector? 
Si ese sector tuviera el empuje y la convicción de quienes apostaron por esta feria y la han convertido en lo que es, esta provincia no sería la gran olvidada de Andalucía y tierra de paso para el resto de España. 
Jaén no puede vivir solo del olivar, pero al menos debía vivir de él. Quizás estemos a tiempo todavía. Aunque me temo que los años perdidos entre las piedras lunares son irrecuperables. Producción de calidad, comercialización, turismo…, hemos tardado tanto. 
Y la Feria de Libro, en el año de Miguel Hernández, ha vuelto a la calle. Que es donde debe estar. Los libros, el arte, la cultura al alcance de todos. El conocimiento frente a la ignorancia, el clientelismo y los prejuicios. Y para acabar con ese Jaén estancado; ese Jaén ensimismado que no ve más allá del cerro de Santa Catalina, porque tampoco quiere ver. 
Ambas ferias son ya una tradición. Pero que bueno sería también convertir en tradición la lectura y a Jaén en un referente cultural. Por sus poetas, sus pintores, sus artistas, por tanto creador, por el talento tantas veces menospreciado, ignorado y obligado a migrar. 
Que bueno sería, como escribe el jiennense Antonio Muñoz Molina, “adherirnos a la gran tradición ilustrada de la libertad de expresión, el pensamiento crítico, el debate abierto y libre, el gobierno de las mayorías, el imperio de la ley, el respeto y la protección a las minorías y a los derechos individuales”. 
Que bueno sería no solo reivindicar “los ideales ilustrados y laicos” sino alcanzarlos. 
Y sí, para los perseguidores de cualquier nacimiento, he visitado la feria en la lonja de Diputación y he comprado un libro, un poemario del también jiennense Manuel Lombardo, “Noemas y nademas”, que no es nadería. Como no debiera serlo Jaén.
 
Artículo emitido en SER Jaén, "La Colmena", el 27 de abril de 2017.

viernes, 5 de mayo de 2017

Reminiscencias del adiós del artista

Estos primeros días de mayo traen un negro aniversario y un soplo de hondo pesar. Cuesta creer que ya ha pasado un año. Pero no hay duda, fue un 4 de mayo de hace un año cuando la noticia recorrió Facebook y convirtió el muro en heraldo de muerte. David Padilla había muerto.
Recuerdo el mensaje de Miguel Dávila, el escalofrío, la incredulidad y la necesidad, esperanza o clavo ardiendo al que asirse para que aquella mala nueva fuera un bulo más en las redes sociales. No fue así. Y en pocos minutos la noticia de la pérdida se confirmó. El pintor jiennense David Padilla nos había dejado. 
La muerte no entiende de vueltas atrás, así que cuando saluda siempre es la antesala de un adiós. Podemos mitigar el dolor de la despedida con la convicción de que un artista no se va definitivamente, de que le sobrevive su obra porque de una forma u otra habita en ella, pervive en ella. Y también, en el recuerdo de los que le conocieron.
Así que David o algo de él permanece en el lienzo, en la tabla o en el papel; en la pincelada, en el trazo, en las formas y en los colores. Sus manos, su mirada, sus gestos perduran en un todo o en una parte de cada una de sus obras. 
David, maestro de artistas y maestro de vida, pintaba la ciudad, pintaba a sus gentes y eso es también una garantía de que su presencia no se ha borrado, de que sigue habitando en muchos rincones de este Jaén tan aletargado y tan ingrato con aquellos que le han querido bien. No basta con pervivir en el recuerdo de los suyos y de los que le conocieron, es necesario preservar al artista y a su legado públicamente para que no caiga en el olvido.
Hay personas a las que no se les puede devolver en la cuantía que ellas han dado y David era una de esas personas. No tengo dudas de que sin él y de los que son como él todos perdemos y esa orfandad hace que la vida sea más inhóspita y esta ciudad, si cabe, un poco más gris. 
La tristeza, las lágrimas y las palabras van de la mano de la reminiscencia de aquel 4 de mayo. Para mi David siempre estará en la mirada del poeta, en su cuadro de Antonio Machado. Y ahora lo sigo imaginando en esa alameda con aquellos a los que amábamos y le precedieron en la partida. Con aquellos que siempre tienen lugar en la memoria y en el corazón.

jueves, 27 de abril de 2017

Los dueños de la calle

No es la primera vez que voy a hablar de este asunto y temo que mirando el futuro con cierta perspectiva no será la última.
Lo cierto es que en Jaén por unas causas o por otras asistimos permanentemente a la invasión de la vía pública. Los invasores varían, pero el hecho no. Ese espacio de la ciudad que nos pertenece a todos nos es arrebatado ante la complicidad o la inacción de quienes deben contribuir a preservarlo.
Ya sean las terrazas de los bares, las tribunas de la carrera oficial de la Semana Santa o el botellón el resultado es el mismo: la ocupación de lo público en beneficio de unos pocos y en detrimento de la mayoría. Recordaba a Manuel Fraga, del que decían que tenía en su cabeza el Estado, y su “la calle es mía”.
Se critica o se respalda en función de convicciones, ideologías o intereses. Es decir, que me parece bien si se invade el espacio público por algo en lo que yo creo o estoy de acuerdo y me parece mal cuando la invasión es por algo contrario a mi forma de ver las cosas.
Poco importan el despropósito y el resultado final, que en todos los casos repito es el mismo. Eso sí, el día que ocurra algo grave nos echaremos las manos a la cabeza y clamaremos contra diestros y siniestros. 
La invasión de la carrera por las tribunas de la Semana Santa es una cuestión de mercaderes, no de creyentes. Las procesiones son como los desfiles militares, una demostración anacrónica. Y la religión ha de estar en los templos. 
Recuerdo a aquel cura que colgó en su parroquia un cartel pidiendo que los feligreses apagaran los móviles, “para hablar con Dios no se necesita”. 
Lo suscribo, con Dios se habla a solas. Y a poder ser en voz baja, incluso en silencio. A fin de cuentas, como dijera Machado, “quien habla solo espera hablar a Dios un día”. Y para eso no se necesita invadir la vía pública. Ni comer pipas. 
Ya sé que con más de 55.000 parados, en Jaén toda ayuda es poca. Hay quien pone velas a Dios y al diablo. Hay quien espera turno para el besapié de “El Abuelo” y hay quien pide número en el paro.
De una forma u otra todos guardamos la vez en la cola de los milagros. 
Pero la libertad de credo debe ser real. Incluso para no creer. Y la vía pública un espacio de convivencia, marcado por la tolerancia y el respeto.

Artículo emitido en SER Jaén, "La Colmena", el 27 de abril de 2017.


martes, 25 de abril de 2017

El brillo de abril

En el mes de abril siempre brillan los recuerdos. Aunque ese brillo sea desigual, y en lo personal siempre sea un mes de sombra alargada, lo cierto es que prefiero quedarme con ese brillo, con esos colores que pintan aún hoy la esperanza y con aquella hermosa canción convertida en símbolo. 
Abril florece siempre en algunos corazones y en la memoria de estos dos territorios unidos por agua y tierra, por ríos y caminos, por la Historia y por historias de desconocidos protagonistas que tendieron y tienden hilos entre ambos países. 
En España y Portugal siempre sale el sol en abril. Y una melodía invade el aire para teñirlo de nostalgia, pero también para no dar tregua al olvido. 
A años vista y por aquello del poso del tiempo se contempla el relato con ese trazo de melancolía que desdibuja las percepciones y siembra la duda sobre si lo acontecido es pérdida o ganancia, victoria o derrota. 
Ahora que se acuñan nuevos términos como posverdad, una forma de reescribir el relato de los hechos desde la tergiversación, sería fácil tratar de borrar lo acontecido, de negar la realidad y emborronar la belleza que pervive en ese brillo anual del mes de abril. 
La historia la escriben los vencedores. Eso dicen. ¿Pero quiénes? ¿Los que vencieron antes o los que vencieron después? ¿Los que creyeron vencer y el tiempo los tornó en vencidos? 
Ni los años ni las lenguas de serpiente podrán marchitar la belleza de aquel mes de abril del 74; trocar el clavel por el cardo. Seguirá siendo la revolución más hermosa. 
Y entre lo bello y las oportunidades perdidas se forja ese otro relato de no darse por vencido, ese boceto de futuro que en cualquier instante puede convertirse en presente, ese islote donde la derrota no enarbola bandera, el territorio donde siempre es abril, aquel en el que brillan los recuerdos frente al olvido, donde se siembra la memoria, donde el viento porta melodía y letras, donde florecen los claveles para silenciar los fusiles. 


jueves, 13 de abril de 2017

Génesis

Hay compromisos que uno adquiere consigo mismo. Es una cuestión de voluntad, de buena disposición, que ni tan siquiera es explícita y mucho menos ha de refrendarse. Pero queda ahí, en alguna parte de nuestra cabeza, a sabiendas de que tarde o temprano, generalmente tarde, la voluntad se hará real. 
Ya se ha convertido en un hábito para mí escribir sobre algo en lo que ha participado algún amigo y a lo que he tenido el privilegio de asistir. De modo que consciente o inconscientemente me digo que eso merece revolver en el baúl y buscar las palabras adecuadas para hilar una pieza. 
Con esta exposición de fotografía me pasó incluso antes de verla. Desde el principio me gustó el nombre, “Génesis”. 
Pero dejé pasar el tiempo. Meses. De hecho me senté un par de veces a escribir sobre ella, pero o no era capaz de enhebrar la aguja o era torpe en coser el hilo al lienzo. El caso es que abandoné, aunque su nombre y la idea sobre la que habían de agruparse las palabras seguían flotando en algún rincón de mi cabeza. 
Era el mes de septiembre de 2016 y apenas faltaban unos días para que “Génesis” (Tierra y piel), de Charo Guijarro y Jorge Pastor, dijera adiós al muelle de carga del edificio del antiguo Banco de España, nada más y nada menos que diseñado por Moneo, y hoy convertido en no se sabe muy bien qué, pero que acoge exposiciones y pervive por el tesón de Tomás Fernández. 
La tenía en agenda, pero si no llega a ser por el mensaje que me envió Jorge anunciando la última visita guiada dos días más tarde, el jueves, me la hubiera perdido. De hecho ese mismo jueves estaba invitado a otro acto cultural por otro amigo, pero le dije a Jorge que iría y le agradecí que se acordara de uno para ese último pase. 
Créanme no es lo mismo ver una exposición a solas que disfrutar del privilegio de que el autor o uno de sus autores te vaya contando la historia de lo expuesto, la que se esconde tras cada fotografía, más allá de lo que muestra la misma. Con Jorge ya había tenido esta experiencia con la exposición “Art mariage”, fotos y poesía, hacía algunos años en el marco de Etnosur, en el Palacio Abacial de Alcalá la Real. Así que ambos podemos confirmar que somos reincidentes. 
Desde entonces “Génesis” ya ha visitado Madrid y va camino de Barcelona y Málaga e incluso tiene previsto en su itinerario cruzar el charco para llegar a Nueva York. 
Sus autores afirman que la exposición “descansa sobre tres conceptos: el origen, la fuerza telúrica y los elementos”. Yo me quedo con el primero, fue lo que me sugirió el nombre de “Génesis” cuando supe de la existencia de la exposición. El origen como principio, como punto de partida. Luego la exposición me llevó a la unión de la naturaleza y del ser humano como elementos de ese principio y en cierta medida, como metáfora de un final. Ahí es donde me llevaron los cuerpos desprovistos de ropaje, la dimensión real del ser humano frente a la naturaleza y la erosión en el paisaje de la propia naturaleza y de la mano, en algunos casos manaza o pezuña, de la humanidad. 
En la exposición se recoge eso y lo que cada uno quiera percibir, la vida, la supervivencia, la soledad, la desolación, la fugacidad… Yo además me quedé con una imagen, la fotografía tomada por Jorge en el edificio de la antigua azucarera de Guadix y la historia que conservan sus muros. Una historia no muy lejana en el tiempo, de aquella guerra incivil que todavía hoy muchos aplauden, y que convirtió aquel edificio en un lugar de muerte y represión. Una historia que nos contó Jorge y que de alguna manera se recoge en esa fotografía titulada “Idhún”, de “claros y oscuros. Aurora y crepúsculo. Principio y fin”. Un historia y una fotografía de luz y oscuridad, de gritos y silencios, de derrota y esperanza. 
Y también conservo en el recuerdo una fotografía de Charo Guijarro, “Contradicciones”, la germinación de la vida “hasta en los lugares más inhóspitos”, “la delgada línea que muchas veces separa el bien y el mal”. Una imagen de la insignificancia del ser humano ante la naturaleza, de los surcos de la tierra como líneas del destino y de la ignorancia sobre la fertilidad del ser humano y de la tierra; el desconocimiento del futuro y probablemente también del presente que de una manera u otra nos hacen volver la mirada hacia el principio, el origen. La génesis.