lunes, 19 de septiembre de 2011

El retorno de los piratas

Piratas de pantalón corto. Regresan tras las vacaciones para reencontrarse con sus compañeros de correrías; camaradas de escasos palmos con los que atravesar mares y océanos y navegar en barcos con la bandera negra de la calavera y los huesos cruzados.
Ajenos a virreyes y virreinas que ordenan, al margen de lo que dicta la corona, levantar patíbulos en sus dominios para escarmiento de dómines, sólo piensan en retornar a Tortuga, donde juego y aprendizaje se mezclan con la capacidad de soñar y la pericia de sus mentores.
Poco importan también los miedos de los progenitores, aquellos que un día fueron piratas y hoy en su mayoría se asemejan a los gobernadores de los imperios. Temerosos ante lo que deparará el mañana, prisioneros del presente y protectores por exceso de los pequeños bucaneros.
Su nave zarpa de Infantil a Primaria. Y lejos de las dudas de los padres, pasean arrogantes por cubierta, dispuestos para el abordaje. Convencidos de que ya son mayores y de que el mundo está a sus pies, porque saben leer, juntar un puñado de letras y resolver elementales sumas y restas.
Sus armas son lápices de colores, ceras y rotuladores. Y lo más parecido a un sable es una tijera de puntas redondas. La mochila es su cofre del tesoro. Y los libros, mapas que dibujar.
Los miras, y no hay espejo que refleje con igual certeza el paso del tiempo. Y es entonces cuando aparcas los miedos, para recordar aquellos días en que fuiste un pirata y navegabas por lejanos mares en barcos con la bandera negra de la calavera y los huesos cruzados. Cuando desconocíamos la existencia de Ítaca y el sueño era el País de Nunca Jamás.

jueves, 8 de septiembre de 2011

martes, 6 de septiembre de 2011

Aburrimiento

Me aburren los tipos que siempre se miran el ombligo. Los guays cargados de hiel, amparados en el egoísmo, la incomunicación y la soledad. Aquellos que te abrazan si te sumas a su causa y te ajustician en la plaza pública si osas disentir. Los que se suben al mástil de la libertad para oprimirte con la bandera.

Aquellos que te pasan el brazo por el hombro, mientras en la mano contraria empuñan la daga y te llaman amigo; a la par que se aferran al instinto para suplir al valor del que carecen y alojarla lo más cerca de tu corazón.

Pobres ignorantes. Desconocedores de que pinchan en hueso, de que el acero de una daga no causa más herida que aquella que abre la carne y de la que brota la sangre. Ajenos a que la pluma, en apariencia débil, atesora más fortaleza y certeza que la pistola o la espada.

Amargados. Seres que se regocijan en la desgracia, en la propia y en la de los otros. Y que aún creen que necesitan gritar para ser escuchados. Incapaces de entender, porque nunca intentaron comprender. Sordos y ciegos, pero con una lengua desatada, manejada con el rencor y la destreza del látigo que muerde la carne.

Escudados en apariencia en causas nobles, cuando en realidad andan emboscados, esperando su oportunidad de cobrar la deuda de afrentas imaginarias. Siempre prestos a hacer mofa del caído. A zancadillear desde la invisibilidad que ofrecen las sombras. A convertirte en una sombra.

martes, 30 de agosto de 2011

Inventario

Quién no ha hecho alguna vez inventario de los años vividos. Recuento de logros y fracasos, de renuncias y de sueños perdidos. Quién no vaciló ante el desequilibrio entre las columnas del haber y el debe del imaginario balance de esos años.

Inventariar es mirar hacia atrás. Sopesar el equipaje. Rebuscar. Quizás esperando encontrar más de lo que se halla o simplemente haciendo un somero repaso de lo vivido; minucioso y frío como un acta notarial o desmesurado como el relato de un soñador.

Hay en cada inventario una anotación de aciertos y errores. De modo que se aspira a aprender de lo fallido, para no repetirlo, y se anhela al menos igualar el tino. Pero el inventario es sinónimo de lo vivido. Del pasado. De modo que no hay forma de saber cómo será el inventario futuro.




lunes, 29 de agosto de 2011

Ladridos

Dicen que el silencio es obligado, o debería serlo, para quien no tiene qué decir. Y sin embargo, rara vez se refugian en él aquellos que estarían mejor callados y sí lo hacen quienes merecen ser escuchados y aquellos otros de los que se espera que no callen.

Es refugio voluntario, al que se acude en ocasiones por la necesidad de la reflexión. En un proceso de búsqueda que no siempre se culmina con éxito. Una travesía que lleva a la orfandad a aquellos habituados a escuchar al que voluntariamente ha callado y que sumido en esa búsqueda permanece ajeno a ese desamparo.

Hasta que se rompe el silencio. Y de nuevo brotan las palabras, sin que en apariencia se conozcan las causas del refugio en el silencio y de su posterior ruptura.

Conocedores sólo de que oír de nuevo al otrora silencioso nos llena de sosiego y de que su voz apaga los ladridos que cada vez con más frecuencia sustituyen a las palabras.

viernes, 26 de agosto de 2011

Rosa de los vientos

Rosa de guijarros claros y oscuros. Flor de piedra. Cuatro puntos cardinales para mantener el rumbo. Sueño geométrico. Rosa de los vientos. Desafío para la mirada.



viernes, 19 de agosto de 2011

Un gasto espartano

Cinco millones de euros de dolorosa por una visita parece cualquier cosa menos un gasto espartano. Y sin embargo hay quien no tiene pudor en calificar como tal ese dispendio.
Cuando era pequeño me preguntaban sí creía que el dinero nacía en los árboles. Una vez me encontré un billete en un arbusto, así que la siguiente vez que me preguntaron respondí que no, que ya sabía que nacía en los arbustos. Con los años salí del error y descubrí que el dinero no nace, se hace, y desde luego, ni en árboles, ni en arbustos.
También con los años descubres que hay quien carece de la menor preocupación por conocer la procedencia del dinero. Incluso que tampoco es importante no tenerlo, si encuentras a alguien que lo tenga por ti y que esté dispuesto a asumir tus espartanos gastos.
Del mismo modo, si lo tienes, pero aún así, encuentras a alguien que también tiene y asume tus gastos, seguirás conservando tu dinero y desarrollarás eso denominado capacidad de ahorro.
En el fondo no deja de ser un mero intercambio entre dos partes. Una transacción cuya interpretación varía en función de los protagonistas y de los productos frutos del intercambio. Y por supuesto del cumplimiento de la ley y de la transparencia de la operación.
Sospecho que con el tiempo descubriremos que el espartano gasto es superior a esos cinco millones de euros, que la dolorosa se ha enjugado con una sustancial cuantía de dinero público y que las motivaciones de algunos “mecenas” son opacas y por supuesto ajenas al altruismo.
No, el dinero no crece en árboles ni arbustos. Pero tampoco se hace en el cielo. ¿O sí?